L. D. / EFE.-
El equipo vigués ha hecho valer el 3-1 a su favor conseguido en el partido de ida, disputado el pasado jueves en Balaídos.
El Celta jugará el 30 de junio su tercera final de la Copa del Rey. La historia ha deparado que el escenario sea Sevilla, tras haber perdido la final de 1948 precisamente ante el Sevilla, y que se enfrenten por segunda vez al Zaragoza, el equipo que les arrebató en los penaltis la Copa en 1994.
Para el Barcelona, no ha podido haber peor el final de temporada, por segundo año consecutivo sin títulos, ni más triste despedida la del capitán Josep Guardiola, que deja el club tras once años de vestir la camiseta azulgrana.
El partido no pudo empezar de manera peor para el Barcelona. Si el técnico, Carlos Rexach, había señalado la víspera que lo más importante era que el Barcelona no encajase ningún gol para poder pasar la eliminatoria con el resultado de 2-0, Berizzo se encargó de deshacerle las cuentas nada más empezar.
El defensa del Celta dejó en evidencia a toda la zaga azulgrana al anticiparse de cabeza y batir limpiamente a Dutruel en un lanzamiento de falta botado por Mostovoi en el minuto 3. Afortunadamente para el Barcelona, el propio Berizzo realizó dos minutos más tarde una entrega defectuosa de cabeza que permitió a Kluivert empatar acto seguido el partido, al adelantarse a un balón al que intentaban llegar Yago y el portero del equipo gallego Cavallero.
El Barcelona estaba a dos goles de forzar la prórroga y jugó sus cartas a fondo en los siguientes minutos, aupado por un público poco numeroso pero muy ruidoso y, sobre todo, por un Kluivert espléndido que tuvo dos ocasiones clarísimas para adelantarse en el marcador y fue objeto de un posible penalti al ser derribado dentro del área por Yago.
Guardiola podría haber puesto emoción en el marcador, de haber marcado en un disparo de falta que se estrelló en la cruceta, aunque el Celta también perdonó tras el descanso en un par de ocasiones desbaratadas por Dutruel y un disparo al poste de McCarthy.
El público dedicó aplausos al Celta y un abucheo al equipo azulgrana, que se transformó en una ovación cuando fue despedido Guardiola, levantado a hombros por Luis Enrique y Sergi.
El Celta jugará el 30 de junio su tercera final de la Copa del Rey. La historia ha deparado que el escenario sea Sevilla, tras haber perdido la final de 1948 precisamente ante el Sevilla, y que se enfrenten por segunda vez al Zaragoza, el equipo que les arrebató en los penaltis la Copa en 1994.
Para el Barcelona, no ha podido haber peor el final de temporada, por segundo año consecutivo sin títulos, ni más triste despedida la del capitán Josep Guardiola, que deja el club tras once años de vestir la camiseta azulgrana.
El partido no pudo empezar de manera peor para el Barcelona. Si el técnico, Carlos Rexach, había señalado la víspera que lo más importante era que el Barcelona no encajase ningún gol para poder pasar la eliminatoria con el resultado de 2-0, Berizzo se encargó de deshacerle las cuentas nada más empezar.
El defensa del Celta dejó en evidencia a toda la zaga azulgrana al anticiparse de cabeza y batir limpiamente a Dutruel en un lanzamiento de falta botado por Mostovoi en el minuto 3. Afortunadamente para el Barcelona, el propio Berizzo realizó dos minutos más tarde una entrega defectuosa de cabeza que permitió a Kluivert empatar acto seguido el partido, al adelantarse a un balón al que intentaban llegar Yago y el portero del equipo gallego Cavallero.
El Barcelona estaba a dos goles de forzar la prórroga y jugó sus cartas a fondo en los siguientes minutos, aupado por un público poco numeroso pero muy ruidoso y, sobre todo, por un Kluivert espléndido que tuvo dos ocasiones clarísimas para adelantarse en el marcador y fue objeto de un posible penalti al ser derribado dentro del área por Yago.
Guardiola podría haber puesto emoción en el marcador, de haber marcado en un disparo de falta que se estrelló en la cruceta, aunque el Celta también perdonó tras el descanso en un par de ocasiones desbaratadas por Dutruel y un disparo al poste de McCarthy.
El público dedicó aplausos al Celta y un abucheo al equipo azulgrana, que se transformó en una ovación cuando fue despedido Guardiola, levantado a hombros por Luis Enrique y Sergi.
