L D (EFE)
El primer envite de los campeones rusos en el Raimundo Saporta ha estampado el sello de la Euroliga al choque. El equipo del ex madridista Mijail Mijailov ha sido de los animadores del torneo continental desde principio de temporada y, por lo visto en el coliseo La Castellana, los aficionados madridistas están al día porque, pese a ser un club con escaso cartel entre el gran público, prácticamente llenaron las gradas. El Ural, además de Mijailov, dispone de varios internacionales en sus filas como Vassili Karasev, Valeri Daineko, Serguei Panov, Alexander Bashminov y Ruslav Avleev y, desde luego, cuenta con el clásico potencial competitivo y humano que se le supone al dueño del título en Rusia.
El Ural sumaba veintitrés de sus veintinueve primeros puntos entre el ala-pívot y el experimentado Karasev -doce y once respectivamente-. Enfrente, Dragan Tarlac y Zan Tabak alimentaban al Real Madrid dentro de la zona, donde mayor superioridad encontraba. Había suficiente tensión para disfrutar del choque, aunque sin alcanzar las cotas habituales en un choque oficial de la Euroliga. Fruto de la buena actitud que imperaba sobre el parqué aparecía el 40-36 del descanso. Pero Daineko estaba con ganas. Salía del vestuario, clavaba un triple, culminaba un par de acciones más y empujaba al Ural a una situación insólita para un partido que siempre había fluctuado en un palmo de terreno (47-55 m.26).
A los blancos les urgía reaccionar de inmediato. Como Aleksander Djordjevic rumiaba su resfriado vestido de calle, las alternativas pasaban por el belga Jean Marc Jaumin, la aplicación de Tabak y el fragor defensivo de Iker Iturbe y Lucio Angulo. Con ellos, Alberto Herreros para disparar. El rearme madridista salía a pedir de boca y Herreros, justo sobre la bocina del tercer cuarto, acababa con la escapada rusa desde el arco de triples (60-59).
La bomba del escolta apuntalaba el triunfo en una batalla crucial, pero aún había que ganar la guerra y el Ural desplegaba la oleada defensiva en el momento preciso (64-75 m.38). El vertiginoso ritmo del crono y la creciente autoridad de los hombres de Serguei Belov rompía al Madrid, que olvidaba el juego colectivo, lo apostaba todo a un alocado carrusel de lanzamientos descabellados y dejaba marcharse el trofeo navideño a las faldas de los gélidos Urales.
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El Ural sumaba veintitrés de sus veintinueve primeros puntos entre el ala-pívot y el experimentado Karasev -doce y once respectivamente-. Enfrente, Dragan Tarlac y Zan Tabak alimentaban al Real Madrid dentro de la zona, donde mayor superioridad encontraba. Había suficiente tensión para disfrutar del choque, aunque sin alcanzar las cotas habituales en un choque oficial de la Euroliga. Fruto de la buena actitud que imperaba sobre el parqué aparecía el 40-36 del descanso. Pero Daineko estaba con ganas. Salía del vestuario, clavaba un triple, culminaba un par de acciones más y empujaba al Ural a una situación insólita para un partido que siempre había fluctuado en un palmo de terreno (47-55 m.26).
A los blancos les urgía reaccionar de inmediato. Como Aleksander Djordjevic rumiaba su resfriado vestido de calle, las alternativas pasaban por el belga Jean Marc Jaumin, la aplicación de Tabak y el fragor defensivo de Iker Iturbe y Lucio Angulo. Con ellos, Alberto Herreros para disparar. El rearme madridista salía a pedir de boca y Herreros, justo sobre la bocina del tercer cuarto, acababa con la escapada rusa desde el arco de triples (60-59).
La bomba del escolta apuntalaba el triunfo en una batalla crucial, pero aún había que ganar la guerra y el Ural desplegaba la oleada defensiva en el momento preciso (64-75 m.38). El vertiginoso ritmo del crono y la creciente autoridad de los hombres de Serguei Belov rompía al Madrid, que olvidaba el juego colectivo, lo apostaba todo a un alocado carrusel de lanzamientos descabellados y dejaba marcharse el trofeo navideño a las faldas de los gélidos Urales.
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