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Champions League

El partido que ni se atrevió a soñar el madridismo

El conjunto blanco logró el pase a la final con un partido memorable ante el Bayern, que quedará grabado en su historia.

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El conjunto blanco logró el pase a la final con un partido memorable ante el Bayern, que quedará grabado en su historia.
Histórico triunfo en Múnich

Hace poco aprendí un término que me ha venido a la cabeza tras la victoria en Munich: Maktub. Es una palabra árabe. Significa "está escrito", explica que la vida está predeterminada pero también alberga el sentido de cambiar nuestro propio destino. Desde hace años, por ser simplemente el Real Madrid, se había dado por hecho, que tarde o temprano se ganaría la décima. Pero como explica Paulo Coelho en "El Alquimista", hay que pelear por que ese destino, ese sueño, se cumpla. Sé lo que pensarán los escépticos, pero si los madridistas hubieran podido soñar con un partido, habrían escrito en sus cabezas, entre cabezada y ronquido, el encuentro de anoche.

Hace casi dos temporadas, un jugador mandó a las nubes las esperanzas de su equipo al mandar a las nubes un penalti. Durante dos años, Sergio Ramos pensó en poder recompensar a su afición de alguna manera. El año pasado casi lo consiguió al marcar lesionado ante el Dortmund, terminó llorando pero él no se rindió. Es un luchador. Creía que la Champions le debía una. En realidad le debía dos. Las dos que le llevaron a poner sus manos a las orejas, tus compañeros te abrazan, Neuer en el suelo. Él cierra los ojos. Sergio había incendiado Múnich. Es el Maktub. Ramos peleó por su destino y éste le recompensó con una venganza ante el mismo equipo, ante el mismo portero y en la misma ronda de la Champions.

Un futbolista que lleva 51 goles en 50 partidos de la Liga de Campeones también falló en esa tanda de panaltis ante el Bayern de Munich. Ayer Cristiano Ronaldo no podía sonreír más tras marcar gol. Su juego con las manos en el 0-3 es historia de la Champions, el 0-4 fue su éxtasis. Como los genios, por debajo de la barrera.

Cristiano explotó de alegría. Hace una semana no sabía si podría jugar el partido de ida. Ronaldo trabajó, trabajó y trabajó para recuperarse. Pocos jugadores de su calidad ha dado el fútbol y menos con su profesionalidad. Corría hacía el banquillo para celebrarlo y allí es donde se dio otra imagen que explica como estaba el madridismo en ese instante. Carlo Ancelotti, el hombre tranquilo, se reía con sus ayudantes mientras señalaba a los 3.800 envidiados aficionados.

La lección de Ancelotti

El técnico del Real Madrid es el auténtico ganador de esta eliminatoria. Cuestionado ante equipos grandes, ha eliminado en este camino a Lisboa al subcampeón y campeón de la Liga de Campeones. Ha eliminado al Bayern de Munich dando varias lecciones. Sin crispaciones, sin excusas, desde la tranquilidad impropia que otorga el banquillo del Real Madrid.

Cuando todos pensaban que el Madrid se encerraría, él decidió sorprender de nuevo. Adelantó líneas, presionó al Bayern y creó para este partido un equipo nuevo que puede ejemplificarse en Gareth Bale. Se dudaba de su capacidad y sacrificio defensivo, se le tachaba de individualista. Ayer fue el primero en defender, y el primero en pasar. Quizá Ancelotti sí soñó con este partido porque dio la impresión de que todo lo tenía controlado, que todo salía como el había diseñado. No sólo ha demostrado ser un gran entrenador. Ahí están las palabras de Ronaldo: "Carlo ha conseguido cambiarlo todo".

Sin la décima no habrá paraíso, ni gloría. Pero el camino ha dejado un partido para la memoria. Alemania, Múnich, semifinales de la Liga de Campeones, el Allianz Arena como escenario, el Bayern como rival, Pep Guardiola como entrenador y 0-4 como resultado. Fue el partido soñado que nadie se atrevió ni a soñar.

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