
A tres semanas del pistoletazo de salida del Mundial de Fórmula 1 (Gran Premio de Australia, el fin de semana del 6 al 8 marzo), la escudería Aston Martin vive una realidad que duele. Lo que debía ser el renacimiento serio del equipo británico, desde ahora bajo el mando de Adrian Newey, se parece más a una pesadilla que a un plan deportivo.
Lo dice la propia escudería por medio de sus pilotos, ingenieros y técnicos: después de lo visto la primera semana de test en Bahréin, el AMR26, que ha de ser el contendiente para luchar por el podio, está hoy por hoy muy lejos de ese objetivo y con un puñado de problemas que explotan como bombas de relojería en el garaje de Silverstone.
Si se mira con frialdad, la pretemporada del AMR26 ha sido un calco de las peores pesadillas del automovilismo moderno: falta de kilómetros, problemas de fiabilidad, rendimiento paupérrimo y la impresión de que lo que hay bajo el verde británico y el sello de Newey es un coche sin alma ni ritmo competitivo. Los test de Bahréin han sido, para Aston Martin, un auténtico jarro de agua fría.
Síntomas graves desde el nacimiento
Antes incluso de rodar, el proyecto ya mostraba grietas: el AMR26 llegó tarde a la pista durante los test en Barcelona, perdiendo días valiosos de rodaje que otros equipos sí pudieron aprovechar para afinar sus monturas bajo el nuevo reglamento de 2026. Mercedes, Ferrari o Red Bull no desperdiciaron esas jornadas; Aston Martin, en cambio, sí lo ha hecho.
Y cuando por fin el coche se subió a las válvulas del circuito de Sakhir, el espectáculo no fue mejor: una anomalía detectada en la unidad de potencia Honda lastró la jornada completa para el canadiense Lance Stroll, que apenas completó una treintena de vueltas y vio cómo su gran rival en la pretemporada acumulaba más de 100 giros en la primera sesión.
Si la fiabilidad era la primera asignatura pendiente, la siguiente fue el rendimiento. En una parrilla donde incluso equipos supuestamente de mitad de tabla han mostrado progreso —como Haas o Alpine—, Aston Martin se quedó cuatro segundos por detrás del ritmo de los líderes, lo que supone un abismo para los estándares actuales.
Alonso intenta poner paños calientes
Las cifras no mienten, aunque lo cierto es que los protagonistas han intentado poner paños calientes, en vista de que la temporada ni siquiera ha comenzado. Stroll reconoce que el motor, balance y agarre están lejos de los niveles que su equipo se había marcado como objetivo. "Es una combinación de factores", dijo el canadiense, casi resignado, dejando claro que no hay una solución rápida ni sencilla de cara a Australia.
Fernando Alonso, por su parte, ha evitado el dramatismo fácil, pero no menos duro ha sido su diagnóstico. El asturiano reconoce que el coche "aún no funciona como un Fórmula 1 debería hacerlo" y que cada salida a pista parece una lucha independiente contra múltiples problemas técnicos.
"Necesitamos rodar más. No fue lo ideal perdernos Barcelona y este es el primer test para nosotros. Así que seguimos paso a paso con el coche. Así que sí, vamos un poco atrasados, tenemos que admitirlo, pero esperamos que haya tiempo para mejorar", dijo el asturiano en declaraciones a los medios oficiales de F1.
Más allá de la retórica correcta, hay un fondo inquietante: Alonso no espera que el AMR26 sea competitivo en Australia. Sus palabras, enmarcadas en una comparación con anteriores procesos de desarrollo, suenan más a advertencia que a esperanza: la evolución será larga, y la pelea por resultados significativos, aún más.
¿Qué está fallando en realidad?
Las causas del descalabro son varias, pero hay tres que sobresalen:
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Motor Honda poco fiable y con rendimiento limitado. La unidad de potencia, encargada de impulsar la ambición del equipo, ha mostrado defectos y limitaciones que no se esperaban tras años de reconstrucción de Honda en la F1.
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Desarrollo aerodinámico y equilibrio general del coche. El diseño agresivo de Newey, en teoría un plus, parece haber exigido un compromiso extremo que hoy se traduce en un coche difícil de poner a punto, con equilibrio inestable y falta de agarre general. Los datos de balance y grip refuerzan esa idea.
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Kilometraje perdido y falta de rodaje completo. La escasez de kilómetros en pista limita la recogida de datos fundamentales para encontrar la puesta a punto óptima y conocer los defectos de base de un monoplaza que, en apariencia, todavía no entiende ni su propio potencial.
La cuenta atrás hacia Australia
Con el comienzo de la temporada a la vuelta de la esquina, Aston Martin tiene ante sí un calendario feroz de pruebas y evolución técnica. El propio Mike Krack, jefe de operaciones en pista, admite que primero deben conseguir consistencia antes que velocidad, una sentencia casi desesperada en el deporte donde cada décima cuenta.
Este equipo que hace apenas meses soñaba con puestos altos del Mundial afronta ahora la posibilidad real de tener que luchar por no verse arrinconado en la parte baja de la parrilla. Y si esto se traduce en Australia en posiciones discretas o incluso decepcionantes, las consecuencias —desde el clima interno hasta la moral del equipo y la paciencia de los patrocinadores— serán profundas.
En el paddock ya se oye el murmullo: la era Newey en Aston Martin, anunciada con pompa y esperanza, puede convertirse en un ejercicio de supervivencia técnica antes que en una revolución ganadora.

