
Cuando todo le sonreía a nivel profesional y personal a David De Gea se le vino encima el Mundial 2018 en Rusia. Era la oportunidad para que la selección hiciera algo grande pero la cosa se empezó a torcer a dos días de empezar la cita. Rubiales destituyó a Julen Lopetegui cuando el técnico fichó por el Real Madrid. Mal unos por anunciar la llegada al club blanco cuando todavía era técnico de la selección; mal otros por considerar una traición algo así, muy común en el mundo del fútbol.
De Gea llegaba muy bien en el ámbito profesional. Elegido mejor portero de la Premier aquel año en el Manchester United. Le iba también todo de fábula en el ámbito personal, felizmente unido sentimentalmente a la cantante Edurne. Todo le sonreía en las dos facetas de la vida. Pero aquel mundial empezó del revés y al guardameta madrileño le afectó. No estuvo a su nivel en ningún partido en Rusia, habiendo hecho una clasificación muy digna. Ante Portugal falló en un gol, ante Marruecos e Irán estuvo dubitativo y mucha gente le cuestionó la tanda de penaltis que nos mandó para casa en octavos de final ante los anfitriones.
La mala sensación era sólo en la selección. De Gea disfrutaba en Manchester con el United y sufría con España. Con la llegada de Luis Enrique al combinado nacional se le vio algo mejor en Londres ante Inglaterra y ante Croacia en Elche pero volvieron las dudas en Sevilla ante los ingleses y, sobre todo, en Zagreb donde a la selección se le escapó aquella primera Nations League y donde De Gea tuvo responsabilidad en los tres goles encajados. Era un misterio lo que pasaba por su cabeza pero la selección se le hacía grande, un monstruo. A pesar de todo Luis Enrique confiaba en él y el meta fue titular los dos siguientes partidos, en marzo de 2019 ante Noruega en Valencia y en Malta. Aquel partido marcaría un antes y un después.
Porque el técnico asturiano abandonó la selección unos meses para atender el drama personal que se estaba produciendo alrededor de él y de su esposa con la grave enfermedad de su hija Xana y el posterior fallecimiento de la pequeña, en agosto de aquel año. En el tiempo en el que Luis Enrique no estuvo Robert Moreno cogió las riendas, primero de manera interina y luego de manera oficial. En los dos primeros partidos Moreno quitó la titularidad a De Gea para dársela a Kepa de manera definitiva. Tras el verano la selección jugó seis partidos más y se clasificó para la Euro 2020 (jugada en 2021 por la pandemia). En todos jugó Kepa por lo que De Gea pareció finiquitado.
Pero con la vuelta de Luis Enrique se abrió otra puerta para él. Tras la pandemia y en los cuatro primeros partidos de la nueva era, De Gea fue titular. La derrota en Kiev en octubre de 2020 fue el último encuentro del meta con el combinado nacional. Algo debió ver Luis Enrique que le dio a Unai Simón la portería de la selección hasta que dejó de ser seleccionador.
De Gea seguía respondiendo en el Manchester United pero ya alternaba titularidades con suplencias sonoras. A la Eurocopa del verano de 2021 llegó ya como suplente de Unai sin ninguna oportunidad en ningún partido. En marzo de 2022 Luis Enrique le llamó para comunicarle que no iba a ir concentrado. Dicen algunas personas muy cercanas a De Gea que el portero le contestó que para ser suplente, mejor no lo convocara más.
En la temporada 2022-2023 De Gea jugó todos los partidos con el Manchester United en la Premier convirtiéndose, con 351, en el español que más ha jugado en aquella liga. No obtuvo el perdón del seleccionador y no fue al Mundial de Qatar. En verano de 2023 De Gea se dio un respiro, muchos piensan que producto de una ansiedad que le iba a derrotar de manera definitiva. Otros piensan que para aceptar cualquier cosa no iba a fichar por ningún equipo.
Tras ese descanso casi obligado a De Gea le llega la oportunidad de volver a ser futbolista en la Fiorentina, un equipo que jugará este año Conference League pero que es uno de los históricos de la liga italiana. Volverá a disfrutar del fútbol en una liga competitiva y espera dejar atrás fantasmas del pasado. Esos fantasmas que siempre persiguen a un portero que juega sólo sin aliento de nadie, sabiendo que detrás de él no queda nada y el fallo se hace definitivo. Tendrá que saber aceptar eso. Lo ha sabido hacer en estos últimos quince años y seguro que volverá. Aunque sea muy duro al principio.