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1966: aquella interminable concentración de la selección española en Santiago de Compostela

Quincuagésimo cuarto artículo de Historias de Fútbol, recordando la larguísima concentración de la selección en Santiago durante todo un mes de junio.

Quincuagésimo cuarto artículo de Historias de Fútbol, recordando la larguísima concentración de la selección en Santiago durante todo un mes de junio.
CIHEFE

En 1964 la Selección Española de Fútbol conquistó la segunda edición de la Eurocopa, aunque entonces se la denominaba con un titulo más largo: ’Copa de Europa de Selecciones Nacionales’. En 1966 tendría lugar el Campeonato del Mundo en Inglaterra, y se esperaba que el desempeño del combinado nacional fuera brillante, tras sus sonoras ausencias en Suiza-54 y Suecia-58, y el pobre papel en Chile-62, aunque esto habría que matizarlo, pues España fue eliminada en la fase de grupos, si, pero tuvo que competir nada menos que con los dos futuros finalistas, Brasil y Checoslovaquia. La clasificación para Inglaterra se consiguió dejando en la cuneta a la República de Irlanda, tras un partido de desempate en París con un solitario tanto de Ufarte, pues aunque se había derrotado a los irlandeses en Sevilla por 4 a 1, y perdido por la mínima en Dublín, entonces no importaba la diferencia de goles, sino únicamente las victorias.

El seleccionador llevaba en el cargo desde 1962, tras el Mundial chileno. Se trataba del cordobés José Villalonga (1919-1973), militar de profesión y profesor de la Escuela de Educación Física del Ejército, en Toledo. Pepe Villalonga contaba con un brillante historial como entrenador, pues había dirigido tanto al Real Madrid como al Atlético de Madrid, obteniendo al frente de ambos clubes títulos nacionales e internacionales. De modo que las autoridades deportivas españolas -José Antonio Elola-Olaso, delegado nacional de Educación Física y Deportes, y Benito Pico, presidente de la Real Federación Española de Fútbol- le encomendaron dicha responsabilidad.

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Destino Compostela

Alguna lumbrera federativa tuvo la ocurrencia de concentrar a los seleccionados en Santiago de Compostela -1965 había sido Año Jacobeo-, nada menos que durante todo el mes de junio, suponiendo que así los jugadores se aclimatarían mejor a las condiciones meteorológicas que les esperaban en Inglaterra, donde los días lluviosos eran tan abundantes como en Galicia, y la temperatura suave. pero no cayeron en la cuenta de que la concentración se desarrollaría en primavera, y el Campeonato del Mundo tendría lugar una vez iniciado ya el verano, entre el 11 y el 30 de julio…

26 futbolistas se llevó Villalonga a Compostela: Iríbar (Athletic de Bilbao), Betancort (Real Madrid), Reina (Barcelona); Rivilla (Atlético de Madrid), Sanchis (Real Madrid), Gallego (Barcelona), Olivella (Barcelona), Reija (Zaragoza), Eladio (Barcelona); Pirri (Real Madrid), Glaría (Atlético de Madrid), Zoco (Real Madrid), Violeta (Zaragoza), Del Sol (Juventus de Turín); Ufarte (Atlético de Madrid), Rife (Barcelona), Amancio (Real Madrid), Adelardo (Atlético de Madrid), Marcelino (Zaragoza), Zaldúa (Barcelona), Peiró (Inter de Milán), Fusté (Barcelona), Villa (Zaragoza), Luis Suárez (Inter de Milán), Gento (Real Madrid) y Lapetra (Zaragoza). La expedición llegó a Santiago en la mañana del 1 de junio, en el Expreso de Madrid, y fue recibida por numeroso púbico en la estación, incluidas gaitas y pirotecnia, una expectación que les acompañaría durante toda su estancia. Luís Suarez se incorporó horas más tarde, y algunos días después lo hicieron Iribar y los cinco zaragocistas, que habían gozado de algunas fechas más de permiso, ya que el Athletic de Bilbao y el club aragonés acababan de disputar la final de Copa, con victoria maña por 2 a 0 y una gran actuación del Chopo. Llamaba la atención la presencia de cinco gallegos entre los 26 convocados: Reija, Ufarte, Amancio, Marcelino y Luis Suárez.

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Preparación y reposo de nuestros guerreros

Se alojaron en el Hotel Peregrino, a razón de dos futbolistas por habitación. Se tocaba diana las 9.30 de la mañana, y a las 10 menos cuarto ya estaban desayunando, y a las 10 en el autobús que les llevaba a las instalaciones deportivas propiedad de la Universidad donde se ejercitaban: ensayos con y sin balón, gimnasia, partidillos, trabajo de estrategia… Almuerzo a la 1 y media, comida sana -consomés, verduras, pescado blanco, carne a la plancha, fruta, un vasito de vino y agua mineral a discreción-. Luego descanso de sobremesa -la tan hispánica siesta-, charla táctica, y para matar el tiempo partidas de naipes, correo, prensa y algún que otro libro, televisión (todo ello en el hotel), y salidas al cine. Un programa monótono y tedioso, que solamente alteraban las visitas de familiares y novias, aunque no consta que hubiese "vis a vis" (no eran la Naranja Mecánica de 1974, vamos..)

Aparte de los diarios entrenamientos -tan sólo se descansaba los domingos y unos pocos días de permiso, con alguna excursión- se organizaron varios partidos de preparación. Algunos tuvieron como rival a la modesta S.D.Compostela, y fueron poco mas que simples pachangas, mientras que otros enfrentaron a los chicos con tres equipos europeos y hasta con una de las selecciones que también participarían en Inglaterra, la bicampeona del Mundo Uruguay. Ese encuentro se celebró en Riazor (1 a 1), así como otro ante el Ajax, con victoria neerlandesa por 1 a 2. Balaídos fue el escenario de una clara victoria ante el Royal Beerschot belga -4 a 1-, mientras que en el Pasarón pontevedrés se le endosó una manita al Wiener austríaco (5 a 0). Al final, cuatro jugadores se caerían de la lista, hasta dejar el numero definitivo en 22: los zaragocistas Violeta y Villa -cosa que sentó mal en la Ciudad del Ebro, dada la gran temporada del conjunto maño-, y los barcelonistas Rifé y Zaldúa.

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Decepción en la Pérfida Albión...

España debutó en esta su cuarta fase final de un Mundial -tras los de 1934, 1950 y 1962- el miércoles 13 de julio de 1966, en el Villa Park de Birmingham y ante un fuerte adversario, Argentina. Lució el sol en Inglaterra durante aquel campeonato, e hizo calor, de modo que la concentración en Santiago resultó absolutamente inútil en ese apartado. Y de hecho las diversas fuentes consultadas difieren acerca de la climatología de aquel interminable mes de junio compostelano: unas afirman que llovió prácticamente todos los días, mientras que otras aseguran que no cayó una gota.

Y en cuanto a lo meramente deportivo, tampoco parece que el stage galaico rindiera buenos frutos, pues España no pudo pasar de la primera fase. Se perdió por 2 a 1 ante los argentinos, presentando una alineación demasiado veterana, en la que figuraban los tres italianos -Del Sol, Peiró y Luís Suárez- y Paco Gento, con el debutante Pirri haciendo el gol español, para vencer apuradamente dos días más tarde y por idéntico resultado a la débil Suiza (con un tanto maratoniano -y maradoniano -de Sanchis padre y otro de Amancio), y caer nuevamente el miércoles 20 ante la fortísima Selección de la RFA por otro 2-1, aunque el equipo -muy renovado con respecto al choque con los helvéticos, con cinco cambios: Glaría, Adelardo, Marcelino, Fusté y Lapetra- cuajó posiblemente su mejor actuación, adelantándose con un gol de Fusté, pero los germanos Emmerich, casi sin ángulo, y Uwe Seeler acabaron por decantar el marcador para la Mannschaft.

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Villalonga sería sustituido como seleccionador por Domingo Balmanya, de cara a la Eurocopa del 68, y nuestro combinado nacional no volvería a tomar parte en una fase final del Campeonato del Mundo hasta 1978, en Argentina, pero esta vez la concentración no tendría lugar en suelo español, sino en la propia sede, en una finca llamada "La Martona", que no dejó precisamente muy buen recuerdo entre los seleccionados. Tampoco nos fue mejor en el terreno de juego, con una inesperada derrota inicial ante Austria, y el celebérrimo gol fallado por Cardeñosa ante Brasil. Pero ya hablaremos de ello en otra ocasión...

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