
Estamos ante toda una eminencia en el tratamiento de las lesiones del ligamento cruzado, una de las más temidas en el mundo del deporte. El doctor Manuel Leyes Vence, jefe del servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédca del centro médico quirúrgico Olympia Quirónsalud, realiza más de mil cirugías al año.
Este facultativo gallego (Orense, 1967), con tres décadas de experiencia, es el cirujano de confianza de numerosos deportistas de élite como los futbolistas Dani Carvajal, Rodri Hernández, Sergio Ramos, Yeremi Pino, Luka Modric, Thibaut Courtois, Zinedine Zidane, Eder Militao y Marco Asensio, la tenista Garbiñe Muguruza, la jugadora de bádminton Carolina Marín, el piloto Carlos Sainz, el ciclista Alberto Contador o el patinador Javier Fernández, entre otros.
El Dr. Leyes, que el próximo lunes 27 de enero recibirá el Premio MetLife de Medicina y Deporte dentro de la IX Gala de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid (APDM), ha ganado notoriedad mediática tras operar con éxito a varios jugadores del Real Madrid, como Courtois, Éder Militao, Carvajal y Arda Güler. "Me siento honrado de contar con la confianza del Real Madrid, pero también he tenido el privilegio de intervenir a jugadores de 17 de los 20 equipos de Primera División. De hecho, he operado a tantos futbolistas del Atlético de Madrid como del Real Madrid, incluyendo a José María Giménez, Sime Vrsaljko, Pablo Barrios, Luis Suárez y hasta a su entrenador, Diego Pablo Simeone", aclara el especialista en una entrevista a Libertad Digital.

Contador, su primer deportista de élite
El Dr. Leyes salió del anonimato en 2014 al ayudar a que Alberto Contador disputara (y acabara ganando) la Vuelta a España, tras haber tratado al ciclista de Pinto de la fractura de tibia que sufrió en el Tour de Francia al caerse en la décima etapa. "Aquel año tuvimos mucha repercusión mediática, pero lo que realmente me marcó fue presenciar cómo los deportistas de élite son capaces de lograr auténticas hazañas en tiempo récord. En apenas tres semanas disputó y ganó la Vuelta sin que la fractura hubiera terminado de consolidarse. Era el mejor ciclista del mundo en ese momento y, para nosotros, fue nuestro primer paciente deportista de élite mundial", rememora el doctor Leyes.
El caso de Carolina Marín
La nómina de deportistas de élite a los que el Dr. Leyes ha operado es muy amplia y uno de los casos más sonados en los últimos meses es el de Carolina Marín. En agosto pasado, durante las semifinales del torneo olímpico de bádminton en París 2024, la campeona onubense sufrió una devastadora lesión: la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) y de los dos meniscos de su rodilla derecha. Tres días después fue operada en Madrid por Manuel Leyes. Carolina tuvo "muy mala suerte" porque volvió a romperse el ligamento cruzado derecho, como ya le había ocurrido en enero de 2019.
Al referirse a este caso, el Dr. Leyes subraya un dato relevante: "Las mujeres son mucho más propensas que los hombres a romperse el ligamento cruzado". Y explica las razones: "La constitución anatómica, la alineación en X de las piernas y el espacio más estrecho por donde pasa el cruzado influyen. También hay factores hormonales y un menor tono muscular. En términos generales, ante la misma exposición, las mujeres tienen unas cuatro veces más probabilidades de romperse el cruzado que los hombres".

Los deportes más propensos
Dentro de los deportes, el Dr. Leyes destaca que los más propensos a la rotura del cruzado son "los que requieren girar, frenar y pivotar", como pueden ser el esquí, el fútbol, el baloncesto, el balonmano, el rugby… En el caso del baloncesto, el galeno recuerda unas palabras del exjugador Pepe Laso (padre del actual entrenador del Baskonia, Pablo Laso), asegurando que "los jugadores saben dónde despegan, pero nunca dónde aterrizan". "Y en la NBA se producen más roturas de cruzado que en el baloncesto europeo porque hay más exigencia, más partidos y más intensidad", afirma el especialista.
"En balonmano femenino hemos operado a media selección. Mi socio en Olympia, el Dr. César Flores, es el médico de la selección española de balonmano: lleva 25 años con la selección, ha estado en tres Juegos Olímpicos y hemos operado juntos un montón de cruzados", apunta el facultativo gallego, que no quiere pasar por alto que "otro deporte arriesgado" en lo que a la rotura del ligamento cruzado se refiere es el pádel, a diferencia del tenis que provoca pocas lesiones ligamentosas.
Además, el jefe del servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica de Olympia asegura que "el cruzado se rompe con muchísima más frecuencia durante la competición que en los entrenamientos y, dentro de los partidos, en dos períodos: al principio, que salen con muchísima intensidad, y al final, donde entra en juego la fatiga", explica a nuestro periódico.

¿Solo cuestión de mala suerte?
Siempre que ocurre una lesión de este tipo, tendemos a atribuirla a la mala suerte. Ésta puede jugar un papel importante, pero hay otros factores cruciales que debemos tener en cuenta. Uno de ellos es el descanso, pues el riesgo de romperse el cruzado aumenta significativamente en condiciones de fatiga. "Esto no solo es relevante en el momento de la lesión, sino también tras la cirugía. Después de una operación, es habitual que los pacientes alcancen un excelente estado físico y obtengan buenos resultados en las pruebas de fuerza. Sin embargo, al reincorporarse a la competición, es esencial que lo hagan de manera progresiva. Por ejemplo, es común que los jugadores, aunque estén en plena forma, participen únicamente durante 15-20 minutos en la segunda mitad del partido. Esto se debe a que, al fatigarse, su respuesta física no es igual a la de un jugador que no ha sufrido una lesión similar, lo que incrementa el riesgo de recaída", dice al respecto.
En cuanto a los tiempos de recuperación, afirma que "cuanto más joven es el deportista, más tarda en volver a competir". "En los menores de 20 años, la tendencia es esperar un año; en los que son mayores, pueden estar compitiendo a los siete u ocho meses", dice el facultativo, que también apunta que "a los delanteros les cuesta mucho más volver al nivel que tenían que a los defensas porque su juego se basa en el desborde y la velocidad" y que la vuelta a la competición de las mujeres se demora más que en el caso de los hombres.
"La rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) no solo afecta la estabilidad de la rodilla, sino que también tiene implicaciones a nivel neurológico. Diversos estudios han demostrado que esta lesión puede provocar alteraciones en el córtex cerebral, especialmente en las áreas relacionadas con el control motor y la propiocepción. Es fundamental diseñar estrategias de rehabilitación que no solo restauren la función física de la rodilla, sino también optimicen la integración neuromuscular", apunta.
"Hemos descubierto que, a partir del sexto mes desde la cirugía, por cada mes que pasa baja un 50% la posibilidad de que se rompa la plastia: por eso antes íbamos rapidísimo en lo que a la vuelta a la competición se refiere y ahora vamos cada vez más lento", añade al respecto.
Asimismo, el galeno asegura que en torno a un 90 por ciento de los deportistas profesionales operados de una lesión del ligamento cruzado vuelven a la competición, pero solo un 65% de los jugadores consiguen volver al nivel deportivo que tenían antes de la lesión. En un estudio entre jugadores de las grandes ligas europeas, a los tres años de la reconstrucción del LCA un 33% competían en categorías inferiores a las que competían previo a la lesión.

Cómo tratar de evitarlo
¿Se puede prevenir la rotura del ligamento cruzado? La respuesta es sí, pero en cierta medida. Existen estrategias efectivas para reducir el riesgo de esta lesión. El entrenamiento enfocado en fortalecer los músculos, combinado con técnicas adecuadas de salto y aterrizaje, es clave para proteger LCA.
De hecho, dentro del fútbol, el Dr. Leyes explica que "la FIFA tiene un programa de prevención, que se llama FIFA 11 (FIFA 11+ para niños) y que recoge ejercicios específicos para disminuir el riesgo de que se rompa el cruzado, y se ha visto que funciona. Los jugadores entrenan sobre todo la forma de recepcionar en los saltos. El cruzado se rompe casi siempre de la misma forma: el futbolista se queda clavado, la rodilla se mete hacia adentro y hay un giro. Los músculos que protegen el ligamento cruzado son los isquiotibiales y glúteos".
En los medios de comunicación se habla con frecuencia de la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) y del tiempo de recuperación de los deportistas, pero rara vez se profundiza en el proceso quirúrgico y sus implicaciones. Al respecto, el Dr. Leyes subraya en LD que lo que realmente influye en la complejidad de la lesión son las lesiones asociadas, un aspecto que a menudo pasa desapercibido en las noticias. "Lo que hace difícil o fácil la recuperación de una rotura del LCA son las lesiones asociadas, que muchas veces no se mencionan en la prensa", explica el Dr. Leyes. "Cuando los jugadores o los clubes ofrecen información limitada, como ‘se ha roto el cruzado’, no sabemos si también existen daños en el cartílago o el menisco. Algunas de estas lesiones, como una rotura completa de menisco, pueden comprometer tanto el resultado funcional como el deportivo".
El doctor pone el ejemplo de Rodri Hernández, a quien operó en septiembre pasado tras sufrir una rotura del cruzado mientras jugaba un partido con el Manchester City. "Vino a Olympia acompañado por los médicos de su club y quedaron impresionados, no esperaban encontrar en Madrid un centro como Olympia. Lo cierto es que hemos logrado revertir una tendencia. Hace años era común que los deportistas españoles se fueran a operar al extranjero y eso es algo que siempre me llamó la atención, pues España tenía un nivel deportivo y médico muy alto. Ahora hemos conseguido que deportistas de todo el mundo vengan a operarse a Madrid", señala.
El público suele desconocer por qué un jugador no regresa a la competición tras una operación aparentemente exitosa. "Muchas veces la falta de información se debe a que el propio jugador decide no hacerla pública, principalmente por cuestiones de privacidad y protección de datos", aclara el especialista. Este tipo de detalles son esenciales para comprender la verdadera magnitud de estas lesiones y los desafíos que enfrentan los deportistas en su camino hacia la recuperación.
Miedo a la recaída
"El miedo es un factor muy importante para que no recuperen bien", explica el Dr. Leyes. "Nosotros tenemos una escala de miedo, con un QR que les pasamos a los deportistas muy poco tiempo después de operarlos. Se correlaciona esta puntuación con el retorno al nivel competitivo. Si ves que esa escala puntúa mal, hay que empezar enseguida con el trabajo psicológico. No pelean por un balón dividido hasta que se les olvida que se pueden romper. A medida que van jugando más partidos, ganan confianza y acaban olvidándose de la lesión", añadió Manuel Leyes en la entrevista a Libertad Digital.