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Lluís Pujol: un hat-trick que valió un título europeo

Artículo número 79 de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, recordando la Copa de Ferias que el Barça le ganó al Real Zaragoza en 1966.

Artículo número 79 de Historias de Fútbol, de la mano de CIHEFE, recordando la Copa de Ferias que el Barça le ganó al Real Zaragoza en 1966.
Lluís Pujol, con la Copa de Ferias que el Barça ganó en 1966 gracias, entre otras cosas, a su hat-trick. | CIHEFE

El Barça despachó una magnífica década en los años 50 del pasado siglo, de la mano de su gran estrella Ladislao Kubala. El conjunto azulgrana ganó en ese período cuatro Ligas (51-52, 52-53, 58-59 y 59-60), cinco Copas del Generalísimo (51, 52, 53, 57 y 59), una Copa Latina (52) y dos Copas de Ferias (55-58 y 58-60). Pero a partir de 1960 entraría en una fase de preocupante sequía, su famosa travesía por el desierto, en la que iba a disfrutar solamente de unos pocos oasis: las Copas de 1963 y 1968, y la Copa de Ferias de la edición 1965-66. Y en la consecución de esta última —su único título europeo entre 1960 y 1979— fue clave la actuación de un joven canterano que aparecía en las alineaciones como Pujol. Conozcamos su historia.

Debut precoz

Se llamaba —y se llama todavía— Lluís Pujol i Codina, y había nacido en la pequeña localidad barcelonesa de Castellbell i el Vilar, un 26 de mayo de 1947. De formato medio para los futbolistas de entonces, siempre pareció más menudo de lo que sus 172 centímetros de altura y sus 68 kilos de peso podrían indicar. Se formó en las categorías inferiores del Barça como delantero en punta, preferentemente con el 9 o el 10 a la espalda. Y figuraba aún en el equipo juvenil, a punto de cumplir los 18 años, cuando el entrenador barcelonista Vicente Sasot le hizo debutar en el mismísimo Camp Nou en un partido de la entonces conocida como ‘Copa de su Excelencia el Generalísimo’ frente al también denominado en esa época ‘Real Santander’, es decir, el Racing de toda la vida.

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De hecho, tenía que haber jugado ya en el encuentro de ida disputado en los viejos Campos de Sport de El Sardinero, pero un leve problema muscular le impidió alinearse formando ala izquierda con su compañero en el Juvenil Carles Rexach, quien sí se estrenó, y con gol, en terreno cántabro. El sábado 15 de mayo de 1965, a las 22:30, con media entrada y arbitraje del colegiado balear Antonio Rigo Sureda, se presenta ante la afición blaugrana dentro del siguiente once: Sadurní; Foncho, Olivella, Eladio; Vergés, Fusté; Rifé, Pereda, Re, Pujol y Rexach. Y la noche no pudo ser más redonda, pues Pujolet —como sería cariñosamente bautizado por los culés desde entonces— asistió a Fusté en el primer gol, y marcó el segundo, a pase precisamente de Rexach, y también el tercero, de fuerte disparo desde fuera del área, erigiéndose en el gran triunfador del partido, que finalizó con un claro 4-0 a favor de los catalanes.

Actuaría luego en el primer choque de la siguiente eliminatoria contra el Real Murcia y también en el Camp Nou (4 a 1), consiguiendo el segundo tanto al aprovechar un rechace del meta pimentonero Campillo tras un potente disparo del malogrado Julio César Benítez, pero allí terminó su participación en el torneo.

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Una final para enmarcar

En la temporada 65-66 pasó, junto con Charly Rexach, a formar parte del filial barcelonista, el CD Condal, que acababa de ascender a Segunda División, integrado en el Grupo Norte. Pero mediada la campaña se incorporaría al primer equipo, disputando algunos encuentros de Liga y Copa de Ferias. Y es precisamente en este torneo continental, desaparecido a principios de la década de 1970 para ser sustituido por la Copa de la UEFA y más tarde por la Europa League, donde entraría en la historia azulgrana. La final de esa edición ferial del curso 65-66, a doble partido, se aplazaría, por culpa de la disputa del Campeonato del Mundo de Fútbol celebrado durante el verano en Inglaterra, hasta comienzos de la temporada 66-67.

Se habían clasificado para ella dos conjuntos españoles: el propio Barça, ganador de las dos primeras ediciones (1955-58 y 1958-60), y el Real Zaragoza, triunfante en la de 1963-64. El encuentro de ida tuvo lugar en el Camp Nou, y en él se impusieron los aragoneses con su delantera de Los Cinco Magníficos por 0-1, merced al gol del brasileño Canario. Todo parecía indicar que el cuadro maño se alzaría con el triunfo definitivo, al amparo de su público, pero el fútbol siempre es impredecible. En un principio iba a salir con el número 11 el peruano Seminario, pese a no ser lo que se dice santo de la devoción del entrenador barcelonista, el argentino Roque Olsen, pero una repentina enfermedad lo impediría, de modo que el técnico sudamericano se la jugó con Pujol. Y acertó.

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Aquel miércoles 21 de septiembre de 1966 ambos equipos formaron de la siguiente manera en La Romareda, con arbitraje del italiano Concetto Lo Bello: por el Real Zaragoza, Yarza; Irusquieta, Santamaría, Reija; Páis, Violeta; Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra, y por el Barça, Sadurní; Foncho, Gallego, Eladio; Montesinos, Torres; Zaballa, Mas, Zaldúa, Fusté y Pujol. Nuestro protagonista abrió el marcador en el minuto 3, al aprovechar un envío de Zaballa, superar a Santamaría, y burlar hábilmente a Yarza. En el 24’ empató Marcelino desde muy cerca, a pase de Villa. El 1-2 llegó en el minuto 70, y fue obra del cántabro Zaballa, que remató en posición de 9 una asistencia del propio Pujol. En el 85’ se produjo el 1 a 3, que parecía hacer ya campeones a los azulgranas: avance de Gallego, pase en profundidad a Pujol, y éste nuevamente se deshace en velocidad de la defensa aragonesa y bate de tiro raso y colocado a Yarza. Pero tan solo un par de minutos más tarde Marcelino volvió a colocar la igualada en el cómputo global, al rematar un córner botado por Canario. Con el 2 a 3 se fue a la prórroga, que ambas escuadras libraron con diez jugadores, por expulsión de Canario y Torres. Y en el último minuto del tiempo suplementario, en otro servicio adelantado —en esta ocasión de Montesinos—, Pujol vuelve a imponerse a dos defensores maños para disparar con potencia y por alto, batiendo una vez más al meta zaragocista. El resultado final fue 2-4, y ya no se sacó de centro. El Barça acababa de ganar su tercera Copa de Ferias, recibida por su capitán Zaldúa de manos de Sir Stanley Rous, presidente de la FIFA, y un chaval de tan solo 19 años era el gran héroe de un partido que, curiosamente, no fue televisado en directo.

Muchas lesiones y una cesión

Su brillantísima actuación le valió a Pujol, que tenía ficha de amateur, el firmar su primer contrato profesional. No fue alineado en el siguiente partido frente al Sabadell, por culpa de una sanción pendiente, aunque sí en Altabix, donde consiguió un par de goles pero no pudo impedir la victoria del Elche, ni tampoco el sorprendente triunfo del Pontevedra en el Camp Nou. A partir de ahí comenzó a ser víctima de continuos problemas musculares, que hicieron que ya solo aparecía por el once titular con cuentagotas, algo que se repetiría también en la campaña 67-68. En ese momento los técnicos barcelonistas decidieron su cesión al Sabadell, que se estaba convirtiendo en un verdadero cementerio de elefantes para jugadores con pasado blaugrana.

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Y en el cuadro arlequinado el joven Pujol resucitó deportivamente. En la Nova Creu Alta gozó de la confianza del entrenador Pasieguito, quien respondió con excelentes actuaciones y goles. Los problemas físicos parecen ya historia, posiblemente debido a cambios en los sistemas de preparación, y un Barça muy romo en ataque le repesca para el torneo copero de 1969, donde el cuadro catalán tuvo una breve trayectoria, superado en primera ronda por la Real Sociedad, aunque Pujolet conseguiría mojar en el partido de vuelta, estando a punto los azulgranas de igualar la eliminatoria.

Comenzó la temporada 69-70 como titular, y su buen rendimiento le llevó incluso a la Selección Española, donde debutó el 15 de octubre de 1969, en un partido disputado en La Línea de la Concepción ante Finlandia, el día que se estrenaba también Ladislao Kubala como seleccionador. Venció el combinado español por 6-0, y Pujol jugó la segunda parte, en sustitución de Gento. Esa fue su única experiencia con la Absoluta, y este fue el equipo: Reina; Gaztelu, Barrachina, Eladio; Pirri, Violeta; Amancio, Velázquez, Gárate (Quino), Asensi y Gento (Pujol).

Sin embargo, sus brillantes actuaciones iniciales ya no se repetirían, y acabó incluso perdiendo la titularidad. Jugaría más en el curso 70-71, pero a un nivel muy discreto, y con la llegada de Rinus Michels al banquillo azulgrana dejó de contar por completo, sustituido como teórico extremo izquierdo por el batallador Pérez. Por fin, al concluir la campaña 72-73 abandonó el Barça para enrolarse en el Castellón, donde pasó con más pena que gloria, retirándose con tan solo 28 años en las filas del Sant Andreu, de la barriada barcelonesa homónima, en Segunda División. 164 partidos como profesional, y 42 goles, aunque tres de ellos valieron su peso en oro.

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Un retiro bucólico

Lluís Pujol trabajó más tarde como técnico en las categorías inferiores del Barça, entrenando al conjunto Amateur en Segunda B y al Filial en la Categoría de Plata, donde tuvo algún enfrentamiento con Johan Cruyff, quien a la sazón dirigía entonces al primer equipo. Luego se sentó en los banquillos de Sabadell, Mollerussa y L'Hospitalet, y después de trabajar como comentarista en radio y televisión un buen día decidió romper con su existencia de urbanita, trasladándose en compañía de su pareja a una preciosa zona de la comunidad de Castilla y León, el valle de Tobalina, en la provincia de Burgos.

En un pequeño núcleo de población —apenas 40 vecinos— llamado Montejo de Cebas, ha disfrutado desde hace ya bastantes años, lejos del mundanal ruido, de un estilo de vida más relajado que el de la gran ciudad, regentando un establecimiento de turismo rural en plena naturaleza. Allí, alguna vieja fotografía, colgada en la pared, informa a sus huéspedes de que hubo un tiempo en el que Lluís gozó de la fama efímera de los estadios.

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