
Cierto que eran solamente 30 partidos de Liga, que la Copa se jugaba una vez finalizado el campeonato de la regularidad, y que el conjunto grancanario no disputaba competición europea. Pero dudo mucho que ningún equipo haya logrado algo así, un registro que hoy, en un tiempo de rotaciones habituales, administrando los minutos de cada futbolista con calculadora, se nos antoja imposible. Porque ya había lesiones —traumáticas y musculares— y sobrecargas, enfermedades y sanciones, y a pesar de todo eso a Luis Molowny le bastó con únicamente 14 peloteros para lograr una clasificación histórica, que la UDLP no ha vuelto a catar ni de lejos poniendo en liza a muchísimo más personal.
Los ‘diablillos amarillos’
La génesis de ese equipo legendario e inolvidable hay que buscarla unos cuantos años atrás, concretamente en la temporada 1961-62. La Unión Deportiva Las Palmas militaba en el Grupo Sur de la Segunda División, y en sus filas van a debutar dos jovencísimos talentos de la isla, Antonio Afonso Moreno, más conocido como Tonono, y Juan Guedes. Pero pronto se les unirán otras destacadas promesas. La Selección Juvenil de Las Palmas conquistará el 1 de abril de 1962, en el recinto murciano de La Condomina, el Campeonato de España por Regiones, batiendo a su homóloga de Castilla por 5-3.
En ese cuadro —que sería denominado con toda justicia Los Diablillos Amarillos, y a las órdenes de quien era entonces un técnico primerizo, Luis Molowny, antiguo jugador internacional del Real Madrid, el popular Mangas— actuaban Paco Castellano, Germán Dévora y Mame León. ¡Casi nada! Y delante tenían a un combinado mesetario en el cual se encontraban futbolistas que tampoco eran precisamente mancos, como Pedro De Felipe, Ramón Moreno Grosso o Félix Barderas Sierra, Felines, futura gran leyenda del Rayo Vallecano.
Al finalizar el curso 63-64, la UDLP asciende de nuevo a la División de Honor. En esas primeras campañas consigue la permanencia, aunque no sin apuros, y va acoplando nuevas piezas procedentes de la vecina isla de Tenerife, como Martín Marrero, Justo Gilberto, José Juan o Gilberto Rodríguez. En los últimos compases de la campaña 66-67, con los amarillos en una delicada situación clasificatoria, Molowny se hace cargo del equipo, y ya nada volverá a ser igual.
Terceros... y luchando por el título
Arranca la siguiente temporada, la 67-68, con una plantilla formada casi íntegramente por futbolistas canarios, a excepción de los guardametas vascos Ulacia y Oregui y el defensor melillense José Luis. Y el comienzo no fue especialmente bueno, con un empate (1-1), en el Insular frente al Málaga, y una clara derrota (4-2) en el Villamarín con el Betis como rival. Pero a partir de la siguiente jornada se endereza el rumbo y, tras la cuarta, la UDLP ya es tercera en la tabla, para no volver a abandonar los puestos de cabeza, con resultados tan resonantes como un 4-1 al Barça (décima jornada) y un 1-2 al Atleti en el Manzanares (en la fecha número 13).
Concluye la primera vuelta con un magnífico registro: 19 puntos más tres positivos (ocho triunfos, tres empates y tan solo cuatro derrotas, con 28 goles a favor y 22 en contra). Y en la segunda ronda continúa la buena racha: 0 -1 al Sevilla en el Sánchez Pizjuán (jornada 18), 2-2 en Sabadell (en la 19), 2-0 al Español en el Insular (vigesimocuarta), 0-1 al Athletic en San Mamés (jornada 26), y dos goleadas consecutivas en el feudo amarillo, al Atlético de Madrid y Pontevedra en las fechas 27 y 28 (5-0 y 4-1, respectivamente). De modo que a falta de solo dos encuentros para la finalización del torneo la Unión Deportiva tenía aún posibilidades matemáticas —aunque muy remotas— de ser campeona de Liga, pues se encontraba a cuatro puntos de un Real Madrid con el que debía enfrentarse en la siguiente jornada en el Bernabéu, y si ganaba dicho partido y el último frente al Valencia en el Insular, y los blancos perdían los dos (cerraban el torneo en La Rosaleda ante un Málaga que se jugaba la promoción), se alzarían con el título.
Pero el cuadro canario terminaría cayendo por 2-1 en el feudo merengue a pesar de jugar mejor, con goles de Velázquez y Pirri, y el canario (momentáneo 1-1) obra de Paco Castellano. Al final la UDLP será tercera con 38 puntos y 8 positivos, a tres de los madridistas.
Un histórico subcampeonato
De cara a la temporada 68-69 se mantiene prácticamente la misma plantilla, sin altas ni bajas de relieve. Y ya desde el inicio del campeonato la Unión Deportiva ronda los primeros lugares, cosechando excelentes resultados: 1-2 al Espanyol en Sarrià, empate a cero con el Barça en el Insular, 3-4 al Córdoba en El Arcángel, 2-3 al Zaragoza en La Romareda... y desde la sexta jornada va a ocupar la segunda posición. En consecuencia, el seleccionador nacional, el doctor Eduardo Toba, contará en su primera convocatoria con nada menos que seis jugadores amarillos: Tonono, Martín Marrero, Paco Castellano, Guedes, Justo Gilberto —el único que no llegaría a debutar con el combinado absoluto— y Germán.
Tras lograr una muy meritoria igualada a dos tantos en Mestalla frente al Valencia, en la última jornada de la primera vuelta, y con las cámaras de Televisión Española en directo, se van a enfrentar en el Bernabéu al intratable líder Real Madrid, que aún no conocía la derrota y aventajaba a los canarios en cinco puntos. Los de Molowny van a causar una gran impresión, con su fútbol técnico, reposado y combinativo, pero el triunfo madridista por 2-0, con tantos de Gento —al transformar un penalti— y José Luis Peinado, dejará la lucha por el título casi resuelta en el ecuador del torneo. Sin embargo, los amarillos no bajarán los brazos y continuarán obteniendo magníficos resultados, como por ejemplo su empate a uno en el Manzanares y su resonante victoria por 1-2 en el Camp Nou frente a un Barça al que terminarán superando en la pugna por el subcampeonato, sumando 38 puntos y 8 positivos —a nueve de un Real Madrid que tan solo sucumbiría en su visita a Elche—, y obteniendo una plaza en la Copa de Ferias de la siguiente campaña, en lo que supondría su debut a nivel europeo.
Y habían conseguido semejante hazaña utilizando únicamente 14 jugadores: 12 insulares (ocho grancanarios y cuatro tinerfeños), además del guardameta guipuzcoano Oregui y el zaguero melillense José Luis. Y estos fueron sus números: Oregui, 30 partidos (encajando 34 goles); Martín Marrero, 27 (2 goles), Castellano, 24 (3 goles); Tonono, 30, Justo Gilberto, 30 (6 goles); Guedes, 22 (2 goles); Niz, 19 (7 goles); Germán, 30 (4 goles); Gilberto, 29 (8 goles); León, 24 (11 goles); José Juan, 23 (2 goles); Aparicio, 20; José Luis, 19 y Lo, 3. Quedarán inéditos Romero, Martín, Ulacia, Óscar, José Ángel y Trona. ¿Suerte?, ¿milagro?, ¿sabia administración de recursos? Seguramente de todo un poco.
El final del sueño
Se inicia el curso 69-70 con un gran optimismo, tras dos años maravillosos, y con el estreno en competición continental. Lógicamente continúa Luis Molowny en el banquillo (incluso había sido efímero seleccionador nacional, tras nuestra eliminación de México’70, formando triunvirato con el madridista Miguel Muñoz y el azulgrana Salvador Artigas). Y siguen los mismos jugadores, con algunas incorporaciones de la siempre fértil cantera canaria, pero las cosas no tardarán en torcerse.
El conjunto amarillo es eliminado de la Copa de Ferias a las primeras de cambio por el Hertha de Berlín, y en la Liga las cosas ya no van a marchar tan bien. El equipo acumula negativos, metiéndose en zona peligrosa, y en la vigésima jornada Rosendo Hernández, otra leyenda del fútbol insular, sustituye como entrenador a Molowny, en estricto cumplimiento de la inexorable ley de este deporte.
Al final la UDLP salvaría la categoría, y unos meses después llorará la trágica desaparición de Juanito Guedes - y más tarde también la de Tonono-, pero su política deportiva va a ir cambiando paulatinamente. Sin desdeñar, ni muchísimo menos, al talento autóctono —Pepe Juan, Roque, Juani, Félix, Noly, Felipe, Gerardo…—, incorporará a un gran cuarteto de futbolistas argentinos: Carnevali, Quique Wolff, Brindisi y Morete. En 1978 obtendrá un segundo subcampeonato, en este caso de Copa, cayendo en la final por 3-1 frente al Barça de Cruyff. Después, en 1983, tras casi dos décadas ininterrumpidas en la élite, va a iniciar una trayectoria irregular que llega hasta hoy mismo. Pero en el viejo Estadio Insular, hoy reconvertido en parque, aún resuenan los ecos de aquel fútbol refinado y cadencioso, nuestro auténtico jogo bonito.
