
El Real Madrid sumó tres valiosos puntos en un campo complicado. Solo el Atlético de Madrid había conseguido la victoria en Balaídos esta temporada. El Celta, de la mano de Claudio Giraldez, ha hecho de su templo un fortín.
El Madrid impuso su mayor talento, efectividad y al mejor portero del mundo, un Courtois que volvió a ser decisivo con tres intervenciones clave -ante Williot nada más empezar el partido, frente a Bamba tras marcar el 1-2 y la última acción del encuentro donde achica los espacios de manera decisiva ante Tasos Douvikas-.
Los de Ancelotti ganaron -es lo más importante- pero volvieron a dejar serias dudas con su juego. De inicio sorprendió el técnico italiano con un esquema de tres centrales -Tchouaméni incrustado en el centro de la zaga junto a Rüdiger y Militao- con dos carrileros -Lucas y Fran García- con Camavinga, Fede Valverde y Bellingham por delante y arriba Vinicius y Mbappé. Rodrygo fue el sacrificado de salida.
Tácticamente, en el arranque, el Madrid fue un desastre. Tchouaméni estaba perdido y el Celta hizo daño encontrando espacios en la zaga merengue. La impresión que dio es que el ataque de entrenador de Carletto no estaba para nada lo suficientemente trabajado. El equipo cuando iba a presionar la salida de balón del Celta quedaba muy partido, en ataque sigue sin haber automatismos y solo un flagrante error en la salida de balón de Fran Beltrán lo aprovechó Mbappé para, con una genialidad, poner a su equipo por delante. Por no tener, el Madrid no tuvo ni ese instinto asesino que le caracteriza para aprovechar el bajón del Celta con el tanto en contra y tirarse de lleno a la yugular de los olívicos para dejar el partido casi sentenciado. Jugó muy cómodo pero con el freno de mano echado, dando vida a los de Giraldez.
De nuevo el Madrid mostraba, además de una preocupante falta de fútbol y de presentar un plan trabajado, cierta falta de intensidad que le hacia perder demasiados duelos cuando físicamente es claramente muy superior.
Tras el descanso fue el Celta el que salió mejor. Williot aprovechó un pase de Mingueza para poner el empate. Borja Iglesias tuvo una clarísima para poner el 2-1 y solo ahí Ancelotti reaccionó. No le quedó más remedio que tirar de Modric para meter a una pieza que fuera capaz de tirar un pase al hueco, que conectara el centro del campo con la delantera. Le salió de lujo, ya que el croata le sirvió en bandeja el tanto a Vinicius que puso el 1-2 en el 66. Pero el Madrid jugó con fuego. Bamba y Douvikas rozaron el empate y el Madrid terminó pidiendo la hora.
Ancelotti, con un parón de selecciones de por medio, sigue sin dar cona tecla. El equipo gana por chispazos individuales, pero colectivamente está muy lejos de ser competitivo para el alto nivel. Vence pero está a día de hoy, a años luz de convencer.