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WALTER SAMUEL ELOGIA A MILITO

"Un jugador en el que se puede confiar ciegamente"

Terminaba el 2002, el Independiente de Avellaneda estaba a punto de proclamarse campeón del torneo Apertura argentino y Walter Samuel, de la Roma, el mejor zaguero del país que anda por el mundo, consideró a Gabriel Milito como "un jugador en el que se puede confiar ciegamente".

L D (EFE) Samuel respondía así a una consulta del Corriere dello Sport por su compatriota, ante un presunto interés del equipo romano por ficharle. Aquella frase de Samuel, el futbolista al que resulta difícil arrancarle una declaración, tuvo un impresionante eco en Argentina y se constituyó en una "palabra santa" que corroboraba una impresión generalizada en el fútbol local. Semanas después, el Independiente alcanzó el título de campeón, Milito fue señalado como el mejor central del torneo y convocado por el seleccionador Marcelo Bielsa para formar parte de un combinado que jugó varios partidos amistosos en Centroamérica y Estados Unidos.

Quedaba claro que el futbolista del cabello ensortijado, implacable y elegante para anticipar, bloquear y barrer el área del conjunto que dirigía Américo Gallego, tenía los días contados en el fútbol argentino, siempre pendiente de algún traspaso millonario al exterior para poner parches a las atribuladas tesorerías de los clubes. César Menotti le promovió a la Primera División en el segundo semestre de 1997. Gaby ya había destacado en las selecciones sub-17 y sub-23 dirigidas por José Pekerman, quien en reiteradas ocasiones dijo que se trataba de "un jugador distinto", y su salida del país se anunciaba, se aseguraba y finalmente se desmentía cada dos meses, como mínimo.

En 1999, el Olympique de Marsella intentó ficharle y ofreció cuatro millones de dólares, pero Milito, que tenía 19 años, se negó a irse del país al alegar que era demasiado joven. Más tarde, y en dos ocasiones, surgieron las posibilidades de que pasara al Roma italiano. Enzo Trossero, ex entrenador del Independiente, afirmó que si el Inter había fichado al colombiano Iván Córdoba por 20 millones de dólares, el traspaso de Gaby no podía valer "ni un solo dólar menos". Desde entonces, la directiva del equipo de Avellaneda interpretó que el defensa era el mayor capital que tenía el club, la joya que finalmente tuvo que salir a ofrecer en el mercado para mantenerse en la línea de flotación y afrontar el próximo torneo con algunos fichajes de peso.

El Independiente tocó fondo este año tras una mala campaña del equipo y quedó escorado no sólo por su delicada situación económica y financiera sino también porque se fueron del club los jugadores cedidos, que eran la mayoría. Andrés Ducatenzeiler, el presidente del club, reforzó la posibilidad de traspasarlo al Real Madrid con fluidos contactos con el Atlético de Madrid y en algún momento con el Zaragoza. Sí o sí Milito tenía que jugar la próxima temporada en España. El mes pasado, el futbolista dijo que no se veía jugando fuera de Argentina en lo inmediato, expresión que soltó con la misma serenidad con la que juega al fútbol.

Casi un año antes, las alegrías que el fútbol daba a la familia Milito fueron neutralizadas por un hecho que marcó a Gaby y a su hermano Diego, delantero del Racing de Avellaneda: su padre, Jorge, había sido secuestrado por una banda delincuentes. Los Milito pagaron alrededor de 100.000 dólares y Jorge fue liberado en la zona sur del Gran Buenos Aires. Aquel hecho había interrumpido todo proyecto de ambos de jugar fuera del país. Ahora, la noticia de su inminente traspaso al Rea Madrid le llega en la víspera de su cumpleaños número 23, en momentos en que se entrena con la selección de Bielsa para jugar el próximo día 16 un partido amistoso con Uruguay.

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