LD (EFE)
Purcell, de 61 años, ha anunciado su decisión en una carta a los empleados en la que dice que se retirará cuando se encuentre un sucesor o a más tardar antes de la próxima reunión anual de la firma, en marzo de 2006.
Su renuncia se produce tras informaciones de prensa que afirmaban que la junta directiva de Morgan Stanley, reunida el fin de semana, había tomado la decisión de despedirle.
"Está claro que a la luz de los continuos ataques personales contra mi, y del nivel de atención negativa sin precedentes que ha tenido que soportar nuestra firma, y cada uno de ustedes, esto es lo mejor que puedo que hacer por ustedes, nuestros clientes y los accionistas", dice en la carta.
Purcell, quien se incorporó a Morgan Stanley en 1997 y cuya dimisión pedían algunos accionistas por considerar que su gestión no era satisfactoria, dice sentir un gran "orgullo" por los logros de la firma desde la fusión en 1997 con la financiera Dean Witter, el mismo año que él llegó a la firma. El todavía presidente hizo un balance positivo de su gestión, en el que destacó la revalorización de sus acciones en la Bolsa.
En la carta, el directivo considera que los ataques que ha recibido son "injustificados" y no muestran indicios de cesar, y explica que lo importante no es una persona, sino los más de 50.000 empleados de la compañía, sus clientes y accionistas. El anuncio de su renuncia coincide con informaciones de la firma, según las cuales, sus beneficios en el segundo trimestre fiscal del año serán inferiores a los previstos por los analistas.
Su renuncia se produce tras informaciones de prensa que afirmaban que la junta directiva de Morgan Stanley, reunida el fin de semana, había tomado la decisión de despedirle.
"Está claro que a la luz de los continuos ataques personales contra mi, y del nivel de atención negativa sin precedentes que ha tenido que soportar nuestra firma, y cada uno de ustedes, esto es lo mejor que puedo que hacer por ustedes, nuestros clientes y los accionistas", dice en la carta.
Purcell, quien se incorporó a Morgan Stanley en 1997 y cuya dimisión pedían algunos accionistas por considerar que su gestión no era satisfactoria, dice sentir un gran "orgullo" por los logros de la firma desde la fusión en 1997 con la financiera Dean Witter, el mismo año que él llegó a la firma. El todavía presidente hizo un balance positivo de su gestión, en el que destacó la revalorización de sus acciones en la Bolsa.
En la carta, el directivo considera que los ataques que ha recibido son "injustificados" y no muestran indicios de cesar, y explica que lo importante no es una persona, sino los más de 50.000 empleados de la compañía, sus clientes y accionistas. El anuncio de su renuncia coincide con informaciones de la firma, según las cuales, sus beneficios en el segundo trimestre fiscal del año serán inferiores a los previstos por los analistas.
