LD (EFE) Los representantes de ambas compañías han puesto fin a una polémica fusión que estuvo inmersa desde un principio en el trasfondo de las actuaciones judiciales emprendidas contra Yukos, la mayor petrolera de Rusia.
Yukos ha sido protagonista en la vida política y económica de Rusia desde el pasado mes de octubre, cuando su entonces presidente, Mijaíl Jodorkovski, fue encarcelado, acusado de fraude a gran escala y evasión fiscal.
Previamente, en abril de 2003, Sibneft y Yukos habían anunciado sus planes de fusionarse para crear un ente capaz de competir en el mundo con gigantes como Chevron o British Petroleum. El nuevo consorcio hubiese sido capaz de controlar el 29 por ciento de la producción de petróleo de Rusia, con más de 2,3 millones de barriles diarios y con unas reservas evaluadas en 19.400 millones de barriles.
En octubre del mismo año, los propietarios de las dos empresas anunciaron que se había completado el proceso de fusión, lo que dio esperanzas al emergente sector petrolífero de Rusia y atrajo la atención de posibles inversores en la operación. En virtud de este acuerdo, Yukos habría adquirido el 92 por ciento de las acciones de Sibneft, que a su vez compraría el 26,01 por ciento de los títulos de aquella.
A finales de octubre comenzaron las actuaciones de la Fiscalía General rusa contra Jodorkosvki que, según la dirección de Yukos, obedecía a los dictámenes del presidente ruso, Vladímir Putin, descontento con las veleidades políticas del magnate petrolero y deseoso de ver en el trono de la empresa a un hombre de su confianza. El 28 de noviembre se suspendió la fusión y el 16 de diciembre los accionistas de Sibneft anunciaron que la unión de las dos firmas
ya no tenía efecto. 