El diario italiano define a Arzalluz como «un septuagenario fornido, con cabello blanquísimo, la voz firme y la sangre con Rh negativo», y éste asegura: «No hay racismo en mis palabras. No estoy diciendo que los vascos tengan derecho a quién sabe qué supremacía. La cuestión de la sangre con Rh negativo confirma sólo que éste es un pueblo antiguo que tiene raíces propias, que son identificables desde la prehistoria, como sostienen algunas investigaciones de célebres genetistas».
A su juicio, los vascos son «un pueblo que se ha desarrollado dentro de una comunidad bien definida, que tiene una cultura importante y, por tanto, también el derecho a decidir su propio destino».
Según Arzalluz, la única solución es seguir el ejemplo irlandés. Sobre la fractura de la sociedad vasca y la marcha de intelectuales y empresarios, lo desmiente: «No hay fractura social. En esta tierra hay riqueza difusa, hay mucho más bienestar que en España. Créame, no se va nadie».
Arzalluz tiene claro cuál es la fórmula ideal: «No creo en la autonomía; no es la solución. Para el País Vasco es necesaria la independencia dentro de las instituciones europeas, como probablemente hará Escocia. Por eso, la clave de todo sigue siendo el reconocimiento del derecho a la autodeterminación», explica. «ETA no es hoy ni siquiera la sombra de lo que era en los años 70. La tregua prolongada había dado la sensación de que el terrorismo había terminado. Por eso, ahora la ofensiva parece tan desconcertante».
