En el libro “Garzón. El hombre que veía amanecer” se recoge, sobre el caso de la “operación Mengele” que “había una colección de indicios puntuales y concretos; pero faltaban, no ya las denuncias de los familiares o amigos de las víctimas, sino los cuerpos de las hipotéticas víctimas. (...) Según las referencias, el mendigo murió por la potencia del somnífero; y los dos yonquis, que eran hermanos, sufrieron heridas al oponer resistencia a sus captores del CESID. No era descabellado pensar que estos dos, atemorizados por ser testigos visuales de un crimen, no tuvieran el menor interés en salir a dar la cara”. El suceso, continúa Pilar Urbano, “se fijaba en 1988, con Manglano de director de La Casa, Perote al frente de los operativos y Emilio Jambrina como oficial de esta Operación Shuto, de la que en el CESID hubo constancia escrita”.
En una nota a pie de la página 421 del libro de Pilar Urbano se puede leer cómo “el 9 de junio de 2000, Garzón concluyó la investigación de este caso Mengele sin suficientes pruebas de culpabilidad para acusar a nadie. Pero en noviembre del mismo año –estando en imprenta este libro— el caso se reabrió por el hallazgo de nuevos datos”.
Manglano, director del CESID en la época en que sucedieron los hechos, fue uno de los imputados, junto al coronel Juan Alberto Perote. A propósito del teniente general Emilio Alonso Manglano, el libro de Pilar Urbano asegura, entre otros asuntos, que Manglano pudo mentir con respecto al conocido como “informe Crillón”, el documento encargado presuntamente por Interior sobre el patrimonio de Mario Conde y que fue pagado, también presuntamente, con fondos reservados salidos del CESID cuando Manglano era su Director General. Manglano lo negó en el juicio, por lo que Conde –según recoge el libro- pasó a la acción y se cobró su venganza: publicar a través del diario “El Mundo” toda la historia de las escuchas telefónicas puesta en marcha desde el CESID bajo la dirección de Manglano. Esa historia, además, fue una presunta filtración a Conde del coronel Juan Alberto Perote, implicado en la “operación Mengele” que instruyó Garzón.
Añadiremos a estos datos una de las claves fundamentales del enfrentamiento Garzón-Fungairiño. En el libro, se acusa a Fungairiño de ser el hombre del CESID en la Audiencia Nacional. Aparentemente lo dice Pilar Urbano, no el juez Garzón. Pero, entre otros datos, se recoge cómo “es un hecho fuera de discusión la fluida avenencia entre la Fiscalía, bajo el mando de Fungairiño, y el CESID. Fungairiño quizá no sea un hombre del CESID, pero sí es “el hombre del CESID” en la Audiencia Nacional. Eficiente antena que les facilita toda suerte de información. Dos miembros de La Casa acuden periódicamente a la quinta planta de la Audiencia, donde se ubica la Fiscalía, a buscar datos para sus pesquisas.(...) Los fiscales tienen orden de Fungairiño para recibirlos a carpetas abiertas”.

LA ENEMISTAD MANIFIESTA
Fungairiño, Garzón y el caso de la “operación Mengele”
Bien es sabida la enemistad entre Garzón y Fungairiño. Uno, juez; otro, fiscal; ambos en la Audiencia Nacional. Con respecto al caso de la “operación Mengele”, la biografía escrita por Pilar Urbano sobre el juez Garzón hace algunas referencias de interés. El caso Mengele es definido en el libro del siguiente modo: “un supuesto criminal en el que un mendigo y dos drogadictos, indigentes e indocumentados, que solían pulular por el barrio de Malasaña –de Madrid--, habrían sido utilizados como cobayas por agentes del CESID para experimentar con ellos la eficacia de un fuerte anestésico y un suero pentotal”.
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