La entrada en acción de los aviones de combate AC-130 como preludio de la ofensiva terrestre en Afganistán y el pacto entre EE UU y Pakistán para formar una gran coalición de gobierno para aquel país que incluya a “talibanes moderados” ocupan buena parte de los editoriales de prensa del día.
El Mundo comenta que, tras entrevistarse con el general pakistaní Musharraf, Colin Powell ha precisado que es necesario diferenciar entre los dirigentes del movimiento talibán y el grupo étnico que lo apoya, los pastunes, y que constituye el 40% de la población afgana. “Si Powell tuvo que ceder en la cuestión pastún, Musharraf se vio forzado a aceptar que la Alianza del Norte, el gran enemigo de Pakistán, tendrá un importante papel en el futuro Gobierno” explica El Mundo, que también informa que el nuevo estado afgano adoptará la forma de una monarquía constitucional, cuyo rey volverá a ser Mohamed Zaher, de origen pastún y depuesto por un golpe militar en 1973. El Mundo señala, no obstante, que las dificultades para llevar a cabo este diseño son enormes, ya que existen profundas rencillas entre estos grupos étnicos, que se han mostrado incapaces de convivir en un pasado reciente”.
Si EE UU cometió el error en la guerra del Golfo de no entrar en Irak a derrocar al régimen que había provocado el conflicto, puede ahora verse tentado a limitarse a realizar incursiones que, con la ayuda de la oposición interna, derroquen a los talibanes pero que sean insuficientes para imponer la estabilidad en el gobierno de relevo. Eso ha de afrontarse con Ejércitos de ocupación, no con comandos de fuerzas especiales. La continuada presencia militar aliada permitió sustituir al Tercer Reich en Alemania sin tener que contar con “nazis moderados”en el gobierno de relevo, contradicción en los términos de no mayor envergadura que la de “talibanes moderados”.
El País, en este asunto, acierta al reclamar la presencia de “algún tipo de fuerza internacional” que dé estabilidad al nuevo gobierno, pero lo estropea al preferir que sean fuerzas de “países musulmanes no implicados en el conflicto” quienes la garanticen. Un error que se suma al de dar preponderancia a la ONU en la transición afgana. Nada bueno se ha de esperar en este terreno de una organización que, a diferencia de la OTAN, da en su seno representación, voz y voto a regímenes terroristas y liberticidas opuestos al que se debe establecer en Afganistán.

Pastunes, sí. Talibanes, ni uno
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