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Derecho a la diversidad, no diversidad de derechos

El Mundo dedica su principal titular de portada a informar que los profesores podrán volver a expulsar de clase a los alumnos más indisciplinados. Este diario asegura en un espléndido editorial que más del 10% de los docentes entrevistados en el Informe sobre Violencia Escolar 2000 declara sufrir ocasionalmente agresiones físicas por parte de sus alumnos. Un 2% admite que esto le ocurre “a menudo”. Y de los escolares interrogados, más de la mitad asegura que los profesores “no hacen nada” cuando un chaval arremete física o verbalmente a otro.

El Mundo denuncia que la ley, desde las reformas introducidas por los socialistas, impide a los docentes expulsar a un estudiante del aula aunque su conducta constituya un ataque flagrante a las normas básicas de convivencia en los centros. La única cosa que pueden hacer ahora los profesores es informar de los hechos en un largo y lento proceso burocrático que les desanima a la hora de adoptar medidas disciplinarias, lo que acaba por envalentonar todavía más a unos colegiales que se saben impunes. Como certeramente asegura el diario, “en contra de lo que presumiblemente alegarán quienes el próximo día 7 se manifestarán en contra de la Ley de Calidad, la disciplina en clase es esencial para proteger el principal interés del alumno, que es la educación”.

Bueno sería que la ministra abandonase su tímida y defensiva actitud para pasar a apoyar sus propuestas con más contundencia. No sólo hay que tener razón, sino parecer que se tiene. La falta de beligerancia de la ministra en defender sus propuestas y su falta de contundencia en la crítica a los socialistas, tanto por su desastrosa labor pasada como por las objeciones que ahora le plantean, merma la impresión de la necesidad del cambio. Lo socialistas, envalentonados, se otorgan una autoridad moral de la que carecen, y aun se atreven a organizar manifestaciones en pro del statu quo. Ya fue grave que los complejos de la derecha halagasen a los socialistas con aquello de que “tenemos la juventud mejor instruida de la Historia”. Ya no lo dicen, pero el cambio de tono del PP aún se queda corto en comparación con los cambios que exige la realidad.

Pluralismo versus multiculturalismo

La polémica sobre la integración -mejor dicho la falta de integración- de los inmigrantes magrebíes sigue desatada. ABC dedica su portada al caso de la niña marroquí a la que su madre quería vender en matrimonio, mientras que La Razón informa que el padre de una niña paquistaní rechaza ahora a que su hija haga gimnasia alegando motivos religiosos. El padre de esta última ya había sido noticia hace un año por impedir que su hija acudiera a clase con alumnos de sexo contrario.

El Mundo también dedica un editorial a la cuestión en la inmigración. Parece que poco a poco el editorialista de este diario deja de confundir el pluralismo con el multiculturalismo,-empanada mental que sufren muchos- y hoy respalda la afirmación de Mikel Azurmendi de que “la multiculturalidad es una gangrena para nuestro sistema democrático”. “Confundir –afirma certeramente El Mundo- las relaciones interétnicas con una suma de culturas que pueden subsistitir al margen del Estado de Derecho nos conduce a la perversión del sistema democrático”. Entre los hechos que vienen a dar la razón a Azurmendi, El Mundo sólo señala el caso de la madre marroquí que quería vender a su hija en matrimonio y el de la negativa de un inmigrante musulmán a que sus hijos se escolaricen en un colegio católico. Excluye de ellos el caso del padre que exigía que su hija acudiera al colegio con el hihab que, lejos de ser un reflejo de libertad como pretende El Mundo , es símbolo de sumisión y discriminación del sexo femenino que predica el Corán. La exigencia de un colegio público, en lugar de uno católico, por parte de la familia musulmana es mucho más legítima que la imposición de la hihab. Sin duda es exagerado y criticable que una de las niñas dijera que los símbolos católicos les causaba temor. Pero lo que es exagerado es tener que llegar a decir eso para no tener que llevar a los hijos a un colegio confesional cuya fe simplemente no se comparte. Además, como se ha demostrado, el centro católico estaba más lejos del domicilio familiar que dos centros públicos con plazas disponibles.

La hihab, por el contrario, es un símbolo de discriminación sexual simplemente intolerable. El Mundo asegura que “incluso si mediara la exigencia paterna, la educación sería una medida correctora más conveniente que la prohibición para que acaben cayéndose los velos”. ¿Cómo no “va a mediar la exigencia paterna”, si el padre es un fundamentalista de tomo y lomo?. ¿Cómo va a ser la educación más conveniente para “que se caigan los velos” si a la que se da instrucción es a la niña y no al padre?. ¿Es que además no era el padre el que se negaba a que su hija tuviera instrucción por no tener que quitarle el hiyab?. ¿Por qué habrían, por otra parte, de “caer los velos” si El Mundo considera que no constituyen una apología de la discriminación, sino “un reflejo de libertad religiosa”?.

La Embajada confirma la reunión de González y Yusufi

El Mundo asegura que la Embajada de España en Rabat informó por error de la entrevista con el Rey, pero ha confirmado la reunión de González y Yusufi a pesar que el ex presidente lo haya negado. No sería la primera mentira de González. Además, su desmentido incluyó la chulesca advertencia de que “hubiera estado encantado de hacerlo” pues tanto Ysufi como el rey son amigos suyos “desde hace años” por lo que no descarta futuros encuentros. Que son amigos, dice. Y tanto que lo son. Como que en pro de sus intereses, González ha arremetido contra la postura del Gobierno español en el contencioso con aquel país. Si González quiere seguir ejerciendo de lobbista por el extranjero debe saber que con sus chanchullos y los de Prisa no sólo arrastran al PSOE, sino que, dada su condición de ex presidente y actual diputado, tambien comprometen a España. Que elija y, de paso, que deje de mentir.

ETA y la ambigüedad del clero

El Mundo y, sobretodo, La Razón destacan en portada que un párroco de Vitoria ha dejado la Iglesia para que cargos de Batasuna y demás simpatizantes de ETA celebren un encierro por la ilegalización de Segi. La Razón recuerda las palabras de ayer mismo del cardenal Rouco Varela quien advertía que “la gravísima inmoralidad que supone el terrorismo no admite justificación ni colaboración alguna”. El editorial pide a la iglesia que, además de palabras, muestre con obras ese deseo de querer acabar con la compresión de parte del clero hacia los pro etarras. El repugnante gesto, no ya de compresión sino de colaboración que ese párroco de Vitoria ha brindado a los cómplices del terrorismo no es el primero que protagoniza un miembro del clero católico, y la jerarquía eclesial sigue sin abrir expediente disciplinario alguno.


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