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El País quiere “ilegalizar” a Aznar

La ilegalización de Batasuna y el ultimátum de 48 horas que Bush ha dado a Sadam para que abandone el poder prácticamente monopolizan los editoriales de prensa de este martes. A ellos dedicaremos nuestra Revista así como al valiente artículo de Oriana Fallaci que publica El Mundo.

Respecto a la ilegalización de Batasuna, lo más destacable es el unánime y razonado respaldo que brindan todos los diarios a esta acertada y deseada decisión judicial. Sólo cabe lamentar —con excepción de ABC y, en menor medida, de El Mundo—la ausencia de críticas a los partidos que, como IU y los nacionalistas vascos, han defendido y siguen defendiendo la representación política de ETA.

Tampoco hubiera estado de más una reflexión sobre lo mucho que ha tardado la clase política de nuestro país en comprender que la democracia debía ser incompatible con la subvención pública y la representación política de una organización terrorista. Esta omisión se comprende si recordamos que los medios de comunicación tampoco respaldaron la ilegalización hasta que el Gobierno y la oposición llegaron al convencimiento de que era necesario sacarla adelante.

Ciertamente, la ilegalización de Batasuna es toda una victoria de esa mayoría silenciosa —cuando no silenciada— cuyo sentido común le llevaba a defender esta medida, descartada por inconveniente durante décadas por las acomplejadas élites políticas y mediáticas de nuestro país. Es la misma inmensa mayoría silenciosa que celebra ahora que se impida a ETA tener medios de comunicación pero que aun tienen que ver a la práctica totalidad de los periódicos no denigrar en sus editoriales el cierre de Egunkaría como un “atentado a la libertad de expresión”. Muchos de estos periódicos que hoy celebran la ilegalización de Herri Batasuna, la rechazaban no hace mucho como un “atentado a la libertad política”. Eso, cuando no denigraban como “autoritarios” a los pocos políticos que, como Manuel Fraga, reclamaron en su día la necesidad de aplicar esta medida.

También podríamos recordar a los medios de comunicación y a los políticos la necesidad de reforzar la batalla de las ideas contra el nacionalismo y los cambios en un sistema de educación que con demasiada frecuencia supone una correa de transmisión de las mentiras y del odio nacionalista. Sin embargo, no queremos que las batallas que quedan por librar para ganarle definitivamente la guerra al terrorismo nacionalista ensombrezcan la alegría por el triunfo en esta batalla judicial.

Ya en el terreno de la guerra —no metafórica, sino tan real como la que se quiere librar en Irak para acabar con el régimen de Sadam Hussein— todos los diarios reproducen sus conocidos argumentos. ABC acentúa el apoyo que hasta ahora ha venido brindando a la postura de Estados Unidos y sus aliados, mientras que el editorial de El País es hoy su más desatado crítico.

Mientras que El Mundo se limita prácticamente a decir que los aliados han roto “con la vía diplomática”, El País va mucho más allá y acusa a Aznar de situar “a sí mismo y el Estado español fuera de la ley”.

ABC, por el contrario, dedica hoy otro acertado editorial en donde afirma que “en sentido estricto jurídico, la resolución 1441 resulta suficiente para dar cobertura legal a la intervención armada, cuya finalidad es hacer operativas las graves consecuencias previstas en la misma para el supuesto de que Sadam no procediera al desarme”. También con acierto, el editorialista de ABC recuerda que “Sadam ha jugado al escondite” y que “se ha enfocado la misión de los inspectores a partir de una extraña lógica: no se trata que demuestren la existencia de armas prohibidas, como han pensado muchos, sino de que constaten la destrucción de las existentes. Las extrañas sesiones —describe con acierto ABC— del Consejo de Seguridad con la presencia del señor Blix y sus colaboradores daban la apariencia de un tribunal penal analizando los indicios aportados por una especie de instructor”.

Ciertamente, en términos jurídicos, no era la “culpabilidad” de Sadam lo que se dilucidaba con las inspecciones, sino su impunidad. Su culpabilidad ya estaba demostrada desde 1991 y por ella su país sufre un embargo desde entonces. Lo que los inspectores debía constatar es el cumplimiento de las condiciones por las que no se prosiguió la guerra hace doce años y por las que se dejó al dictador en el poder. Es pro este hecho pretérito, interesadamente ocultado por algunos, por lo que le correspondía al dictador la carga de la prueba.

ABC señala que “el incumplimiento por parte de Sadam Hussein de las obligaciones asumidas en 1991 conllevaría la anulación de la condición suspensiva de la guerra”.

El País, por el contrario, considera que “Bush y sus dos acólitos han abierto el camino de la guerra, en clara violación de la legalidad internacional”. Recuerda El País que “los tres de las Azores retiraron su propuesta de resolución oficialmente ante la amenaza de que Francia y Rusia —el editorialista olvida China— la vetaran”. El País señala que “ahora será EE UU quien vetará cualquier nueva propuesta de Francia y Rusia para evitar la guerra”.

Si El País reconoce así que la ONU, a través del Consejo de Seguridad, rechazaría cualquier resolución que tuviera por objetivo evitar la guerra, ¿cómo es que su editorialista dice que los que la respaldan se sitúan al margen de la legalidad internacional?

El esperpento que supone saber que el Consejo de Seguridad rechazaría tanto una cosa como la contraria es una de las razones —junto al hecho de que se voz y voto a las dictaduras— por las que no tenemos respeto alguno a esa “legalidad internacional” que la ONU dice encarnar. Pero eso no obsta para reconocer que esa esperpéntica “legalidad” no sólo ampara a EE UU, tal y como señalaba ABC, sino que lo hace de forma mucho más clara que a los países que se oponen a la intervención militar. En defecto de nuevas resoluciones, solo queda en pie la 1441. De ella de las “graves consecuencias” que debería afrontar Sadam en caso de desaprovechar esta “ultima oportunidad” se puede deducir mucho más fácilmente la guerra que asume Aznar que la pasividad que propone Chirac.

Por otra parte, es imposible que Aznar sitúe a España fuera de la legalidad internacional por su decisión de respaldar una guerra sin una nueva resolución expresa de Naciones Unidas. Si esa fuera una razón, España ya estaría fuera de esa “legalidad” desde que se respaldó las intervenciones militares en Kosovo y Bosnia. Eso, por no hablar del “fuera de la ley” de Chirac que ha enviado tropas a Costa de Marfil sin ni siquiera haberse molestado en pasar por Naciones Unidas.

El País reitera además el despectivo calificativo de “los tres de las Azores” como para quitar relevancia a esa cumbre. Bueno, por lo menos dice que son tres, porque El Mundo los enumera, pero no los cuenta cuando sigue hablando de una “decisión unilateral de Bush”...Además no sólo son “tres” pues, en concordancia con el compromiso atlántico de las Azores, está toda Europa, excepto tres países: Francia, Bélgica y Alemania. El País silencia que, además de Portugal, ayer ya dieron muestras de querer adherirse formalmente los gobiernos de Italia, Holanda y Dinamarca. Lo probable es que lo hagan todos los que ya secundaron a España y Gran Bretaña en la “carta de los ocho”. Por no hablar de los próximos miembros de la UE del Este...

En cualquier caso, lo más surrealista del editorial de El País es que afirme que Aznar está “fuera de la ley también por el uso de las bases por EE UU para esta guerra, pues el convenio obliga a una autorización expresa del Gobierno para su uso”. Esa condición pretende garantizar que el uso de las bases no se hace contra la voluntad del Gobierno español. Aznar, desde hace meses, se ha comprometido públicamente a cumplir sus compromisos con EE UU respecto a las bases. No sabemos, pues, en qué se basa El País para decir que EE UU está haciendo uso de las bases sin autorización de nuestro Gobierno. ¿No había dicho el editorialista que Aznar era una “acólito de Bush”? ¿Miente Aznar cuando dice que respalda a EE UU? Evidentemente, no. Lo que pasa es que en El País ya no saben que inventar para desgastar al Gobierno. Razonar en un editorial no es tan fácil como llenar de eslóganes una pancarta...

Resumen de prensa

El ultimátum de 48 horas que Bush ha dado a Sadam Hussein para que abandone Irak y la ilegalización de Batasuna sentenciada con unanimidad por el Tribunal Supremo son las dos noticias más destacadas y comentadas en la prensa de este martes.

El principal titular de portada de El Mundo dice que “Bush, Blair y Aznar abandonan la diplomacia y llevan al mundo a una guerra unilateral”. El de La Vanguardia se limita a afirmar que “la guerra se impone”. El titular que abre el resto de las portadas destaca, como indicábamos anteriormente, el ultimátum de Bush a Sadam para que abandone el poder en 48 horas.

ABC afirma además en otro titular que “Jordi Pujol se distancia del PSOE y se acerca a las tesis del Gobierno”. El País dice que “El Gobierno permite a EE UU usar las bases sin cumplir el convenio bilateral”. La Vanguardia dice que “Firmas españolas pueden tener contratos para reconstruir Irak”. El Mundo lleva a portada el titular del artículo de Oriana Fallaci “la rabia, el orgullo y la duda” que hoy publica este diario en defensa de la postura norteamericana.

El Mundo y El País destacan que “la retirada de la resolución sobre Irak dispara las bolsas europeas y Wall Street”.

ABC, La Razón y El País destacan que el SCH elimina todos los blindajes y publica los sueldos de sus directivos”.

Finalmente, El Mundo, ABC y La Vanguardia llevan a portada la noticia de que un ginecólogo contagia el sida a una paciente durante un parto por cesárea.




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