Como sucede en las portadas, la agresión sufrida por el secretario general de CC OO suscita comentarios editoriales en todos los periódicos. La condena de la violencia y la crítica a los medios gansteriles es un denominador común de todos ellos. ABC, sin embargo, es el único diario en considerar además que estas agresiones e insultos "se enmarcan dentro de ese nuevo escenario creado por la izquierda radical". Este diario considera con acierto que "la oposición se ha alineado con quienes han redescubierto el poder intimidatorio de las movilizaciones". "El PSOE es también responsable de esta estela de confrontación, porque en su legítimo afán de recuperar el poder político no ha medido las consecuencias de su ofensiva y ha creado un clima de crispación que ha permitido cobrar impulso a una extrema izquierda que permanecía agazapada".
Para ABC, en definitiva, "la agresión a Fidalgo, como los ataques a las sedes del PP y los insultos y lesiones a sus dirigentes, son la consecuencia directa de ese balón de oxígeno que se ha otorgado a esa izquierda marginal".
El Mundo también dice al final de su editorial que "este comportamiento recuerda mucho al de los grupos incontrolados que agredían a la fuerza pública o atacaban las sedes del PP para protestar contra la guerra". Sin embargo, este diario no señala responsabilidad política alguna de los partidos de la oposición y también de los propios sindicatos -aunque ABC tampoco señale a estos últimos en su editorial- en ese clima de violencia y crispación.
De hecho, El Mundo, como el resto de los diarios, se centra en lo que ha sido el conflicto de Sintel y las disputas entre los trabajadores y CC OO, la central mayoritaria en la empresa.
El Mundo recuerda que el Gobierno y Telefónica se comprometieron en agosto de 2001 a recolocar a unos 800 empleados de los 1700 de la plantilla de Sintel. "Estas recolocaciones -señala El Mundo-no han tenido lugar todavía, por lo que los desempleados de Sintel culpan a CC OO de haberse desatendido de sus afiliados y simpatizantes en la antigua filial de Telefónica".
Ahora El Mundo considera que "los ex trabajadores de Sintel no tienen razón porque en una economía de mercado resulta imposible garantizar los puestos de trabajo a quienes han sufrido el cierre o la quiebra de una empresa, que ha sido el caso de millones de personas en nuestro país desde la reconversión industrial de los años 80. Por el contrario, cerca de 500 empleados de Sintel se han acogido a prejubilaciones extraordinariamente generosas y toda la plantilla ha gozado hasta hoy de la cobertura por desempleo".
El Mundo, sin embargo, no recuerda que fueron los propios sindicatos y sus dirigentes como Méndez y Fidalgo los que respaldaron y animaron a los trabajadores de Sintel a utilizar la fuerza para lograr que el Gobierno y Telefónica se plegaran a buena parte de sus privilegiadas reivindicaciones. Recordando la toma de la castellana, donde los empleados de Sintel estuvieron acampados durante meses, El Mundo dice que "las autoridades municipales ayudaron y asumieron el destrozo de bienes municipales" y que "esa tolerancia con unos métodos que perjudicaban a muchos convecinos y el plus de simpatía que recibió su movilización se han mostrado erróneos. Porque, en lugar de proseguir la defensas de sus derechos por vía pacíficas, los miembros de la plantilla de Sintel se fueron radicalizando y han acabado por convertirse en una minoría violenta y antisistema, que pretende resolver por la fuerza un conflicto laboral".
El Mundo parecía dispuesto a asumir el error -pocos diarios como este brindaron a los métodos de Sintel esa misma "tolerancia" que ahora su editorialista considera errónea- pero en realidad lo sigue cometiendo al decir de se trataban de "vías pacíficas". Los destrozos y la toma de la castellana ya fueron unos actos de fuerza completamente ilegales. Tanto entonces como ahora, los trabajadores de Sintel pretenden resolver sus problemas laborales por la fuerza. Las prejubilaciones "extraordinariamente generosas" y las recolocaciones, aun "pendientes" pero también privilegiadas, fueron el resultado de esa presión.
Bien está que se denuncie que las autoridades, tanto municipales como gubernativas, se plegaron ante ese recurso a la fuerza, pero mucho más necesario es señalar la culpabilidad de los sindicatos que durante tanto tiempo la defendieron y promovieron como "legitima defensa de los derechos de los trabajadores". Han sido los sindicatos los que han sembrado y siguen sembrando los vientos que ahora se vuelven contra ellos en forma de tempestad. El dirigente de CC OO -no nos engañemos- no ha hecho más que probar la misma medicina que él y la izquierda siempre han justificado ante un conflicto laboral.
Resumen de prensa
La suspensión de la celebración del 1º de Mayo provocada por la agresión sufrida por el secretario general de CC OO, José María Fidalgo a manos de un trabajador de Sintel es el más claro denominador común de las portadas de prensa de este viernes.
La visita de Colin Powell a Madrid y su entrevista con Aznar también es destacada en todas las portadas, excepto en la de El País que apenas se hace eco de la misma. El principal titular de ABC dice que EE UU rechaza la oferta directa de Francia de enviar ahora tropas a Irak". La Vanguardia dice que "Powell viaja a Madrid para ensalzar a Aznar". El Mundo considera que "Powell insinúa en Madrid que España sería sede de la conferencia de paz para Palestina".
El País, por su parte, abre portada diciendo que "Israel compromete el plan de paz con una sangrienta operación en Gaza". El Mundo también destaca los "12 palestinos muertos en una incursión israelí al día siguiente del inicio del plan de paz".
Otra noticia presente en todas las portadas es el terremoto que ha causado en Turqía más de 150 muertos y que ha dejado atrapados bajo los escombros a más de un centenar de niños.
Finalmente, varios diarios destacan que la Fiscalía ha impugnado 249 listas electorales vinculadas a Batasuna.

La lucha sindical en la cabeza de Fidalgo
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