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La agonía de Pere Navarro

Ni supo embridar a sus críticos, ni contrarrestar el fuerte auge electoral de Ciudadanos

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Ni supo embridar a sus críticos, ni contrarrestar el fuerte auge electoral de Ciudadanos
Pere Navarro, durante un congreso del PSC

Con su cargo de primer secretario del PSC recién estrenado, en los primeros meses de 2012 los colaboradores más estrechos de Pere Navarro trataban de contrarrestar un efecto mediático letal para su jefe: la confusión con el que fuese director general de la Dirección General de Tráfico durante los últimos gobiernos de Zapatero, de idéntico nombre y apellidos. Comparado con todo lo que tendrían que afrontar en dos años y medio de discutido mandato al frente de los socialistas catalanes se trataba de una cuestión menor. La lista es prolija y jugosa: nuevo batacazo electoral en 2012; tensiones constantes con la dirección federal del partido por la posición favorable al llamado derecho a decidir; mayores tensiones si cabe con un sector crítico al que Navarro nunca logró embridar y que ha terminado abandonando la formación y una postura de fuera de juego permanente entre la ofensiva secesionista de la consulta encabezada por Artur Mas y ERC y el crecimiento exponencial de Ciudadanos, el partido que le siega la hierba bajo los pies al PSC hasta extremos difícilmente imaginables hace sólo unos años.

Si su antecesor José Montilla perdió más de 200.000 votos entre las autonómicas de 2006 que permitieron revalidar el tripartito y las de 2010 que llevaron a Mas al Palacio de San Jaime, Navarro perdió aún más sufragios y pasó de 28 a 20 escaños en noviembre de 2012, perdiendo en favor de ERC el honor de ser la segunda fuerza política de Cataluña. Se evidenciaba así la dificultad de superar el declive de un partido que, hasta 2011, había ganado siempre las elecciones generales en Cataluña, incluso cuando el PSOE las perdió en todo el país en 1996 y 2000. Con una legislatura en la que CIU cambió al PP por ERC como compañero de baile, y en la que Ciudadanos, la formación liderada por Albert Rivera, logró por primera vez grupo propio con nueve representantes en el Parlamento autonómico, comenzó una difícil travesía del desierto para Pere Navarro, en la que quiso agarrarse como si de una tabla de salvación se tratase a un viejo concepto, el de Tercera Vía, aplicado a la situación catalana. El ejercicio de equilibrismo llegó al punto de dar libertad de voto a sus militantes para asistir a la cadena humana independentista del pasado 11 de septiembre, al tiempo que un mes después Navarro se dejaba ver con Rivera y la líder del PP catalán, Alicia Sánchez Camacho, en la conmemoración constitucionalista del 12 de octubre.

Molesto en Ferraz, molestias en Nicaragua

Lo cierto es que Navarro ha navegado entre dos aguas dentro y fuera de su partido. En febrero de 2013 se descolgó con una propuesta entonces casi extemporánea pero hoy de plena actualidad: que el Rey Juan Carlos I abdicase en su hijo el Príncipe Felipe, para que éste liderase, como estos días piden muchos, una segunda transición. La propuesta no sentó bien en Ferraz por el fondo pero tampoco por la forma, Alfredo Pérez Rubalcaba se enteró de la misma en su escaño, cuando se disponía a dar réplica a Mariano Rajoy en el Debate sobre el Estado de la Nación. El enfado del secretario general del PSOE fue mayúsculo. Tampoco sentó bien entre varios dirigentes socialistas la propuesta de Navarro de un concierto económico para Cataluña similar al vaso, "¡Se ha vuelto loco!" dijo captado por un micrófono indiscreto el hoy también de actualidad Eduardo Madina.

Pero pronto Navarro iba a experimentar los sinsabores de la discrepancia interna en sus propias filas. El sector más nacionalista del partido quería llevar hasta sus últimas consecuencias el apoyo genérico al "derecho a decidir" que siempre ha supuesto un punto de discrepancia con los hermanos mayores del PSOE. Y por ello promovieron el voto favorable a que el Parlamento catalán solicitase la transferencia de la competencia para convocar un referéndum secesionista a través del artículo 150.2 de la Constitución. La discrepancia se escenificó en un Consell Nacional del PSC celebrado el domingo 17 de noviembre en un clima de máxima tensión en la sede de la calle Nicaragua. La dirección obtuvo entonces 258 de los 309 votos, pero la clara derrota no arredró a los críticos, que llevaron su batalla hasta el punto de romper la disciplina del voto. Así lo hicieron el 16 de enero de este año tres de los diputados del grupo socialista: Marina Geli, quien fuese consejera con el Tripartito, Nuria Ventura y Joan Ignasi Elena. Un día antes uno de los críticos más señalados, el alcalde de Lérida Ángel Ros, abandonaba su escaño para evitar tener que votar en contra de las directrices del partido. La fuga masiva de cuadros dirigentes y militantes no había hecho sino comenzar, una situación que podría visualizarse en las municipales de dentro de un año, donde se augura un nuevo batacazo del partido y una nueva subida espectacular de Ciudadanos en muchos municipios de la comunidad.

La renuncia de Navarro se produce ahora en un contexto de desbandada general tras el Congreso extraordinario anunciado por Alfredo Pérez Rubalcaba, al que además de Navarro ha seguido Patxi López en el País Vasco. Pero ni siquiera eso puede ocultar el auténtico polvorín en que se ha convertido el que un día fuese uno de los dos partidos hegemónicos en Cataluña.

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