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Ruptura total entre Pedro J. y Casimiro

Después de un intenso intercambio de reproches entre Casimiro y Pedro J. El Mundo ha decidido no publicar la carta dominical del 'arponero'.

Libertad Digital
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Facebook de Pedro J. Ramírez | Facebook

"El día de hoy pasará a la Historia del periodismo español. Desde luego para mal. Pero tal vez también para bien", dice en Facebook este domingo Pedro J. Ramírez. El exdirector de El Mundo, y ya también excolumnista del diario que fundó, publicó anoche en Facebook y en medium.com su carta dominical de "un arponero ingenuo" que finalmente no se publicará en el diario El Mundo.

Según se ha podido saber, en el que hasta hace poco era su diario, le han dado poco más de 48 horas para que vacíe su despacho. "Por primera vez en más de 25 años he sido censurado y excluido del diario que fundé y al que he dedicado días y noches, alma, corazón y vida", decía en redes sociales en la mañana de este domingo.

Pero, ¿qué dice esta carta de arponero que no ha querido publicar Casimiro? Después de los intercambios públicos de pareceres de los últimos días, Pedro J. dedica su carta, no a Casimiro ni al diario El Mundo, sino a Mariano Rajoy a quien dirige un torrente de adjetivos al compararle con "el estafermo" -muñeco giratorio que se empleaba para entrenar a los caballeros en las justas medievales-.

"Crustáceo exánime" es sólo uno de los calificativos que le dedica Pedro J. al señor de la Moncloa. Dice el exdirector de El Mundo que al final vio la luz y descubrió quién es "el Rajoy que nos gobierna: una veleta manejada por el viento, un diapasón que reverbera sonidos externos, un gongsobre el que golpea el mazo ajeno, un pelele en el torneo político que sirve la misma carambola de saco de las bofetadas y títere de cachiporra".

En su carta, titulada "El estafermo", Pedro J. dice que "Rajoy no existe", porque "Rajoy somos los otros: nuestros errores y fracasos, nuestra autodestructivas reglas del juego que han parido una encastada cupulocracia. De la ausencia de los mejores pasamos primero a la presencia de los peores, luego a la nada con gaseosa y en este mascarón de proa ya ni siquiera quedan las burbujas".

En algunos de los párrafos, el arponero afila su lanza: "Fuimos inventando al Rajoy inanimado, el autómata sin iniciativa, el papamoscas de la catedral de Burgos, el hombre sin atributos de Musil, relator de una acción paralela que nunca llega a ocurrir". Cuando Rajoy "te da una leche por la espalda", no "es él sino tú mismo con tu exceso de velocidad" porque "tampoco fue Rajoy", dice Pedro J. con ironía, "la corrupción en Génova".

Dice también el exdirector de El Mundo que fueron Gallardón, Arenas y Camps quienes "alquilaron enseguida" al estaformo de Rajoy y "se jodió el Beluchistán" porque "Rajoy empezó a hacer de Rajoy" que ganó por mayoría absoluta después de que el PSOE sacara "del desván a un paquete perdedor".

En cualquier caso, para Pedro J. "a pesar de su leyenda negra, ni siquiera es un malvado. El mal necesita esmero y diligencias. Si te da con la estaca es por inercia. Le sacas los SMS en portada y eres tú mismo el que activas, con ese idealismo que te lleva a ir por todas sin cubrirte las espaldas, el código rojo de las defensas nucleares que manejan al unísono el poder político y el económico". Tras esta reflexión, exclama Pedro J: "¡Cuántos de los implicados en mi acoso y derribo no se arrepentirán ahora, a la vista de este CIS que augura lo peor, por haber desaprovechado aquella ocasión en la que tuvieron a huevo rescindirle el contrato al estafermo!".

Disiente de Arturo Pérez Reverte por comparar a Rajoy con un conejo paralizado en la carretera "ante los faros de un automóvil", "para mi que es un crustáceo exánime", dice Pedro J. para quien "esto ya no se arregla a bocinazos" porque Rajoy, "el estafermo" siempre "permanecerá estólido en su estrago. Lo suyo no es coyuntural sino ontológico. En lo que sí tiene razón Pérez Reverte", termina Pedro J. "es cuando añade que lo malo es que nos van a atropellar a todos. Por eso no veo más salida de emergencia que la de la calle del Farol Viejo, tal y como la dibujó Gustavo Doré, con la trompetera parca arrastrando hacia al más allá no sólo el alma del finado sino también las de sus hechuras de ficción".

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