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La estatua en Madrid de Blas de Lezo enerva a CiU en Barcelona

Acusan a "España" de homenajear a un "marino que bombardeó la capital de Cataluña en el asedio de 1714".

(Barcelona)
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Ni muerto se libra el almirante Blas de Lezo, "mediohombre" para los ingleses y ahora nuevo enemigo de la "patria" catalana, de los improperios y ataques a su figura. Un jovencísimo Blas de Lezo (25 años) participó en la Guerra de Sucesión a bordo de un navío de la Armada borbónica cuya misión era impedir la llegada de ayuda inglesa por mar a los autracistas que resistían el asedio de la ciudad.

A esas alturas de la historia, De Lezo ya era capitán y mandaba el Campanella, equipado con setenta cañones. La sola mención de su nombre provocaba el espanto en los barcos ingleses. Con sólo quince años un cañonazo le provocó la amputación de la pierna izquierda por debajo de la rodilla. Poco tiempo después, en la defensa de la fortaleza de Santa Cristina de Tolón, una esquirla le revienta el ojo izquierdo. De esa guisa comparece el genial marino español en la costa de Barcelona. Su barco se acerca tanto a las defensas del litoral que una bala de mosquete le destroza el antebrazo derecho.

Ese episodio, junto a la estatua que se inaugura este sábado en la plaza de Colón de Madrid, es el que ha provocado las iras de los nacionalistas catalanes, alentada en las redes sociales por el ignoto concejal de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, un convergente llamado Jaume Ciurana, también diputado provincial, que acudió a "la coronela" de Twitter para arremeter contra De Lezo y su estatua, una reparación muy tardía de su honor en España. A Lezo se le considera en Colombia un héroe nacional. Su defensa de Cartagena de Indias en 1741 prolongó la existencia del imperio español, el dominio de las rutas comerciales del Atlántico, hasta la batalla de Trafalgar.

La desproporción de fuerzas en Cartagena de Indias era de tal naturaleza que el almirante inglés, Vernon, estaba tan seguro de su victoria que mandó acuñar unas monedas en las que aparecía de Lezo de rodillas ante el británico. No hubo tal, sino todo lo contrario. El intento de desembarco, que movilizó casi doscientos barcos, dos mil cañones y veinte mil soldados, se saldó con una aplastante victoria española. El Reino Unido trató de ocultar el desastre como si fuera un episodio marginal, pero convirtió a Blas de Lezo en una leyenda y en un icono, el del pirata cojo, manco y tuerto. De Lezo murió meses después de aquella gesta, en septiembre de 1741, a consecuencia de la peste provocada por los cuerpos insepultos, en su mayoría ingleses, y sin los honores que le correspondían, habida cuenta de una intriga palaciega en la que se acusó a De Lezo de haber desobecido las órdenes del gobernador civil de la plaza.

La estatua que hoy se inaugura en la plaza de Colón de Madrid se ha erigido por suscripción popular.

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