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Cuando Rivera se hartó de Rajoy

El líder de Ciudadanos decidió en su escaño endurecer el tono con el líder del PP al ver su actitud en la tribuna y la "marrullería" de su bancada.

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Cuando Rivera se hartó de Rajoy
Albert Rivera. | EFE

Albert Rivera lleva a gala -sus más próximos política y personalmente lo repiten sin cesar como elogio- no escribir nunca sus discursos. Su debut como parlamentario nacional el miércoles no fue una excepción. El líder de Ciudadanos permaneció en su escaño tres horas antes de subirse por primera vez a la tribuna de oradores. Un tiempo en el que fue elaborando un bosquejo de discurso, a modo de esquema, del que dio cuenta en Twitter su compañero de filas Fran Hervías, sentado muy cerca de su jefe de filas.

Además, se le vio dialogar mucho con su portavoz, Juan Carlos Girauta; consultar el móvil; hacer gestos de aprobación (casi todos a Pedro Sánchez) y de desaprobación (fundamentalmente a Mariano Rajoy y a Pablo Iglesias) e incluso lanzar guiños y miradas cómplices a sus padres y a su pareja, sentados en la tribuna de invitados, que se extenderían a su discurso, cuando citó a su progenitor, comerciante como sus abuelos y sus tíos, para defender las medidas en favor de los autónomos.

Y hasta aquí hemos llegado

Lo que nadie pudo ver por televisión, ni siquiera in situ, es el instante en que el Rivera decidió que ya no había ninguna opción de que Mariano Rajoy pueda liderar un Gobierno. En un momento dado, viendo el tono faltón del presidente del Gobierno en funciones, particularmente cuando minusvaloró la capacidad intelectual de sus oponentes con el latiguillo "lo voy a explicar de manera que hasta ustedes lo van a entender", Rivera pensó que hasta ahí se había llegado y comenzó a rehacer sus notas para cambiar su discurso, finalmente mucho más agresivo con el líder del PP de lo que estaba previsto.

La "marrullería" de la bancada popular una vez estaba en el uso de la palabra, denunciada al término del debate por Girauta, terminó de convencerle de su tono severo. Uno de sus colaboradores transmitía en privado la sorpresa e indignación con los diputados del primer partido de la cámara, algo que, afirmaba, Rivera no había vivido ni siquiera en el Parlament de Cataluña.

Este mismo jueves, en rueda de prensa, Girauta ha manifestado su profundo desagrado con el abucheo que recibió el presidente de Ciudadanos cuando empleó el catalán precisamente para defender la unidad de España, al tiempo que respondió el "Visca Catalunya Lliure" de un diputado nacionalista con un "Visca Cataluña lliure de corrupción". El portavoz centrista señalaba el hecho de que los populares no hubiesen abucheado a otros portavoces, como el de ERC, Joan Tarda, cuando emplearon el catalán. Además, aseguraba que la número dos del PP, Dolores de Cospedal, comenzó a gritarle a Rivera: "Así no te entiendo".

No es inédito en el discurso de Ciudadanos el severo juicio que merece la declinación o "pasapalabra" de Rajoy ante el Rey. "Pocas bromas con el jefe del Estado" ha llegado a decir en alguna ocasión Girauta. Tampoco la consideración de que quien no ha limpiado su casa de corrupción no puede regenerar España. Pero lo sucedido el miércoles, cuando además Rajoy utilizó torticeramente el reglamento, sin que Patxi López se lo impidiese, para replicar a Rivera, ha supuesto para el líder centrista un paso irreversible.

La desconfianza hacia Rajoy es total, los puentes están rotos, y así lo van a trasladar, cada vez con mayor claridad, los dirigentes de Ciudadanos, que seguirán abogando a partir del sábado, cuando se consume la fallida investidura de Sánchez, por un acuerdo a tres con populares y socialistas, pero sobre la base de las 200 medidas pactadas con el PSOE.

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