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El vicepresidente del CAC, obligado a utilizar el español para orinar

El periodista Salvador Alsius, segundo en el órgano censor de la Generalidad, denuncia otro "atropello" contra el catalán.

Salvador Alsius, un comunicador nacionalista de la cantera de TV3, ha denunciado, otra vez vía "Twitter", las "humillaciones" que padecen quienes hablan catalán. El servicio no les entiende, el personal subalterno no habla catalán, los recién llegados se muestran refractarios a abrazar el "idioma de la tierra". Esta vez le ha tocado el papel de "víctima" al actual vicepresidente del Consejo Audiovisual de Cataluña (CAC), el órgano de censura informativa y reparto de frecuencias de la Generalidad.

A Alsius, según relata en un conmovedor mensaje en la red social, no le ha quedado más remedio que rebajarse a hablar español en la estación de trenes de Sitges, la localidad turística cercana a Barcelona. Alsius tenía una urgencia de carácter mingitorio, unas acuciantes aguas menores, un ataque de incontinencia urinaria que podría haber acabado en la tragedia de mearse los pantalones. Tal ha sido su sofoco que tras aliviarse ha emitido un "tuit" con el siguiente texto: "Em pot dir on són el serveis? No hi ha hagut manera. Disculpeu però li he acabat demanant en castellà. No m'aguantava més". ("¿Me puede decir donde están los servicios? No ha habido manera. Disculpad pero se lo he tenido que pedir en castellano. No me aguantaba más").

Fuentes de toda solvencia han aclarado que el problema de Alsius no era una indisposición intestinal, sino una urgencia prostática surgida en la estación de trenes de Sitges, cuya gestión pertenece a la Generalidad tras el traspaso de las cercanías al gobierno autonómico catalán.

Tercer caso pues en menos de una semana de "discriminación" lingüística, de atropello y menoscabo. En Cataluña, aunque parezca lo contrario, es muy complicado conseguir un trabajo si no se entiende el catalán. Sin embargo, los partidarios del proceso separatista han emprendido una campaña, al pairo del caso Quimi Portet y el camarero de Baleària, con la que pretenden demostrar que lo que no se puede es desayunar, comer e incluso hacer las necesidades fisiológicas sólo en catalán.

Alsius, a diferencia de Portet, se ha abstenido de fotografiar al mozo de estación que no ha entendido sus requerimientos en la lengua de Pompeu Fabra. El cargo institucional que ocupa Alsius, vicepresidente del CAC, otorga a su denuncia un punto de veracidad y contraste absoluto, no en vano es un modelo de periodista al servicio de la lengua catalana y la noción de nación, una figura de TV3 y un informador reconocido en el "star system" mediático catalán.

Y por si fuera poco, ya no es que no se pueda tomar un café con leche en catalán o cenar servido por un filólogo de catalán en paro. Es que ni siquiera se puede evacuar o miccionar, gestos muchos veces reflejos y mucho más imprescindibles que desayunar.

Más de treinta años de inmersión lingüística, de multas por rotular en español, de cursos, campañas, propaganda y subvenciones y todavía no es posible hacer aguas menores en catalán. Persiste la opresión españolista.

Alsius cobró más notoriedad cuando declaró que vivía en comuna desde los años setenta, con su señora y otras dos parejas. Habían criado a los hijos de cada cual como si fueran de todos, confesó cuando la diputada de la CUP Anna Gabriel se mostró partidaria de una organización social de carácter tribal.

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