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¿Por qué Rivera no se levantó para votar a Rajoy?

PP y Ciudadanos tratan de restañar heridas tras una tensa semana rematada por el caso Soria, que les aleja aún más. 

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¿Por qué Rivera no se levantó para votar a Rajoy?
Albert Rivera, Juan Carlos Girauta y José Manuel Villegas, durante un momento del debate de investidura. | EFE

Pasó casi inadvertido, pero no fue casual. Durante la votación del viernes del debate de investidura, Albert Rivera y sus principales colaboradores decidieron algo poco habitual en ellos: un gesto de desprecio dentro del hemiciclo. Ni el líder de Ciudadanos ni los que se sientan junto a él en la primera línea de escaños se levantaron a la hora de decir "sí" al candidato Mariano Rajoy, como habían hecho el miércoles en la primera votación y como es la costumbre en todos los debates de investidura.

El desprecio fue más notable cuando desde la mesa se llamó a votar al número dos del partido centrista, José Manuel Villegas, persona distinguida siempre por sus buenas formas, en público y en privado. En ese momento fingió un despiste mientras consultaba su teléfono móvil, provocando que desde la mesa se le tuviese que llamar dos veces.

El discurso del portavoz del PP, Rafael Hernando, insólitamente agresivo con el único grupo parlamentario que había respaldado la investidura (también lo hizo la diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas) terminó de provocar la indignación de los centristas, que al término del debate lo calificaban en privado de "bajeza intolerable". Bien es cierto que fue precedido de la intervención de Albert Rivera, en la que no se privó de volver a cuestionar a Rajoy y de poner sobre la mesa de nuevo su posible sustitución por un "candidato viable" que, según fuentes del partido naranja, sólo podría ser del mismo PP.

Mensajes de WhatsApp entre Rafael Hernando y Villegas

La misma noche del viernes los propios Hernando y Villegas intercambiaron varios mensajes de WhatsApp, en los que el número dos de Rivera le reprochó el fondo y la forma de su intervención desde la tribuna de oradores. Desde entonces las relaciones se han encauzado tibiamente, y el mismo sábado Mariano Rajoy y Albert Rivera hablaron por teléfono, informa Pablo Montesinos.

Sin embargo, la proposición del exministro de Industria, José Manuel Soria, para un puesto directivo en el Banco Mundial, duramente criticada por Rivera este fin de semana, no ha ayudado a ese encauzamiento de las relaciones. Este domingo el secretario general del grupo parlamentario de Ciudadanos, Miguel Gutiérrez, reiteraba su desconfianza hacia el presidente del Gobierno en funciones, expresada por el líder del partido durante el debate: "Nosotros no nos fiamos, ya lo dijo Rivera en la tribuna, y la prueba es lo que ha ocurrido". Gutiérrez anunciaba además que se sumarán a las peticiones de comparecencia del ministro de Economía en funciones, Luis de Guindos, realizadas por el PSOE y Podemos para que explique en el pleno de la cámara baja las razones de postular a quien tuvo que abandonar el Ejecutivo por su relación con los Papeles de Panamá.

La oferta de colaboración a Feijóo

La Ejecutiva de Ciudadanos se reunirá este lunes para evaluar la situación política, al día siguiente de que el propio Rivera haya dado un paso para ofrecerle a Alberto Núñez Feijóo una colaboración después de las elecciones gallegas igual o más profunda que la que mantiene Ciudadanos con Cristina Cifuentes en La Comunidad de Madrid, cuya investidura y primeros presupuestos ha respaldado.

El líder de Ciudadanos, durante un acto en La Coruña junto a la candidata gallega, Cristina Losada, hablaba incluso de la posibilidad de llegar a un "acuerdo de legislatura" con el PP, algo que Ciudadanos no ha hecho hasta ahora en ningún Gobierno autonómico. El sábado, en Vitoria, junto al candidato centrista en Euskadi, Nicolás de Miguel, Rivera pedía al PNV que se implicase en la "gobernabilidad" de España y sugería un apoyo de Ciudadanos para alejar las "opciones radicales" del Ejecutivo vasco.

Rivera instó asimismo a Rajoy y a Pedro Sánchez a encontrar un "espacio común" que pueden ser, a su juicio, las cien medidas del acuerdo de investidura que coinciden con las firmadas en el pacto de Gobierno alcanzado en marzo con el secretario general del PSOE. Por si quedaba alguna duda, Rivera atacaba de nuevo desde diversos ángulos a Podemos y a Pablo Iglesias, alejando cualquier posibilidad de una entente a tres con las "fuerzas del cambio" como las citó en el debate Pedro Sánchez. "Qué mal ha envejecido el populismo" ironizó en Coruña sobre la intervención de Iglesias en el debate del viernes. Pocos minutos antes, preguntado por esa posibilidad en Madrid, Miguel Gutiérrez era tajante: "Un pacto con casi más de veinte o treinta partidos nosotros no creemos que sea un proyecto viable para España".

Lo cierto es que, hoy por hoy, la hasta hace poco fluida comunicación de Rivera con Sánchez es prácticamente inexistente, y en ninguno de los dos escenarios que se abren después del 25 de septiembre, el gallego y el vasco, parece posible una colaboración de socialistas y centristas. Todo lo contrario que con el PP, que podría tener en el grupo que liderará Cristina Losada su única posibilidad de mantener el poder en Galicia, uno de los bastiones autonómicos que le quedan tras haber perdido el año pasado Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Cantabria, Baleares y Navarra, donde gobernaba su socio UPN.

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