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El Gobierno admite un estancamiento en las encuestas pero se consuela con "el giro a la desesperada" de Rivera

Los socialistas ya no niegan los evidentes "signos de desaceleración" pero creen que "aún es pronto" y queda mucho para conseguir movilizar.

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Los socialistas ya no niegan los evidentes "signos de desaceleración" pero creen que "aún es pronto" y queda mucho para conseguir movilizar.
Albert Rivera, en la ejecutiva de Cs. | EFE

Ya no lo niegan. Los socialistas constatan los datos que señalan las encuestas: el PSOE se estanca en torno al 28/29% de voto y una horquilla de 121/123 escaños. Un umbral que abocaría al PSOE a pactar con los mismos socios de investidura, Podemos y los independentistas, y que haría responsable directo a Pedro Sánchez de repetir elecciones porque "para este viaje, no hacían falta estas alforjas".

Sin embargo, quien no se consuela es porque no quiere y en el PSOE se aferran a tres consuelos concretos. Primero, a que "todavía no hay tensión ni competencia política" porque queda más de un mes para las elecciones del 10 de noviembre, lo cual hace que sea "imposible de predecir" el resultado del PSOE más allá de lo que hoy reflejan los sondeos a modo de "un titular de prensa".

Segundo consuelo: el PP, cuya distancia sobre el PSOE está aún "muy lejos". "No hay rival", se felicitan en el PSOE en donde constatan el modo zen de Pablo Casado: "Parece que se ha comido un buda", bromean en relación al tono relajado del líder del PP respecto a la anterior campaña electoral del 28 de abril: "El felón ha muerto". Un tono distendido que pretende proyectar moderación y transversalidad pero que, para el PSOE, no le permitirá arañar más de 90 escaños, lo cual supondría subir más de veinte parlamentarios, pero partiendo de un suelo inusualmente bajo de 66 diputados.

Y luego esta el tercer consuelo: Ciudadanos y el nuevo giro "a la desesperada" de Albert Rivera. Una "enmienda a la totalidad" del líder centrista que levanta el veto impuesto en las pasadas elecciones del 28-A y el 26-M y se abre ahora a pactar con el PSOE de Pedro Sánchez, y que los socialistas no se creen pero de lo que se congratulan. Es más, se muestran sorprendidos por un movimiento que no entienden porque "nos beneficia a todos salvo a ellos mismos".

Miembros del Ejecutivo comparan incluso a Rivera con un jugador de tenis que comienza con "movimientos torpes y ya no es capaz de remontar el partido". Otros, dan el salto al atletismo: "Rivera se ha salido de su calle, está desfondado"; y unos terceros se frotan las manos porque creen que estos bandazos ahuyentan a "un electorado de por sí infiel y volátil que está expresando sus dudas en los estudios demoscópicos".

"Rivera no es creíble", dice una ministra, ni para su electorado ni para el propio Gobierno quien insta al líder naranja a romper los Ejecutivos autonómicos de Andalucía, Madrid y Murcia en los que vetó al PSOE y "se abrazó a la ultraderecha de Vox". Sería la única forma de tomarse en serio este viraje a juicio de una ministra que lo resume así: "No lo va a hacer, ¿verdad que no? Pues eso: es una jugada electoral y nada más".

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