
Al menos dos personas han perdido la vida este jueves en la violenta represión de la policía durante el quinto día consecutivo de manifestaciones contra el régimen de los ayatolás en Irán. La tensión se dispara en varias provincias del país, espoleada por el imparable deterioro de la situación económica, la grave crisis energética y el hartazgo contra una dictadura que lleva cuatro décadas y media sojuzgando a los iraníes.
Los incidentes mortales han tenido lugar en la ciudad de Lordegan, en el oeste del país. Según la agencia oficialista Fars, la violencia se desató cuando grupos de ciudadanos lanzaron piedras contra la oficina del gobernador y efectivos de las fuerzas de seguridad, además de quemar neumáticos e intentar incendiar infraestructuras.
La ONG Hengaw ha confirmado que las víctimas, de 21 y 28 años, cayeron abatidas después de que las fuerzas represivas del gobierno abrieran fuego contra los manifestantes. Existe información sobre un posible tercer fallecido aún sin confirmar.
El régimen, a través del fiscal de Kodasht, justifica la actuación policial alegando "disturbios" y consignas desestabilizadoras, según ha declarado en la televisión iraní: "Algunas personas han provocado disturbios coreando consignas desestabilizadoras y realizando actos destructivos". Según la versión oficial de la teocracia islámica, los enfrentamientos han dejado un agente muerto, trece heridos y 20 manifestantes detenidos.
¿Está el régimen más débil que nunca?
Este estallido social coincide con la asfixia financiera de millones de iraníes ante las sanciones económicas de Estados Unidos. Washington, junto a Israel, mantiene su presión sobre el programa nuclear del régimen de los ayatolás.
La situación de la dictadura teocrática se ha deteriorado en los últimos meses fruto de las sanciones económicas y también del desprestigio que ha supuesto para los ayatolás el catastrófico resultado de su enfrentamiento con Israel y Estados Unidos, que ha demostrado que el ejército de Irán es incapaz de responder a los ataques aéreos en su propio suelo.
La única arma de los ayatolás fue el lanzamiento masivo de cientos de misiles y drones que en su inmensa mayoría fueron interceptados antes de alcanzar sus objetivos y que solo sirvieron para matar a algo menos de treinta personas, un resultado dramático, por supuesto, pero sin el más mínimo valor estratégico.
Por otro lado, el régimen teocrático también ha visto en los últimos años que la mayor parte de su red de influencia en Oriente Medio se derrumbaba de forma estrepitosa: Israel ha destruido en buena medida a sus dos proxis terroristas –Hamás y Hezbolá– y además el régimen de Bashar al-Asad también caía en Siria, lo que para muchos iraníes ha hecho todavía más indignante que, mientras el pueblo de Irán se viene enfrentando a serias dificultades económicas, los ayatolás hayan invertido miles y miles de millones en estos aliados para finalmente no obtener más que estrepitosas derrotas.

