
Borja Cabezón, prácticamente el único amigo que le queda ya a Pedro Sánchez en Ferraz, tras la masacre sufrida en la cúpula del partido por los casos de corrupción y de acoso sexual que acabaron con las carreras de José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Paco Salazar, se ha visto hoy señalado por una exclusiva de El Confidencial según la cual el también adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE usó una estructura de empresas falsas y testaferros para eludir el pago de impuestos.
Borja Cabezón no sólo es amigo íntimo de Pedro Sánchez sino que, en la actualidad, es seguramente la única persona de confianza que le queda en Ferraz tras la caída en desgracia de los anteriormente señalados, motivo por el que fue nombrado adjunto a la Secretaría de Organización del PSOE en julio de 2025.
La exclusiva de El Confidencial trae de actualidad un vídeo en redes sociales en el que el hoy presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decía en febrero de 2025 que "si alguien en mi partido tiene una sociedad interpuesta para pagar la mitad de impuestos que le toca pagar, esa persona al día siguiente estaría fuera de mi ejecutiva".
Pedro Sánchez: "Si alguien en mi partido tiene una sociedad interpuesta para pagar la mitad de impuestos, estará fuera al día siguiente" pic.twitter.com/e7cCIDwSOU
— MALDITA HEMEROTECA (@Mhemeroteca) June 13, 2018
Cómo era el entramado de Borja Cabezón
La mercantil del amigo de Sánchez, Glengrove Limited, la dirigía un humilde cartero de Costa Rica, que actuaba de testaferro. Además, y para ocultar su identidad, Borja Cabezón utilizó a un empresario español con el que aparentemente no tenía relación, Alejandro Molina. Pero en 2015, cuando Cabezón se presentó a la alcaldía de Majadahonda como cabeza de lista del PSOE, Molina ocupó un puesto de suplente en su lista, y entre 2021 y 2025, ambos fueron consejeros de la misma empresa de renovables.
Como cuenta El Confidencial, la trama de Borja Cabezón para eludir el pago de impuestos era relativamente sencilla, pero requería de la participación de muchos actores. Consistía en la creación de una especie de UTE pero entre una empresa española y una extranjera (en este caso, del Reino Unido): una AEIE, una Agrupación Europea de Interés Económico, donde la española —Divinal SL— tenía una participación minoritaria —el 20%— y casi todos los beneficios los percibía la socia extranjera —que poseía el 80% restante—, que no tributaba y estaba domiciliada en una planta baja de un barrio del norte de Londres, fuera completamente del radar de la Agencia Tributaria española. Las AEIE pagan IVA pero no Impuesto de Sociedades.
La operativa era la siguiente: los trabajos los realizaba Divinal SL, se facturaban a través de la AEIE y el 80% de los beneficios se quedaban en Londres, por lo que Borja Cabezón sólo tributaba por el 20% de lo que realmente había ganado.
Cabezón, además, utilizaba otros dos trucos o trampas para pagar aún menos impuestos y para dificultar el rastreo de quién era el propietario de toda la estructura societaria. Por un lado, podía usar la sociedad extranjera de la AEIE para cargar gastos ficticios a la española, reducir así sus beneficios y, en consecuencia, el pago de impuestos. Por otro, utilizar testaferros en la empresa británica de la AEIE, en este caso, unos empresarios costarricenses de barrios humildes de San José.
