España en llamas
Es menester acabar con la "incultura" del cambio de clima para empezar a poner un poco de racionalidad.
España se desmorona. El Gobierno nos lleva al precipicio. Las llamas del incendio rodean la capital de España. Mañana mi amigo tiene que trasladarse de Valladolid a Madrid. Tiene cita con su médico. Tiene billetes de ida y vuelta, pero se teme lo peor. No puede prever nada. No puede hacer otro plan que no sea rogar a Dios para que no le pase alguna desgracia. La falta de previsión y gestión del Gobierno sanchunero nos pone al borde del caos. Los medios se han convertido en fines. Mi amigo vive en vilo como otros tantos millones de españoles. Pareciera que nos hemos acostumbrado a soportar un Gobierno que se parece más a una banda de delincuentes que a unos gestores responsables. ¿O acaso no es un conducta delictiva culpar al cambio climático de los incendios? Y si no es una actitud criminógena susceptible de ser tratada con el rigor del Código Penal, entonces es algo peor. Estamos ante un gobierno nihilista.
Peor que satánico es el Gobierno de Sánchez, pues que no estimándose a sí mismo, y sintiéndose un inútil para solucionar un problema de tal envergadura, busca compensar su atroz enfermedad negando cualquier tipo de valor. Si yo no puedo solucionarlo, viene a decir el jefe del Gobierno, entonces nunca podrá atajarlo Feijóo ni ningún otro partido. Sí, culpar al cambio climático de los incendios forestales de España es una terrible sandez propia de un nihilista. Sánchez y su Gobierno, por falta de previsión y perversa gestión —repitámoslo las veces que sean necesarias—, son los principales culpables de las catástrofes incendiarias. Ese mantra ideológico del cambio climático no aguanta un asalto. Es cualquier cosa menos una teoría. Ésta implica distintas formas de comprensión de la realidad, relacionadas entre sí, como son la percepción, la contemplación racional y la visión inteligente del fenómeno estudiado. Ninguno de esos factores aparecen cuando alguien lo fija todo a una abstracta frase sobre "la culpa es del cambio climático". Falso.
España arde por todas partes y el primer culpable de la catástrofe es Pedro Sánchez. Va siendo hora, pues, de llamar a las cosas por su nombre. Entre criminales y políticos anda el juego. Todos están infectados por el virus "ecologista". Tenemos que mirar con desprecio el submundo ecologista; si algo revelan estas tragedias del fuego, es que cientos de organizaciones ecologistas pudieran ser llamadas con propiedad criminales. Todas sus organizaciones deberían estar prohibidas o, al menos, perseguidas para que pudieran vivir libremente los agricultores y ganaderos, que han sido siempre los primeros interesados en acabar con los incendios.
Es menester acabar con la "incultura" del cambio de clima, que atraviesa todos los estamentos del Estado, empezando por el de los partidos políticos, y de la sociedad, para empezar a poner un poco de racionalidad. Aquí no se salva nadie. Cientos de organizaciones ecologistas, conocidas por "ecologetas", están subvencionadas por el el gobierno central del Estado y por todos los mesogobiernos regionales y locales. Mientras las administraciones no dejen de subvencionar a esa gente, seguirá habiendo todo tipo de incendios. Mientras las administraciones no detengan los embrollos de los ecologistas, no habrá paz en el mundo rural y ganadero. Mientras no nos enfrentemos de cara al rollo ideológico de los ecologistas, no nos quedará otro remedio que el medieval: "Sea lo que Dios quiera".
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