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Rajoy y Rubalcaba sacan a ETA del debate y entran en campaña

El presidente saca pecho de las reformas y centra el debate en la economía y Cataluña. Ni él ni Rubalcaba hablan de ETA.

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El presidente acudía al Parlamento, en su debate más importante, a proclamar un cambio de tendencia y recitar una serie de medidas que, a su juicio, confirman la recuperación. También quiso reiterar su postura sobre Cataluña con la solemnidad que ofrece el Congreso: siempre dispuesto al diálogo, sin fecha de caducidad, pero dentro de los márgenes de la ley. Y nadie le movió de sus planes a pesar de los intentos infructuosos de Alfredo Pérez Rubalcaba.

Así, Mariano Rajoy y el líder de la oposición entraron en campaña a su modo. El primero, centrándose en la economía y vendiendo el "nuevo rostro" del país. El segundo, elevando el tono e intentando hablar de cuestiones espinosas para el Ejecutivo como el aborto. Ambos, en todo caso, sí parecieron coincidir en dos asuntos de Estado. No se hicieron daño sobre Cataluña -el presidente marcó de nuevo las líneas rojas y Rubalcaba se limitó a pedir diálogo- y omitieron toda referencia a la banda terrorista ETA. Ni una mención, ni un solo mensaje de cariño a las víctimas, salvo llegado el turno de la portavoz de UPyD.

Fuentes del Ejecutivo reconocieron a este diario que, más allá del ardor del debate, ambos mantienen una interlocución fluida, también sobre ETA. En todo caso, el presidente tiene pensado fijar postura sobre esta cuestión en su réplica a las formaciones vascas; ya sea el PNV o Amaiur.

La economía, el eje de Rajoy

Partiendo de esta base, para el Gobierno, hubo guerra de titulares, pero no de datos. "El panorama apocalíptico es desmentido por los hechos y la opinión pública es consciente de su error", le espetó Rajoy al líder de la oposición. Los populares creen que su líder "ganó" el debate porque desde el PSOE no presentan un proyecto económico y la hemeroteca les sigue lastrando. El presidente la utilizó para desarmar a Rubalcaba: en 2010 decía que "la economía española sigue su lenta recuperación" y en 2011 que "España es un dique infranqueable".

"Vamos a hablar de datos objetivos", le reclamó en varias ocasiones el jefe del Ejecutivo. Mientras, desde su gabinete hablaban de "ofensiva por el empleo" y ponían en valor las reformas anunciadas. "Suma y sigue", se leía en el argumentario mientras Fátima Báñez, la ministra de Empleo, era felicitada por cargos populares.

En ocasiones, pareció un debate de sordos. Rubalcaba le pidió explicaciones por el aborto y la financiación ilegal. Otros sacaron a colación la crisis que atraviesa la Corona. Pero Rajoy desdeñó estos temas para seguir a su libro. "Usted ha hecho una ensalada de titulares, uno detrás de otro", le espetó a Rubalcaba, para a renglón seguido insistir en que España va mejor y la recuperación es un hecho. "Si van tan mal las cosas, ¿por qué las agencias de calificación dicen lo contrario?", expuso.

El rifirrafe entre ambos fue tenso, bronco. "Rubalcaba creía que estaba en un mitin", repetían los parlamentarios del PP, que llevaban en la mano el documento de Moncloa sobre las medidas y aseguraban que "eso es lo importante". Para Rajoy, el líder de la oposición fue de principio a fin un demagogo. "Lo que le reprocho es la demagogia que utiliza ahora. ¿Cómo puede hablar de ricos y de pobres? ¿Cómo puede darme lecciones de lo que pagan los ricos y los pobres?", le dijo.

Pide sentido de Estado sobre inmigración

Rajoy quiso centrarse en la economía y el líder del PSOE no explicó "qué pasó con el sistema eléctrico" cuando gobernaba. Sí se permitió una licencia sobre la inmigración ilegal, de la que apenas dio una pincelada en el discurso inicial. Y lo hizo para reclamar a Rubalcaba que recupere el traje de Estado. "Yo nunca le he reprochado nada", le recordó. "Las concertinas las pusieron ustedes, ¿por qué entonces nos critican a nosotros?". En este asunto, le imploró: "Deje de lado la demagogia y haga lo que hicimos algunos".

"No puedo entender cómo puede subir aquí a decir exactamente lo contrario de lo que piensa y lo que hizo", le atacó volviendo a la economía. "Ni una razón, ni un argumento, ni un dato", insistía. "¿Qué va a decir de un estudiante que se va al extranjero?", ¿Qué me habla de educación?", le fue replicando con dureza al líder socialista sin entrar en el fondo de la cuestión. "Sigue sin contestarme a lo esencial. Sigue sin hacer un planteamiento sobre la situación de España", le afeó.

En ocasiones, Rajoy esbozó esa media sonrisa que le delata cuando cree que está ganando. En todo caso, no hubo la euforia de otras ocasiones en los pasillos. La retranca política del presidente apareció en una frase, la última que le dedicó al líder de la oposición: "Yo no puedo mentir por usted porque no puedo competir, me considero muy inferior a usted".

El presidente y su gabinete ven en la economía la oportunidad para ganar las elecciones europeas. "No es ficción es realidad", argumentan. Y lo esgrimieron al máximo. "Estamos en otra etapa, más llevadera y más reconfortante, porque ahora se palpan los resultados, se confirma el acierto de las medidas adoptadas, y encuentran justificación los sacrificios", aseguró Rajoy a los españoles. Ni un guiño sobre una posible remodelación del gabinete mientras los ministros se mostraron más cerca si cabe del jefe. Según ellos, el baile de titulares les da la razón: del "España cerca del abismo" al "España es la nueva Alemania".

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