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Iglesias reclama el derecho a decidir "de todo y con todos"

El líder de Podemos dirigió sus críticas contra "la casta" pero también contra los periodistas a quienes tachó de "caniches rabiosos".

(Barcelona)
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Pablo Iglesias, tras su acto multitudinario en Barcelona | EFE

La capacidad de convocatoria del partido del trío Iglesias, Errejón y Monedero crece como una bola de nieve, así como el tono radical de su discurso. Ya no hacen promesas que se les puedan volver en contra, sólo atacan con dureza a Mariano Rajoy, a Artur Mas y a los periodistas, sobre todo a los periodistas. Ni Pedro Sánchez, ni Izquierda Unida ni el bloque separtista de izquierdas preocupan lo más mínimo a Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, que los mira por el retrovisor. Las encuestas, tanto en Cataluña como en el resto de España, los sitúan ya por delante de todos ellos, de modo que la izquierda es Pablo Iglesias, aclamado como "presidente" por los militantes y simpatizantes que abarrotaban su primer mitin en Barcelona y su primer mitin como secretario general de Podemos.

Ni tricolores ni esteladas

El escenario elegido por el líder de Podemos para su primera aparición en Cataluña, el polideportivo del Valle de Hebrón, construido para los Juegos del 92, se quedó pequeño hasta el punto de que había casi tanta gente fuera como dentro, en torno a unas tres mil personas, muchas de ellas con las camisetas violetas del partido. No había banderas, ni republicanas ni catalanas ni independentistas. Eso sí, el mobiliario urbano de la zona lucía pintadas con la tricolor que parecían marcar territorio y señalar el camino al pabellón.

Iglesias cosechó un gran éxito de convocatoria. Tanto que buena parte de los asistentes se quedó fuera del recinto | LD

Mezcla de acentos, con predominio del español, algunos silbidos a las dos primeras intervinientes, Gemma Galdón y Gemma Ubasart (más que probable candidata de Podemos en las elecciones autonómicas) por hablar sólo en catalán y apoteosis con Iglesias, de riguroso uniforme, camisa blanca arremangada, y verbo incendiario.

El primer palo se lo llevó el líder de las Candidaturas de Unidad Popular, David Fernàndez, el diputado que le enseñó la chancleta a Rato. "No os prometo nada, pero una cosa sí, que jamás me veréis dando un abrazo a Mas o a Rajoy". Era una alusión a la excelente relación que el dirigente de la izquierda antisistema independentista mantiene con Mas. A partir de ahí, los periodistas fueron los cabezas de turco de la retórica de Iglesias. Citó a unos cuantos, entre ellos Eduardo Inda, Alfonso Rojo e Isabel San Sebastián, con los que ha debatido en los platós de las televisiones, a quienes en dos ocasiones llamó "caniches rabiosos" y con quienes parecía realmente obsesionado el dirigente catódico.

Consignas

Iglesias fue breve y empezó calentando al auditorio en contra de la prensa. Tampoco hacía demasiada falta, puesto que los primeros gritos anti periodistas se produjeron cuando una nube de fotógrafos y cámaras de televisión impedía a la concurrencia contemplar con comodidad a su líder. "¡Luego diréis que somos o cinco o seis!", coreaba un público enardecido que combinaba esa cantinela con el ya clásico "¡Sí se puede!" e incluso con el futbolístico "¡A por ellos, oé!". De tanto en cuanto, un grupo de militantes de Podemos elevaba unas letras de porexpán con la frase "su odio es nuestra sonrisa".

Un asistente al acto de Podemos en Barcelona con una camiseta de Chávez | LD

En el plano político, Iglesias aseguró que "no somos independentistas, no somos unionistas, somos demócratas" por lo que apostó por el derecho a decidir "de todo y con todos". Se trata de un "proceso constituyente" que supera los límites del marco catalán. "Vamos a empezar con los titulares -dijo- y luego ya hablamos de otras cosas" fue el introito de Iglesias, que concedió al catalán sus primera palabras: "bon dia" y "avui comença el canvi". Ejecutó un discurso escueto. Tachó a Rato y Pujol de "traidores del pueblo", a populares y nacionalistas de "no tener más patria que el dinero" y alegó que no quiere que Cataluña se vaya de España: "Sé que la casta española ha insultado a los catalanes; nosotros preferimos tender puentes".

Admitió desconocer Barcelona y Cataluña, pero peroró sobre sus lecturas de la serie Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán como parte de su educación sentimental. Declaró que la renta per capita se había multiplicado en Pedralbes durante la crisis mientras que Ciudad Meridiana se llama ahora "Villa Desahucio" y auguró que 2015 será el año del cambio. El momento culminante fue cuando afirmó que "el poder no teme a los partidos de izquierda, sino al pueblo".

El 'expresident' Maragall

En la primera fila, pocos representantes de la casta. El más conocido, Joan Tardà, el dirigente de ERC, que asistía asombrado a la tensión, entusiasmo y no nacionalismo de los presentes. También estaba Pasqual Maragall, exalcalde de la Barcelona olímpica, expresidente de la Generalidad y aquejado de alzheimer. Algunos individuos protestaron por su presencia y lo tacharon de "representante de la casta". Ni Galdón, ni Usabart ni Iglesias hicieron mención alguna a la presencia de políticos de otros partido o a la de Maragall.

En la retina de los presentes, la imagen de un acto de masas en Barcelona sin la omnipresente estelada y la sensación de privilegio ante la cantidad de personas que no pudieron acceder al recinto. Mucha gente hacía cola a las puertas del recinto en la idea de que aún no se habían abierto cuando en realidad ya no cabía casi nadie más en el pabellón. Los miembros de los círculos de Podemos en diversas localidades catalanas habían copado las gradas y las sillas de platea del polídeportivo. Y lucían sus enseñas, pancartas moradas con el símbolo del partido, la palabra Podemos y la localidad respectiva, de todas las provincias catalanas. La policía autonómica reclamó a un miembro de la organización que saliera fuera y con un megáfono instara a desistir a los que pretendían entrar.

Candidata catalana

La candidata de Pablo Iglesias para las elecciones catalanas, Gemma Usabart, empezó su intervención diciendo que se había tenido que marchar de Barcelona hace cuatro años por culpa de la crisis y de la falta de oportunidades para los jóvenes, tras lo que apuntó que el viaje a Ítaca de Mas no es un viaje a la Grecia homérica sino a la Grecia de los recortes, lo que entusiasmó al público. Miembros y dirigentes de Podemos se mostraron sorprendidos por el éxito de convocatoria y concluyeron que deberán buscar un recinto más grande para su próxima "performance" catalana.

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