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Linchamiento en ‘La Vanguardia’ contra Gregorio Morán por criticar el manifiesto Koiné

Pilar Rahola y Francesc-Marc Àlvaro tachan a su compañero de La Vanguardia de "indecente" y "mentiroso".

(Barcelona)
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El diario digital del que fue director Oriol Junqueras, directe.cat, fue de los primeros en dar la voz de alarma y situar a Gregorio Morán en la diana por su artículo sobre el manifiesto Koiné. El domingo, ese medio vinculado a ERC, arremetía en un texto sin firma contra el periodista, escritor y columnista de La Vanguardia, a quien calificaba de "nacionalista español". Según ese medio, las críticas de Morán al manifiesto del Grup Koiné, que pretende erradicar el español de Cataluña y llama a los inmigrantes del resto de España "colonizadores involuntarios" son intolerables: "Morán aplica la estrategia del unionismo virulento -como hizo el vicepresidente de Sociedad Civil Catalana, Joaquim Coll, la semana pasada en El Periódico- de atizar el odio contra el independentismo para intentar reventar el proceso".

Este lunes amplificaba el ataque un compañero de Morán en La Vanguardia, el columnista Francesc-Marc Àlvaro, considerado como uno de los "intelectuales orgánicos" del nacionalismo. En un artículo en el diario de Godó, Àlvaro escribía: "Obviamente, la última inmigración, la deslocalización cultural, la globalización y las nuevas tecnologías obligan a revisar antiguas certezas, pero sin cargarnos nunca los consensos que han conjurado la división étnica. Algunos ­desde el centralismo y el unitarismo­ han aprovechado el manifiesto para soltar su odio obsesivo contra el nacionalismo catalán, como Morán. A él y a otros hay que recordarles que el único fascismo y racismo que hemos conocido los catalanes es el que fomentó el franquismo durante cuarenta años de dictadura. Las mentiras miserables no dejan de serlo aunque se repitan cada semana".

En opinión de Àlvaro, el manifiesto es defendible en algunos puntos pero inoportuno para "ensanchar la base social del independentismo".

Artículo "vomitivo" e "indecente"

Por si no había quedado claro lo que opina el nacionalismo de Morán, Pilar Rahola, referente editorial de La Vanguardia, le marcaba este martes. El manifiesto no le acaba de gustar, pero "mi opinión tiene poca importancia, porque ha sido tal la criminalización que han sufrido sus firmantes, que no existe debate, sólo una pira pública donde quemar a quienes, desde posiciones democráticas legítimas, consideran que, en un Estado catalán, la lengua oficial debería ser la propia del país, convencidos de que el bilingüismo es un instrumento letal para la salvación del catalán. Y muchos de los firmantes son sociolingüistas, de manera que hablan con conocimiento profesional".

El manifest, sí pero no, aunque lo que Rahola tiene claro es lo siguiente: "Algunos artículos, como el que circulaba el sábado cerca de este espacio, han sido tan vomitivos que duele mentarlos, pero, en conclusión, unos y otros, venidos de la orilla derecha o de la izquierda, han sacado la artillería mayor. Y ha sido así como gentes que han luchado por las libertades y que han defendido el catalán en los tiempos más difíciles han sido tachadas de 'fascistas', 'totalitarios', 'nazis' y 'racistas'. Y encima, algunos de los acusadores lo han hecho desde 'posiciones de izquierdas'. Aunque nada sorprende, porque hay progres muy sectarios y muy reaccionarios cuando se trata del tema catalán".

Y concluye la musa del proceso, asesora y biógrafa de Artur Mas: "Si no fuera indecente, sería repugnante. Y sí, es indecente que se use el fascismo como arma arrojadiza contra posiciones catalanas; indecente que se tache de fascistas a demócratas de biografía impecable; indecente que lo hagan los mismos que han sido incapaces de hablar una sola palabra en catalán en toda su vida en Catalunya; indecente que, para matar un debate, se queme cual brujas a quienes lo plantean".

Lo que escribió Morán

Pero, ¿qué escribió Morán". Pues que el manifiesto respondía a los nervios en el separatismo por el parón del "procés": "Desde que quebraron las leyendas, y las economías del país, y las subvenciones dignas de emperadores romanos, entramos en una crisis de la que muchos, no la mayoría, pero sí los suficientes, han decidido crear un conflicto civil. Hay que romper la sociedad catalana, porque no les sirve a sus intereses ni a sus proyectos. En el fondo intereses de capilla, de perder la asesoría, la tertulia, la cátedra ganada a pulso de trampa y cartón ­a la manera española, diríamos, si no les pareciera una comparación ofensiva­". Por leyendas alude a Jordi Pujol y Félix Millet, el del saqueo del Palau.

Continuaba Morán: "Y entonces aparece 'el documento de los 280 académicos', repito el título de la prensa. Ya me llamó la atención cuando, en la Feria literaria de Frankfurt, la cantidad de supuestos escritores que aparecieron por allá superó a cualquier país del orbe, eran más de cien. Ahora resulta que existen 280 académicos, de los cuales conozco a un puñado que son tan académicos como yo fontanero, incluida quien dio lectura al texto en marco tan incomparable como el paraninfo de la Universitat de Barcelona. Se llama Txe Arana, y confieso mi ignorancia, jamás había oído hablar de ella, y eso que vivo de la información. De todos los elementos del texto, que intelectualmente es de una penuria digna de Òmnium Cultural o de la Assemblea Nacional Catalana, instituciones que para irritación de algunos no me canso de considerar reaccionarias y racistas, hay dos en las que merece la pena detenerse".

Las dos claves

Sigue Morán: "El primero, la declaración del catalán como lengua oficial única, lo que nos obligaría a más de la mitad de la población catalana a apelar a estos letrados académicos para cualquier requerimiento. En otras palabras, que les daríamos trabajo. A mí me impresionó mucho saber que la Universitat de Girona tiene más profesores de catalán que alumnos de lingüística catalana. Lo entiendo, nadie quiere perder su trabajo y la sociedad está muy chunga para ir por ahí y ponerse a la lista del paro: 'licenciado en lingüística catalana'. Resumiendo, que en el documento hay un tufillo inconfundible de 280 académicos, en su inmensa mayoría dependientes de la Generalitat, como funcionarios, asesores o subvencionados, y que tal como han ido las cosas del famoso procés se pueden quedar en la calle".

Segundo punto según el autor vituperado por Rahola: "El otro, en mi opinión de mayor fuste, porque se refiere al mundo de la ideología y sus creencias, es la denuncia de la emigración obrera de los años cincuenta y sesenta como 'instrumentos del franquismo para la colonización lingüística'. Por más que se diga, como señoritos equilibrados, que fue "involuntario", constituye la ofensa y la calumnia más desaforada de unos académicos paniaguados del poder. ¿Hay alguno que dijera algo de la mafia pujoliana, no digamos del desfalco del Palau? O sea que la clase obrera que contribuyó de manera decisiva a la riqueza de Cataluña, explotada, mal pagada, en condiciones infrahumanas durante más de una década, resulta ahora el agente definitivo del franquismo contra Cataluña y su lengua. ¿No hay nadie que lo haya vivido y que desenmascare esta tropelía de reaccionarios? Había pues dos lenguas, que aún sobreviven, una blanca y otra negra. Los negros que no se adaptaron a la 'lengua blanca' son culpables de colonizar Cataluña para estos académicos que viven del erario, no del sudor de su trabajo, como muchos de sus antecesores 'colonizadores de fábricas y talleres'. Porque lo patético es que buena parte de los firmantes son hijos o herederos de esa esclavitud de la huida del hambre, sin televisión que los retratara. ¿O no fue una esclavitud?"

El artículo de Morán concluía así: "Son ustedes, señores firmantes, unos neofascistas sin conciencia de serlo. Por cierto, nunca conocí a ningún neofascista que reconociera ese tránsito entre la radicalidad de otrora y la miseria de defender sus privilegios ahora".

En líneas generales, todas las figuras del nacionalismo han mostrado pocas ganas de hablar cuando se les ha preguntado sobre el texto. El presidente de la Generalidad, inquirido en el Parlament, se negó a censurar el contenido y sólo dijo que la oficialidad del catalán era un asunto del que se tendría que hablar. Los analistas del "procés" fueron más claro al subrayar su inoportunidad política. El viejo tic pujoliano del "hoy no toca".

Y todo esto el día en que ha trascendido que Empar Moliner, otra periodista comprometida con el "procés", había quemado el lunes un ejemplar de la Constitución en su aparición diaria en Els Matíns de TV3.

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