Ningún ministro o representante del Gobierno de España tendría que ir a actos que estén presididos por los lazos amarillos, ni en Mauthausen ni en ningún otro sitio.
Lo único que se advierte en el Gobierno en funciones es que continúa con su obsesión de expandir todo lo posible el gasto público. Es la clásica receta del que asó la manteca.
El hegemónico feminismo liberticida no es flor de un día, sino un pilar fundamental en el programa de transformación radical de la sociedad de buena parte de la izquierda.
Puede decirse que, en Madrid, todos los votos son útiles. Lo inútil, lo trágico, sería no ir a votar. Contra Sánchez, naturalmente. Y luego, a resistir. Estamos acostumbrados.
Sí, probablemente no caben tres partidos en la derecha, y al menos uno de ellos va a desaparecer a medio plazo. Debería ser el PP. Es el partido viejo, la marca lastrada por las traiciones ideológicas y la corrupción.