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Feria de San Isidro, 27

Triunfó el ganadero

Por Víctor Llano

Festejo número veintisiete de la Feria de San Isidro
Tarde desapacible y ventosa. Lleno.

Toros:
De Adolfo Martín (Ascendencia Albaserrada). Todos muy bien presentados. El que abrió plaza, muy bravo, le premiaron con la vuelta al ruedo. El segundo, tercero y cuarto encastados. El quinto, noble. El sexto, encastado.

Toreros:
Eulalio López Díaz “Zotoluco”: aviso y silencio y pitos.
Juan José Padilla: aviso y pitos y pitos.
Ángel Gómez Escorial: aviso y silencio y silencio.

Triunfó el ganadero y fracasaron los toreros. Zotoluco, Padilla y Escorial, sin confianza y muy desacertados, fueron incapaces de aprovechar la casta y la bravura del que muy probablemente resulte el mejor encierro de la feria.

El primer toro de Zotoluco tuvo un gran comportamiento en varas y se arrancó de lejos. Por una vez, el picador –en este caso El Legionario– supo estar a la altura de la entrega y la casta de un toro bravo. No podemos decir lo mismo del mejicano, el astado de Adolfo Martín humillaba y repetía las embestidas, pero Zotoluco, muy desconfiado, fue incapaz de poderle; toreó despegado, con el pico, con la muleta retrasada, sin cruzarse y para afuera. El toro, uno de los mejores de la temporada, mereció la vuelta al ruedo –no se cansó de embestir– lástima que le tocara en suerte al de Méjico que, inseguro y sin sitio, desperdició la casta y la bravura de Madroño I.

Si no fue capaz de lucirse con su primero, no podíamos esperar que lo hiciera con el segundo, un toro encastado y con peligro, que no le permitió colocarse ni alargar los muletazos. Zotoluco, de nuevo medroso, intentó justificarse, pero muy desmotivado y sin confiar en nada de lo poco que intentó. Por muy larga que sea la feria, nunca entenderemos la presencia del mejicano en ella. Los toros españoles se parecen muy poco a los que Zotoluco mata en su país. Quizá con los de su tierra, mucho menos encastados, se muestre más seguro.

Padilla es muy valiente, pero esta tarde de viernes fracasó ante dos animales nobles y encastados. El respetable, con muy buen criterio, le recriminó todo lo que hizo. Es difícil torear tan mal. Lástima que tengamos que opinar así de quien se ha jugado muchas veces la vida.

Ángel Gómez Escorial no se confió con su primero. Lo intentó, pero no se acopló y desaprovechó la casta de un toro que en mejores manos hubiera dado mucho más juego. Con el sexto, más de lo mismo; el de Madrid lo mató de una buena estocada pero sus muletazos carecieron de calidad y el respetable, cansado de ver cómo se desaprovechaban los mejores toros de la feria, no le valoró su inútil esfuerzo.

Hubiéramos podido presenciar una gran corrida de toros. Sin duda. Pero los de Escolar se fueron con las orejas al desolladero. La culpa no fue de ellos, sí de los toreros que no supieron responder a su casta, bravura y nobleza. A Zotoluco, Padilla y Escorial les va a resultar muy difícil justificar su fracaso. No se puede estar peor.

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