L. D.-
Sigue eludiendo su responsabilidad. Mientras la tensión entre los de fuera se ha traladado dentro. Ya ha habido gritos y golpes. La confusión crece. La policía sólo opera como guardia pretoriana de la embajada que niega sus derechos a los búlgaros. La violencia contenida está a punto de degenerar en batalla campal.
Tras muchas horas bajo el sol esperando que les dejen ejercer su derecho al voto, los búlgaros residentes en Madrid están perdiendo los nervios. Forzando las puertas, varios han entrado dentro de la embajada y se han producido forcejeos y peleas entre los funcionarios y los búlgaros que quieren votar. Desde el principio, la embajada preparó lo que parece un dispositivo disuasorio para que los partidarios de Simeón -la gran mayoría- no pudieran votar. Rodeó de policías españoles la embajada, hizo creer a algunos que era legalmente obligatorio presentar el permiso de residencia para votar y que todo era una imposición del Gobierno español, en concreto del Ministerio de Exteriores. La gente pretendía votar con su pasaporte, como es legal. El Ministerio desmintió que hubiera dado orden de pedir el permiso de residencia, pero el diplomático de guardia no ha aparecido por la Embajada ni ha hecho hasta ahora nada útil.
La policía sigue conteniendo como puede la indignación de los búlgaros, pero la tozudez de los funcionarios y la incomparecencia del Ministerio de Exteriores español están convirtiendo la situación en altamente inflamable. En estos momentos se está intentando contactar con el Gobierno búlgaro para que ordene a su embajada en Madrid que deje de obstaculizar el voto. También podría haber una nota del partido de Simeón de Bulgaria pidiendo que las autoridades españolas colaboren en el acto electoral en vez de servir de coartada a quienes tratan de impedirlo.
Tras muchas horas bajo el sol esperando que les dejen ejercer su derecho al voto, los búlgaros residentes en Madrid están perdiendo los nervios. Forzando las puertas, varios han entrado dentro de la embajada y se han producido forcejeos y peleas entre los funcionarios y los búlgaros que quieren votar. Desde el principio, la embajada preparó lo que parece un dispositivo disuasorio para que los partidarios de Simeón -la gran mayoría- no pudieran votar. Rodeó de policías españoles la embajada, hizo creer a algunos que era legalmente obligatorio presentar el permiso de residencia para votar y que todo era una imposición del Gobierno español, en concreto del Ministerio de Exteriores. La gente pretendía votar con su pasaporte, como es legal. El Ministerio desmintió que hubiera dado orden de pedir el permiso de residencia, pero el diplomático de guardia no ha aparecido por la Embajada ni ha hecho hasta ahora nada útil.
La policía sigue conteniendo como puede la indignación de los búlgaros, pero la tozudez de los funcionarios y la incomparecencia del Ministerio de Exteriores español están convirtiendo la situación en altamente inflamable. En estos momentos se está intentando contactar con el Gobierno búlgaro para que ordene a su embajada en Madrid que deje de obstaculizar el voto. También podría haber una nota del partido de Simeón de Bulgaria pidiendo que las autoridades españolas colaboren en el acto electoral en vez de servir de coartada a quienes tratan de impedirlo.
