L D (EFE)
Las elecciones del pasado 15 de mayo estuvieron dominadas por la conmoción causada por el asesinato a tiros del líder populista Pim Fortuyn, suceso que aupó a su improvisado partido (la lista LPF) al Gobierno. Pero la experiencia de esa coalición heterogénea democristiano-liberal-populista (CDA-VVD-LPF) duró muy poco: la crisis interna de la LPF obligó al joven primer ministro Jan Peter Balkenende a presentar la dimisión el 16 de octubre pasado, después de 87 días al frente del Gobierno.
Aunque la intención no declarada de los dos partidos tradicionales, los democristianos del CDA y los laboristas del PvDA, sea borrar el efecto Fortuyn, las ideas y el fantasma del líder asesinado no han estado completamente ausentes de esta nueva campaña electoral.
Seguridad e inmigración, los dos asuntos que el excéntrico político introdujo el año pasado en la agenda holandesa, han vuelto a ocupar un lugar prominente en los debates.
El líder del LPF era una persona ajena a la clase activa en los círculos del poder en La Haya y su excentricidad y su lenguaje directo, que llamaba a acabar con la burocracia y acercar la política al ciudadano, conquistaron al electorado. También el éxito de la Democracia Cristiana (CDA), la cual compareció a las elecciones con un líder joven, Jan Peter Balkenende, se puede explicar en parte por esta sed de renovación, después de ocho años de coalición “púrpura” entre laboristas y liberales del VVD capitaneada por Wim Kok.
Del mismo modo, el inesperado aumento del Partido Socialista (SP), una formación ex maoísta que consiguió 9 escaños el pasado mayo, y para la que se predice cerca del doble en estos comicios, también respondió a esta necesidad de aire fresco en el electorado.
Tanto el PvdA como el VVD han captado durante estos ocho meses el mensaje de renovación, por lo que a la actual campaña se han presentado con nuevos cabezas de lista.
Por parte del VVD, Gerrit Zalm, que fue ministro de Finanzas durante el segundo gabinete Kok (1998-2002), intenta dar a su partido una nueva imagen, girada hacia la derecha, endureciendo sus posiciones en asuntos como la seguridad (más policía en la calle) y la inmigración (cierre de fronteras). Sin embargo, a pesar de que, en comparación con los pasados comicios, Zalm ha recuperado en los sondeos alrededor de 4 escaños para su partido, no acaba de cuajar como líder, al contrario que la nueva cara de los laboristas holandeses, Wouter Bos.
Según los últimos sondeos electorales de la empresa NIPO, el PvdA se sitúa, con 40 escaños, a solamente dos del CDA, el cual, según esta fuente, perdería votos por primera vez durante esta campaña. La preferencia del CDA por gobernar en coalición con los liberales (VVD) más que con su principal oponente de izquierda, augura además un largo proceso de formación de gobierno tras los comicios parlamentarios.
Aunque la intención no declarada de los dos partidos tradicionales, los democristianos del CDA y los laboristas del PvDA, sea borrar el efecto Fortuyn, las ideas y el fantasma del líder asesinado no han estado completamente ausentes de esta nueva campaña electoral.
Seguridad e inmigración, los dos asuntos que el excéntrico político introdujo el año pasado en la agenda holandesa, han vuelto a ocupar un lugar prominente en los debates.
El líder del LPF era una persona ajena a la clase activa en los círculos del poder en La Haya y su excentricidad y su lenguaje directo, que llamaba a acabar con la burocracia y acercar la política al ciudadano, conquistaron al electorado. También el éxito de la Democracia Cristiana (CDA), la cual compareció a las elecciones con un líder joven, Jan Peter Balkenende, se puede explicar en parte por esta sed de renovación, después de ocho años de coalición “púrpura” entre laboristas y liberales del VVD capitaneada por Wim Kok.
Del mismo modo, el inesperado aumento del Partido Socialista (SP), una formación ex maoísta que consiguió 9 escaños el pasado mayo, y para la que se predice cerca del doble en estos comicios, también respondió a esta necesidad de aire fresco en el electorado.
Tanto el PvdA como el VVD han captado durante estos ocho meses el mensaje de renovación, por lo que a la actual campaña se han presentado con nuevos cabezas de lista.
Por parte del VVD, Gerrit Zalm, que fue ministro de Finanzas durante el segundo gabinete Kok (1998-2002), intenta dar a su partido una nueva imagen, girada hacia la derecha, endureciendo sus posiciones en asuntos como la seguridad (más policía en la calle) y la inmigración (cierre de fronteras). Sin embargo, a pesar de que, en comparación con los pasados comicios, Zalm ha recuperado en los sondeos alrededor de 4 escaños para su partido, no acaba de cuajar como líder, al contrario que la nueva cara de los laboristas holandeses, Wouter Bos.
Según los últimos sondeos electorales de la empresa NIPO, el PvdA se sitúa, con 40 escaños, a solamente dos del CDA, el cual, según esta fuente, perdería votos por primera vez durante esta campaña. La preferencia del CDA por gobernar en coalición con los liberales (VVD) más que con su principal oponente de izquierda, augura además un largo proceso de formación de gobierno tras los comicios parlamentarios.
