Irán lanzó este miércoles un ataque a Israel con más de 180 misiles balísticos, un hecho insólito que, pese a tener un precedente el pasado mes de abril, supone una escalada que lleva la tensión entre ambos países a un nuevo nivel.
Irán pretendía matar y, si no lo ha conseguido, ha sido porque la capacidad defensiva de Israel es alucinante, al fin y al cabo es un país creado para proteger a los suyos.
Pero aunque no haya habido víctimas, esto no quiere decir que Israel no vaya a responder, habrá una respuesta y esta será dura y estará avalada por Estados Unidos. Sin embargo, esta respuesta no desatará una guerra o, al menos, lo que entendemos como una guerra convencional.
Y no lo hará porque Israel no puede en este momento abrir un frente más, justo después de la entrada en Líbano y mientras Gaza sigue necesitando la presencia de muchas tropas; y porque Irán tampoco está preparado para esa guerra convencional.
Sin embargo, este ataque debería despertar al mundo sobre lo que es Irán, sobre la necesidad de impedir a toda costa que se haga con armamento nuclear y, a medio plazo, con el hecho de que hay que acabar ya con el régimen de los ayatolas, que exporta el terrorismo a todo el mundo y machaca a su propio pueblo.