En el sureste de la Comunidad de Madrid, en una de las zonas menos conocidas de la región, incluso para los propios madrileños, es posible sin embargo encontrarse con la naturaleza y disfrutarla de una forma cómoda y sencilla, muy agradable.
Una naturaleza amable, de colinas suaves y valles verdes por los que corren los ríos, en la que los campos de cultivo y las zonas boscosas parecen complementarse y en la que la presencia humana no se esconde, pero es discreta y en ocasiones también forma parte del disfrute: en pueblos bonitos y tranquilos como Ambite o Corpa o en carreteras con curvas que hacen las delicias de los moteros y de los conductores que disfrutan de verdad al volante.
Y una zona en la que esa naturaleza está siendo no sólo valorada, sino también recuperada y donde se está haciendo lo posible por mostrarla de una forma en la que sea más fácil entenderla y, por lo tanto, amarla.
Una de las instituciones que está teniendo un papel importante en ello es el Centro de la Naturaleza Vega del Tajuña, situado en las afueras de Ambite, muy cerca del curso tranquilo del río y en un edificio de piedra que es al mismo tiempo tradicional y moderno. Allí se puede encontrar información sobre los ecosistemas de agua que se generan en esas vegas que le dan nombre a la zona.
Además, se organizan cursos sobre ese entorno natural, talleres, actividades… abiertas a todo el mundo y que en muchas ocasiones tienen lugar en fin de semana. Sin embargo, tal y como nos cuenta su directora, Marta Navarro, quizá lo más importante sea la labor que llevan años haciendo "creando rutas y señalizándolas" a través de las cuales "estamos dando a conocer nuestro entorno y la riqueza ambiental que tenemos".
Se trata de rutas que "están señalizadas de forma que puedes enterarte de dónde te encuentras", nos explica Marta Navarro, "contienen mucha información".
Le preguntamos a nuestra interlocutora si nos recomienda especialmente alguna de las rutas con las que conocer la zona y que salen, precisamente, de allí, del propio parking del Centro de la Naturaleza Vega del Tajuña. "Todas son muy recomendables", nos dice, "cada una es diferente, por ejemplo en la de la Fuente del Morrillo, que tiene "una charca en la que tenemos una población muy interesante de anfibios".
No sin tener que presionarla un poco, porque como es lógico a ella le gustan todas, logramos que nos recomiende una más especial y se decide por la Ruta de los Tres Valles, que "tiene unas vistas preciosas de la Vega del Tajuña, sobre todo ahora que está lleno del rojo de las amapolas y con unos tonos preciosos de diferentes tipos de verde".
Para no quedarnos sólo con el testimonio de Marta, tomamos nosotros mismos la Vía Verde del Tajuña, uno de los grandes caminos para el senderismo y el cicloturismo en la Comunidad de Madrid, que pasa frente al Centro de la Naturaleza Vega del Tajuña y de la que parten también las rutas de la zona.
Con la única banda sonora del canto de los pájaros y el rumor de alguna ráfaga de viento entre los pinos, avanzamos observando esa naturaleza que respira con un esplendor primaveral y en la que, efectivamente, muchas amapolas le dan color a los bordes del camino y llenan de pinceladas rojas algunos campos de trigo.
Ese verde manchado de carmín del trigo combina con el de los pinos o las encinas que vamos encontrando y la sensación es cada vez más agradable. El paisaje de las Vegas transmite una calma deliciosa que sólo rompe un grupo de veteranos ciclistas que pasa a nuestro lado despacio y saluda con una familiaridad rural: como si todos fuéramos del pueblo.
Es otra parte importante de la zona: ese ambiente tan campestre y aldeano, en el mejor sentido de las palabras, que parece imposible que siga existiendo y menos aún a 50 kilómetros del centro de Madrid.
Y si hablamos de la recuperación de la biodiversidad y la naturaleza en esta zona de las Vegas y la Alcarria madrileña hay un proyecto que no podemos dejar de mencionar, un esfuerzo más que interesante que está cambiando un rincón de la Comunidad de Madrid y, sobre todo, ayudándonos a conocer mejor el medioambiente y los ecosistemas de la zona: La Chanta.
Se trata de una antigua cantera de caliza que explotó la empresa Holcim, una multinacional de la construcción, en la localidad de Corpa, en el corazón de la Alcarria madrileña. Acabado el ciclo de producción, en lugar de hacer la habitual restauración estándar del espacio minero se ha abordado un proyecto mucho más complejo: de la mano de la ONG Brinzal se ha creado un espacio que no sólo se está restaurando para ser un lugar lleno de biodiversidad, sino que permite estudiar muy de cerca ese proceso de cambio y el nuevo entorno creado.
Hablamos de ello con Raúl Arévalo, el coordinador del Proyecto La Chanta en Brinzal, que nos cuenta que el plan empezó hace ya varios años y desde entonces se está trabajando en esa regeneración de un terreno que tiene unas 20 hectáreas y en el que ya se pueden encontrar valores de fauna y flora "muy característicos de la zona".
La Chanta tiene varias zonas en las que destaca un "humedal principal que cumple muy bien con las características del humedal temporal mediterráneo" y que ya está albergando fauna interesante, desde aves migratorias que pasan y se alimentan durante unos días a, esto es más importante, "ejemplares de especies catalogadas y protegidas como el sapillo moteado".
La tarea de conservación, estudio y regeneración –también dispone de un vivero– que se lleva a cabo en La Chanta se completa, como no podría ser de otra forma, con la difusión. El centro recibe visitas de colegios y también de grupos de empresa y, sobre todo, empieza a ser muy apreciado por la gente de la zona, a pesar de que es un espacio que puede parecer poco espectacular a los no expertos.
"Se trata de conseguir algo modesto cuyo valor no siempre es fácil explicar", nos explica Raúl, que nos cuenta como en sus primeros momentos, en un año con pocas lluvias, cuando la gente de la zona vio el humedal se quedó un tanto decepcionada, pero desde entonces han aprendido a entender su valor: "Ahora están pendientes, lo quieren y cuando nos cruzamos con alguien siempre nos preguntan ‘cómo está el agua’".
Dejo la Chanta admirando los bellísimos campos de cultivo que la rodean y la vista de Corpa a lo lejos, subido a una pequeña colina y pensando en la maravilla que son estos tesoros, aparentemente modestos, pero que le dan una riqueza natural a la Comunidad de Madrid que muy pocos madrileños conocen y, lo mejor de todo, está ahí: totalmente accesible para el que quiera disfrutarla.