Lo hemos advertido muchas veces desde esta columna. Octubre se empeña desde hace años en ser un mes maldito para los mercados y el de 2000 no iba a ser menos. Casi siempre son problemas, podríamos decir, ajenos a los propios mercados. Pero, siempre acaban juntándose muchas cosas. En esta ocasión, además de la situación de emergencia que vive Oriente Próximo, tras la escalada de violencia desatada entre palestinos e israelíes, hay que unir el acto terrorismo sufrido el jueves por un buque norteamericano en el que murieron cinco marinos y que ha puesto a toda la zona en alerta.
Estos dos hechos han provocado una nueva escalada en el precio del crudo, que en el caso del Brent ha vuelto a los niveles de hace diez años. Los peligros inflacionistas se acentúan en las economías occidentales; las subidas de los tipos de interés se intuyen y las bolsas lógicamente vivieron el final de esta semana, como un auténtico octubre negro. El Dow Jones perdió 380 puntos sólo en la jornada del jueves y el Nasdaq ha vuelto a los niveles de principios de años. Precisamente, la mala racha de los valores de la nueva economía, es la otra razón para este mal mes bursátil. La española se salvó el jueves de una gran caída, al estar cerrado por festivo, pero obviamente el viernes cayó en picado emulando a la bolsa neoyorquina. También aquí los valores del nuevo mercado fueron los más castigados, lo vienen siendo desde hace días.
La otra razón de peso es los malos resultados que esperan una gran parte de las empresas de Estados Unidos y seguramente el empeoramiento en la cuenta de resultados que van a sufrir muchas empresas españolas, porque la crisis del petróleo y los más altos tipos de interés se está dejando sentir ya en las economías familiares, en el consumo. La bolsa, por tanto, fatal, gracias. Lo mejor, estarse quieto y esperar a que escampe. Es, ya saben, siempre la mejor recomendación en tiempos de mudanza.

Octubre, siempre octubre
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