2000 ha sido un mal año para los mercados bursátiles. Con la excepción suiza, las bolsas de todas las economías desarrolladas cerraron el pasado año con pérdidas sensibles. Los mercados europeos han sobrerreaccionado al ajuste que se ha producido en el mercado norteamericano, pero volverán a iniciar su carrera alcista, ya que las perspectivas económicas de la Eurozona son positivas y el impacto sobre ella de la desaceleración yanqui es limitado, aunque se produzca una fuerte apreciación del euro frente al dólar. El grueso del comercio exterior de la UEM se realiza dentro de su territorio. Este contexto sugiere dos preguntas: ¿Por qué cayó la bolsa en 2000? ¿Cúales son las expectativas para 2001?
De entrada el comportamiento del mercado ha sido bastante racional. La tendencia alcista de los tipos de interés, el aumento del precio del petróleo y de la inflación sugerían un menor crecimiento de los países de la OCDE y, en consecuencia, de los beneficios empresariales. Como es lógico, esta corrección ha sido mayor en EE.UU. que en Europa porque la bolsa norteamericana había registrado una espectacular capitalización gracias a diez años de expansión ininterrumpida, sustentados en buena medida en una revolución tecnológica con importantes ganancias de productividad. A pesar de todo, conviene recordar un hecho: las familias norteamericanas son hoy, en términos bursátiles, un 16 por 100 más ricas de lo que lo eran hace una década.
La baja bursátil ha afectado más a los valores de la “nueva economía”, porque su cotización reflejaba unas expectativas de beneficio a largo plazo del orden del 20% anual. El ajuste ha sido mayor en EE.UU. porque también allí habían sido mucho mayores las ganancias. Como dato emblemático, el Nasdaq perdió en 2000 el 39% de su valor y se situó en los niveles más bajos desde su creación en 1971. Por otra parte, los elevados precios pagados por las empresas del sector para adquirir las licencias de UMTS las ha hecho incurrir en un elevado endeudamiento que debilita sus beneficios presentes e hipoteca los futuros y, por tanto, afecta de manera negativa a su valor. Sin embargo, la demanda de nuevas tecnologías por parte de los particulares y de las empresas crecerá de manera significativa durante los próximos años, lo que afectará positivamente a las telecos.
En el caso de Europa y, en especial, de España, las perspectivas bursátiles para 2001 son inciertas, pero no tienen porqué ser tan negativas como auguran la mayor parte de los analistas. Es más, pueden ser positivas. En un entorno de tipos de interés más altos y crecimiento más bajo, la bolsa no tendrá un comportamiento demasiado brillante. Sin embargo, este escenario no es inevitable. Así la bajada del precio del petróleo es un “shock” positivo, tanto para la oferta productiva como para la tasa de inflación de las economías continentales. Por otra parte, la mayoría de los gobiernos europeos han comenzado a reducir sus rigideces y comienza a extenderse el uso de las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Si esta trayectoria se consolida, la UE puede crecer más con menores tensiones inflacionistas y los mercados bursátiles iniciar un lento pero sólido despegue.
En todo caso, la teoría enseña y la evidencia avala que los inversores han de mantener la calma. La bolsa ha de contemplarse como una inversión a medio y largo plazo. En los períodos de turbulencia bursátil, lo sensato es mantener y/o comprar.

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