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La intrahistoria de la polémica okupación de Mos: de la "estafa" de una familia del Opus a la huelga de hambre de Pilar

La propietaria dejó su casa a la familia de un amigo de su hijo que lo estaba pasando mal y lleva un año y medio con ella okupada.

La propietaria dejó su casa a la familia de un amigo de su hijo que lo estaba pasando mal y lleva un año y medio con ella okupada.
Pilar ha iniciado una huelga en su coche para protestar contra sus okupas | LM

Desde hace días, Pilar copa los principales programas matinales de televisión. "Okupa su propia casa para recuperarla", anunciaba el viernes Antena 3. "Inicia una huelga de hambre en su coche para pedir a los okupas que se marchen de su vivienda", destacaba Telecinco. Para unos, esta propietaria de Mos, en Pontevedra, es una víctima de la impunidad que reina en un país en el que hace tiempo que la propiedad privada dejó de tener el valor que se presupone a un derecho constitucional. Para otros, sin embargo, es una mujer que ha perdido los papeles denunciando una situación que, aunque injusta, consideran que no es para tanto.

Y, precisamente por eso, Pilar pide ayuda a Libre Mercado para explicar bien su caso. "En las televisiones a veces no tienes tiempo de contar todos los detalles y esto es una estafa de libro de la que he sido víctima por amor… Por intentar ayudar a un amigo de mi hijo", explica sin apenas voz y con 40 de fiebre, tras varios días encerrada en su coche en medio del temporal que azota Galicia. "Y ya no es que esté en huelga de hambre, que lo estoy, es que tengo un cuadro ansioso depresivo y creo que ya directamente se me ha cerrado el estómago", dice entre lágrimas.

La okupada ni siquiera es su segunda vivienda, sino su propia casa. Hace año y medio se la dejó a una familia del Opus que, según le contó, atravesaba una delicada situación y, mientras tanto, ella, su marido y su hijo se trasladaron a otra pequeña edificación situada en la misma finca, donde tienen un par de habitaciones y sus despachos. La idea era que pasaran allí unos días —unas semanas a lo sumo— hasta que encontraran otra cosa. Por eso, ni siquiera les pidieron un alquiler.

Sin embargo, después de todo este tiempo, los ya okupas se niegan a irse "hasta que no les eche un juez". Entre otras cosas, porque, según Pilar, han trasladado su negocio —una empresa de catering para eventos— a su casa. "Han cobrado por adelantado comuniones, se han fundido el dinero y ahora no tienen como devolverlo". Por si fuera poco, la amenazan, la insultan y han convertido su hogar en una "pocilga" llena de ratas y suciedad.

"La madre ha llegado a salir con un cuchillo, nos han rajado las ruedas del coche y hasta nos han matado al gato", denuncia desesperada. Y lo peor es que no hay visos de arrepentimiento, puesto que, según dice, ha descubierto que, lejos de ser un hecho puntual, esta forma de actuar es su "forma de vida".

Un favor que le he salido caro

Su historia se remonta a septiembre de 2023. "Mi hijo conocía al suyo del Montecastelo de Vigo, un colegio de Fomento, y se hicieron amigos hasta tal punto que ellos venían aquí y nosotros íbamos al pazo que tenían alquilado en Vilariño, así que cuando les desahuciaron por no pagar el alquiler, como conocía nuestras propiedades, el chaval le pidió ayuda", recuerda Pilar, que, sin embargo, asegura que nunca les confesaron la verdad.

"Lo que le dijo no fue que les hubieran echado por no pagar, sino que no les habían renovado el contrato y que si podían venir aquí unos días porque se quedaban en la calle", explica mientras se pregunta cómo pudo creerse aquello. Pero el panorama que aquella familia les pintó era desolador: "La mujer me dijo que tenía un cáncer de tiroides, que su marido quería suicidarse y que su padre, que también vivía con ellos junto a su madre, tenía Alzheimer, así que aquella misma tarde estaba recogiendo mis cosas para dejarles mi propia casa, que era más grande y, al no tener que subir y bajar escaleras, era mejor para los ancianos".

Tal y como ella misma nos explica, la finca en la que viven tiene dos casas: la principal, donde ellos mismos residían hasta entonces y que hoy está okupada por la familia a la que con toda su buena fe quisieron ayudar, y otra justo al lado en la que Pilar tenía su despacho. Como pensaban que aquello solo sería cuestión de días hasta que encontrasen otra casa de alquiler, no dudaron en trasladarse para que sus entonces invitados estuvieran lo mejor posible. Lo que jamás imaginaron es que en aquel momento comenzaría la peor de sus pesadillas.

La "jeta" de sus okupas

"En octubre me dijo que iba a tener que quedarse todo el mes, porque se habían quedado sin dinero a raíz del Covid y que estaba intentando buscar algo asequible y que a la vez estuviera bien para sus padres. Pero es que luego me dijo que si por favor se podían quedar hasta que pasara la Navidad porque el Alzheimer de su padre se estaba agravando y no quería estar moviéndole de un sitio para otro", recuerda Pilar.

Aquello empezó a provocar discusiones en su propia casa. Ella no quería dejarles en la calle, pero al mismo tiempo comenzaba a ser consciente de que estaban aprovechándose de la situación. "No nos pagaban ningún alquiler, porque como pensábamos que era para unos días o unas semanas, era como un favor que haces a alguien a quien conoces, pero es que ni siquiera nos pagan la luz o el agua, y encima se gastaron 1.500 litros de gasoil de la calefacción y nos dijeron que si se lo podíamos llenar nosotros", explica con rabia.

Según denuncia Pilar, incluso han utilizado —y siguen utilizando— su casa para celebrar eventos, ya que la mujer tiene un catering. "Me preguntó si podía hacer fotos en casa para publicitarlo y le dije que sí, pensando que si ganaba dinero se irían antes; hasta le ayudé a moverlo, se lo dije a mis amigos…". Pero aquello tampoco sirvió de nada, así que, en mayo de 2023, le suplicó que se fuera.

"Te ibas a ir en enero y no te fuiste. Te ruego que te marches, porque necesitamos recuperar nuestra casa y nuestra vida y no podemos pagar esta cantidad de agua y de luz que nos estás consumiendo", le dijo. "Es más, es que, como esto es en una aldea, tenemos agua de pozo y ya nos rompieron dos bombas, que cuestan 2.000 euros cada una, pero ya nos hemos plantado", denuncia desesperada.

Un largo historial

Al ver que pasaban los meses y no se iban, barajaron llamar a una empresa de desokupación, pero a Pilar le dio pena, así que decidieron confiar en que, tarde o temprano, terminarían yéndose. Sin embargo, su paciencia se agotó el día en que se enteraron de que aquello no era un hecho aislado, sino una forma de vida. "Hace un mes fuimos a tomar un café a Portugal, que está aquí al lado, y una persona nos escuchó hablar del pazo de Vilariño y se acercó a hablar con nosotros y a contarnos que era una estafadora profesional", recuerda.

A partir de entonces, su teléfono no ha dejado de sonar. "Me empezaron a llamar madres del cole, de equitación, antiguos vecinos… Un escándalo. No pagan en ningún sitio. Me contaron que tienen una casa y dos pisos en propiedad, pero cuando era presidenta de la comunidad se quedó con las cuotas de los vecinos, así que huyeron de allí para que no les persiguieran", asegura.

Okupar al okupa

De hecho, el día que decidió convertirse en la okupa de su okupa, venía precisamente de hablar con los vecinos y comprobar que aquello era cierto. "Mi idea era okupar su piso, pero el presidente me dijo que por favor no lo hiciera porque por fin habían llegado a un acuerdo con ella para alquilarlo y así al menos recuperar todo lo que les había robado, así que cuando llegué a mi casa y vi que se habían ido y habían dejado abierta la ventana de la churrasqueira —una segunda cocina—, no lo dudé ni un momento y me colé dentro", reconoce.

Lo que vio la dejó mucho más indignada y preocupada de lo que ya estaba. "Había suciedad por todas partes, ratones que se te metían por el pantalón, canarios… Terrible. Me dio un ataque de nervios. Cuando se vayan, vamos a tener que contratar a una empresa para que fumiguen", lamenta Pilar sin saber si ese momento llegará algún día.

Pensando que tal vez si ella también actuaba como una okupa la ley la protegería, una vez dentro, Pilar no dudó en llamar a la Policía. "Hice lo que veo en la tele. Y como ellos llaman a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad para declararse okupas, pues eso fue lo que hice. Ingenua de mí, estuve esperando una hora y cuando llegaron, de muy buenas maneras, pero me recomendaron que saliera, porque si no, me podían denunciar por allanamiento… ¡Allanamiento de mi propia casa! —repite indignada—. ¡Es el mundo al revés!".

Aún no sabe con seguridad si lo han hecho o no, pero no es la primera vez que recurren a los tribunales para amedrentarla. "Las dos casas están en la misma finca y yo no puedo salir y pasear a mi perro por el jardín, porque les coacciono; y no me puedo poner a cantar, porque les coacciono —se queja sin dar crédito—, porque el problema es que a ella sí le recogen las denuncias por coacciones, pero a mí, no". De hecho, saben que ya tienen una por cortarles supuestamente la luz, cuando lo que hicieron, según su versión, fue bajar los diferenciales para arreglar una avería. "Y ya de paso incluyeron lo del agua", lamenta.

Física y psicológicamente destrozada

Con todo, Pilar, que ha terminado denunciándoles, optó finalmente por iniciar una huelga de hambre en su coche, aparcado justo delante de la casa —su casa— okupada. "Quiero saber si le queda algo de humanidad, porque yo ya no puedo más", dice la propietaria, que asegura haber perdido 7 kilos. "Solo queremos vender lo poco que tenemos e irnos a Portugal, porque en este país está claro que ya no se puede vivir", dice con la voz entrecortada.

En tratamiento psiquiátrico desde hace un año, Pilar se confiesa desesperada: "Estoy tomando antidepresivos, pastillas para dormir y tengo un cuadro ansioso depresivo. He tenido que dejar los estudios de estética que empecé para dejar atrás la gestión inmobiliaria y ahora utiliza que yo discuto con mi marido para vender la imagen de que soy mala esposa y mala madre… ¿Cómo no nos va a pasar factura todo esto? Esto ha destrozado mi familia y me ha destrozado a mí", repite con impotencia.

A la gente del Opus a la que le da pena su okupa y la apoyan, le manda un mensaje muy claro: "Si esta señora es tan buena, que me suelte, porque me tiene agarrada por las entrañas y yo solo soy una madre que le presté mi casa con toda mi buena intención, porque yo no soy del Opus, pero soy humana, y yo decía… Ostras, antes de que su marido se suicide, yo pongo la mejilla 10 veces".

A los poderes públicos, les manda otro: "Que denunciar mi caso no solo sirva para recuperar nuestra casa; que mi caso sirva para que se ponga cordura en este país y que todas estas lagunas legales que existen se subsanen, porque esto es el mundo al revés, y si son capaces de ponerse en mi lugar, comprenderán que esto no es justo".

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