
El castigo fiscal a los contribuyentes de rentas altas en el Reino Unido ya está pasando factura. Según recoge The Times, los ingresos por el impuesto sobre las rentas del capital (CGT, por sus siglas en inglés) se han desplomado un 10 % en el último ejercicio, lo que supone una pérdida superior a los 1.000 millones de libras para el Tesoro británico. El dato oficial, publicado por HM Revenue & Customs (la Hacienda británica), confirma que la recaudación cayó desde los 14.500 millones de libras hasta los 13.000 millones en el ejercicio cerrado en marzo de 2025. Efecto Laffer en estado puro.
El descenso apreciado es, de hecho, el mayor desplome interanual desde la creación de este tributo, y los analistas no dudan en atribuirlo a un mismo fenómeno: el éxodo de los contribuyentes más acaudalados, que están abandonando el país o reestructurando sus activos ante el creciente acoso fiscal del gobierno laborista. El llamado "giro fiscal" del Ministerio de Hacienda está provocando exactamente lo que cabía esperar desde una perspectiva lafferiana: menos inversión, menos dinamismo… y, como resultado, menos ingresos.
Como recuerda en una nota The Times, en el Presupuesto de marzo de 2024 se anunció un endurecimiento adicional del régimen de CGT, incluyendo la eliminación progresiva de algunas bonificaciones sobre activos empresariales, así como una reducción drástica de los beneficios fiscales aplicables a los denominados "non-doms" (residentes no domiciliados). Además, la ministra responsable de la Hacienda británica, Rachel Reeves confirmó que el tipo básico del gravamen pasará hasta el 18 %, mientras que el tipo superior llegará al 24 %.
Fuga de capitales en UK
Jonathan Riley, socio del prestigioso bufete Fladgate, expresa con claridad lo que está pasando en las páginas del diario británico: "la caída en los ingresos por CGT es resultado directo de la incertidumbre fiscal y de las subidas anunciadas. Los empresarios y los inversores están vendiendo ahora por miedo a que mañana el hachazo sea aún mayor". Riley recuerda que buena parte de las operaciones de salida se están haciendo desde fuera del país, lo que reduce aún más la base imponible.
También el sector financiero ha advertido del fenómeno: Henley & Partners, firma especializada en relocalización de grandes patrimonios, confirma que la salida de individuos adinerados del Reino Unido se ha acelerado desde principios de 2024. En el primer trimestre de 2025, las cifras de salida de capitales superaron los niveles registrados en todos los ejercicios anteriores.
El sector inmobiliario de lujo, otro termómetro sensible, detecta la misma tendencia. Paul Finch, director en el grupo Knight Frank, confirma en The Times que "la compra-venta de propiedades prime se ha ralentizado desde que se anunciaron los cambios fiscales. Muchos clientes prefieren esperar, vender desde fuera o incluso no entrar en el mercado británico". La consecuencia también es directa: menos transacciones, menos plusvalías, menos ingresos fiscales.
El Tesoro británico esperaba un repunte en la recaudación, convencido de que subir los tipos bastaría para llenar las arcas. El resultado ha sido el opuesto: un desplome del 10 % en ingresos de CGT, según la estadística oficial. En lugar de recaudar más, el fisco ha provocado una fuga de capitales y un frenazo en las decisiones de inversión. Un efecto Laffer que confirma que la caza a los ricos no solamente no tiene por qué generar más recaudación sino que, en ocasiones, produce lo contrario al superarse los umbrales de equilibrio.
Helen Clarke, experta fiscal citada por The Times, lo resume con ironía: "han subido los impuestos sobre las plusvalías, pero lo único que han conseguido es recaudar menos porque la economía se va parando, la inversión se ralentiza y muchas plusvalías han dejado de materializarse, a la espera de una alternativa".
Evidencia de la Curva de Laffer
La historia fiscal reciente del Reino Unido ofrece precedentes claros sobre el efecto de los tipos impositivos en la conducta de los contribuyentes. A mediados de los 2000, el entonces primer ministro laborista Gordon Brown mantuvo el tramo superior del impuesto sobre la renta (IRPF) en el 40 %. Sin embargo, en 2010, su sucesor David Cameron —con George Osborne como canciller— heredó una subida al 50 % para las rentas altas introducida justo antes de dejar el cargo.
El resultado fue una caída en la recaudación y una distorsión evidente en el comportamiento fiscal de los contribuyentes de mayores ingresos. Apenas dos años después, el Ejecutivo ‘tory’ redujo el tipo máximo al 45 % y, lejos de perder recaudación, los ingresos por IRPF se recuperaron de forma notable. Menos confiscación, más base tributaria. Una lección que hoy, a la vista de los últimos datos del CGT, parece completamente olvidada.
La misma lógica se está comprobando en Noruega, donde el gobierno de coalición de centroizquierda decidió aumentar el impuesto sobre la riqueza en 2022 y volvió a endurecerlo en 2024, convencido de que así ingresaría más. La realidad, sin embargo, ha sido otra: más de 50 multimillonarios noruegos han abandonado el país en los últimos dos años, trasladando su residencia fiscal a destinos más competitivos como Suiza o Reino Unido —hasta que este último decidió seguir el mismo camino suicida—.
Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Finanzas noruego, la recaudación por Wealth Tax está por debajo de las previsiones y ha empezado a contraerse a pesar de la subida de tipos. El propio fondo soberano de Noruega ha advertido de que la huida de capital humano y empresarial pone en riesgo la competitividad del país. El castigo fiscal al ahorro y al emprendimiento no llena las arcas: las vacía.
La Curva de Laffer y el IRPF español
El Instituto Juan de Mariana, en su informe sobre la Curva de Laffer aplicada al IRPF en España, demuestra que los actuales tipos marginales están por encima del punto de máxima recaudación. En concreto, calcula que el tipo máximo estatal del IRPF podría reducirse del 47 % actual hasta el 36 % sin que ello implique una caída en los ingresos, gracias al aumento de la base imponible que generaría un entorno fiscal más competitivo. En relación con los tipos del ahorro, también se podría aplicar un recorte hasta el 18,5 por ciento.
A nivel autonómico, el estudio subraya que regiones con tipos más bajos —como Madrid— recaudan más y atraen mayor actividad económica, mientras que comunidades con mayor presión fiscal —como Cataluña o la Comunidad Valenciana— están perdiendo contribuyentes y dinamismo. El informe concluye que existe un amplio margen para bajar impuestos en España sin comprometer la sostenibilidad fiscal, y que el diseño actual del IRPF penaliza el esfuerzo, el ahorro y la inversión de forma ineficiente y contraproducente.

