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Barcelona elimina dos terminales de cruceros en plena ofensiva política contra el turismo

El acuerdo entre el Puerto y el Ayuntamiento prevé reducir la capacidad operativa entre 2026 y 2030.

El acuerdo entre el Puerto y el Ayuntamiento prevé reducir la capacidad operativa entre 2026 y 2030.
Turisme Barcelona

El Puerto de Barcelona y el Ayuntamiento han pactado la reducción de siete a cinco terminales de cruceros con el objetivo declarado de limitar la llegada de pasajeros y reorganizar el flujo turístico. El plan, anunciado este jueves por el alcalde Jaume Collboni y el presidente del Puerto, José Alberto Carbonell, se ejecutará de forma progresiva entre 2026 y 2030.

Esta decisión se produce en un contexto de presión creciente contra la actividad turística, especialmente en la capital catalana, donde las medidas de restricción se multiplican a nivel municipal. Aunque las terminales suponen una infraestructura clave para la llegada de cruceristas —un perfil de visitante con alta capacidad de consumo—, el consistorio ha optado por avanzar en su reducción en lugar de potenciar su rendimiento económico.

Se suprimen tres terminales y se construye una nueva

El acuerdo contempla el derribo de las terminales A, B y C del muelle Adossat, que juntas podían gestionar hasta 12.800 pasajeros de forma simultánea. En su lugar, se construirá una única terminal con capacidad para 7.000 viajeros. Es decir, una reducción del 16% en capacidad de acogida.

Según los responsables, esta medida busca "ordenar" la actividad portuaria y "mitigar" el impacto del turismo masivo, aunque la operación supondrá también una contracción directa de la oferta en uno de los puertos de cruceros más activos del Mediterráneo.

Un acuerdo negociado dentro de la agenda fiscal

Este reajuste en la infraestructura portuaria no ha surgido de forma improvisada. Llevaba más de un año negociándose entre el Ayuntamiento y el Puerto de Barcelona como parte de un protocolo para reducir la presión de los cruceristas sobre el centro urbano. De hecho, el cierre de dos terminales figuraba entre las condiciones pactadas por el gobierno municipal con Barcelona en Comú durante las conversaciones previas a la aprobación de las ordenanzas fiscales de 2025.

Ni Collboni ni Carbonell han querido avanzar cifras sobre el impacto real que tendrá esta reducción sobre el tráfico anual de cruceros, que en 2024 alcanzó los 3,6 millones de pasajeros. A pesar de que el cierre afectará a la capacidad operativa, ambos dirigentes han evitado comprometerse con estimaciones concretas.

Barcelona uno de los principales destinos turísticos urbanos del país, con una economía que depende en gran medida del sector servicios. Sin embargo, en los últimos años ha aumentado la hostilidad institucional y social contra la actividad turística, con restricciones al alquiler vacacional, cierres de comercios enfocados al visitante extranjero y prohibiciones de nuevos hoteles o licencias en zonas céntricas.

La decisión de reducir las terminales coincide con un auge histórico del turismo de cruceros en España, que ha superado ya los niveles prepandemia en número de escalas y pasajeros. La capital catalana, que tradicionalmente lidera este segmento, podría ceder terreno en beneficio de otros puertos del Mediterráneo, más abiertos a acoger la demanda creciente del sector.

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