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Los proyectos de titanio de EEUU, Europa y el Golfo que ofrecen alternativas al dominio ruso del sector

También en Francia y Japón se están impulsando nuevas plantas de titanio.

También en Francia y Japón se están impulsando nuevas plantas de titanio.
Planta de titanio en EEUU. | Pixabay/CC/NOLIFRIT

La industria del titanio está desarrollando varias nuevas y ambiciosas plantas industriales que buscan rediseñar las cadenas de suministro de titanio, un metal estratégico esencial para sectores como la aviación, la defensa, la energía y la industria médica. Esta es la primera alternativa realista tras décadas de dependencia de Rusia, actor clave en el mercado de dicha materia.

Ante las sanciones impuestas al país del Este de Europa, diversos productores occidentales y asiáticos han expandido rápidamente su capacidad para absorber cuota de mercado. EEUU, Baréin y Francia protagonizan los principales desarrollos:

  • ATI Titanium (EEUU) está aumentando su producción en un 80 % gracias a nuevos hornos de haz de electrones y una integración vertical en la producción de titanio fundido, chapas, placas y lingotes.

  • BTI (Baréin) ha comenzado la construcción de una nueva instalación que producirá 4.000 toneladas anuales de titanio comercial puro, con una escala de producción prevista de hasta 10.000 toneladas de aleaciones avanzadas para sistemas aeroespaciales y de defensa.

  • Howmet Aerospace (EEUU) está ampliando su capacidad para desarrollar componentes de titanio reciclado y aleado.
  • TIMET (EEUU) ha incrementado su capacidad de forja y fusión para satisfacer la creciente demanda de titanio diversificado.
  • En Europa, Aubert & Duval (Francia) está reforzando su capacidad de forja: invierte en una renovación importante de su gigantesca prensa de 60.000 toneladas para fabricar grandes piezas usadas en el tren de aterrizaje de aviones de fuselaje ancho.

Por su parte, Japón ha duplicado su producción de esponja de titanio. Incluso Kazajistán, a través de alianzas duraderas con Francia, sigue siendo una fuente clave de materias primas críticas para fortalecer la cadena de suministro de la Unión Europea en este sector tan crítico.

La geopolítica del titanio

Hasta hace poco, el 60 % del titanio usado por Airbus —uno de los mayores fabricantes de aviones de Europa, con una importante presencia en España— provenía de VSMPO, pero esta cifra ha bajado al 20 % y sigue disminuyendo, lo que reduce drásticamente su dependencia del titanio ruso. Safran, Rolls-Royce, Embraer y otros actores clave del sector aeroespacial europeo también obtenían sus suministros del productor ruso VSMPO, estrechamente vinculado al conglomerado militar estatal Rostec, y por tanto, al Kremlin.

A pesar de la guerra en Ucrania, el titanio ha quedado fuera de los paquetes de sanciones por una razón simple: no existen sustitutos inmediatos. Las certificaciones, la pureza metalúrgica y los cuellos de botella en la producción occidental han hecho imposible cortar el suministro ruso sin arriesgar el cierre de fábricas. De hecho, Airbus ha seguido comprando titanio ruso hasta 2024 en virtud de contratos anteriores, y aún hoy España podría estar ensamblando aviones con titanio procedente de Moscú, pese al escaso conocimiento público sobre esta dependencia persistente.

En este contexto, nuevas fuentes diversificadas de titanio y la expansión de instalaciones existentes se están convirtiendo gradualmente en opciones capaces de reemplazar a Rusia como proveedor clave..

¿Por qué esto importa a España?

España no produce titanio, pero es una pieza clave en la cadena de suministro aeroespacial europea, con plantas de Airbus en Getafe, Puerto Real y Sevilla, y empresas como Aernnova, Aciturri e ITP Aero implicadas en programas internacionales. La seguridad en el suministro de titanio tiene un impacto directo en la capacidad de estas compañías para operar, exportar y mantener empleos de calidad.

Además, el precio del titanio ha repuntado en los últimos años ante la incertidumbre sobre las rutas de suministro. Un mayor control ruso, o una posible sanción que llegue tarde, encarecería los costes para industrias que fabrican desde trenes hasta prótesis médicas, turbinas y satélites. Por tanto, diversificar fuentes no es una cuestión lejana: afecta a la competitividad industrial europea y española.

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