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GEORGIA EN EL PUNTO DE MIRA

EEUU y Rusia pugnan por delimitar su influencia en el Cáucaso sur

Rusia y EEUU han cruzado sus espadas para delimitar sus áreas de influencia en el Cáucaso sur, con Georgia como nuevo campo de batalla en esa región clave para el acceso al petróleo del mar Caspio. Esta pugna entre potencias resucita el llamado "Gran Juego" por la supremacía en Asia Central y el norte de Persia de los imperios zarista y británico en el siglo XIX, aunque hoy día lo que Moscú y Washington se disputan es la hegemonía energética en la región y su importancia como trampolín sobre Oriente Medio.

L D (EFE) El principal escenario de esta nueva partida, tras la victoria de EEUU en Afganistán, otro viejo campo de batalla con Rusia, es el corredor formado por Georgia y Azerbaiyán, llave de acceso para Occidente al petróleo y el gas del Caspio.

Azerbaiyán ha logrado mantener un difícil equilibrio entre ambos colosos y nadar a dos aguas entre las petroleras trasnacionales tuteladas por EEUU y la agresiva política energética del presidente ruso, Vladímir Putin.

No ha ocurrido así con Georgia, recién salida de una revolución pacífica que acabó con el derrocamiento del presidente Eduard Shevardnadze, y sumida en la miseria. La "nueva" Georgia del presidente electo Mijaíl Saakashvili, cabecilla de la revuelta, quiere aliviar las diferencias de Moscú y Tiflis en tiempos de Shevardnadze, pero apuesta aparentemente por Occidente y quiere acabar con la presencia militar rusa en su territorio. En declaraciones a Efe, la presidenta en funciones georgiana, Ninó Burdzhanadze, que será sustituida por Saakashvili el 25 de enero, fue clara: "Rusia debe saber en qué estamos dispuestos a aceptar un acuerdo y en qué no".

Se refería a las dos bases que aún mantiene Moscú en Batumi, capital de la región georgiana de Adzharia, y en Ajalkalakí, sur del país. La retirada de las bases fue acordada en la cumbre de la OSCE de Estambul en 1999 y desde entonces las unidades rusas dejaron sus instalaciones en Gudaúta y Vaziani. Sobre Ajalkalakí y Batumi, Moscú argumenta que por falta de recursos necesitaría de 11 a 30 años para evacuarlas, una propuesta rechazada por Georgia, que quiere ver terminado el proceso antes de 2007. EEUU se ofreció este martes a financiar la retirada rusa de las bases, lo que desarmó el argumento ruso y dio una bofetada a la diplomacia del Kremlin, interesada en retrasar la negociación.

La oferta, realizada en Tiflis por Lynn Pascoe, asesor del Departamento de Estado de EEUU, coincidió con la llegada al puerto georgiano de Poti de 77 vehículos blindados como parte de la ayuda de EEUU para mejorar las fuerzas armadas de Georgia. Además, Pascoe ha firmado la entrega a Georgia de diez millones de dólares, de los que tres millones reforzarán el programa de entrenamiento de las tropas georgianas por instructores estadounidenses. La respuesta no se ha hecho esperar: el ministro de Defensa ruso, Serguéi Ivanov, ha dicho que la retirada de las dos bases "no se realizará como se hizo en Alemania", en alusión a la apresurada salida de las tropas soviéticas durante la reunificación germana.

Ivanov dijo que antes será preciso construir nuevas bases para reubicar a las tropas de Ajalkalakí y Batumi, y, antes de nada, habrá que firmar un acuerdo interestatal "que todavía no existe". Según Burdzhanadze, "desde el punto de vista militar Rusia no necesita estas bases", sobre todo teniendo en cuenta que en Batumi sólo hay 3.000 soldados y en Ajalkalakí apenas 1.500. En realidad, añadió, las bases "son necesarias para los objetivos políticos de Rusia", es decir, para evitar que un Cáucaso sur en manos de los amigos de EEUU prive a Moscú de este balcón estratégico sobre Oriente Medio y la cuenca del Caspio.
 
Con una Georgia decantada hacia Occidente y aparentemente deseosa de entrar en la OTAN, este país se convierte en garantía de viabilidad para el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan, que desde 2005 trasegará 50 millones de toneladas de crudo hasta el Mediterráneo Oriental. Moscú rechaza ese oleoducto, pues puede dar al traste con su hasta ahora exitosa estrategia energética en la zona, que le ha llevado a controlar el transporte del crudo de Kazajistán, país ribereño del Caspio con mayores reservas.

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