LD (EFE) Muhyuddin Balouch, asesor del presidente Hamid Karzai para asuntos religiosos, ha recordado que aunque Afganistán es una República Islámica donde el rechazar al Islám es un delito que se castiga con la muerte, el Gobierno no intervendrá en el caso del converso al cristianismo Abdul Rahmán.
"Este caso está ante una corte afgana, que es parte del sistema judicial y que es independiente, así que tendremos que ver qué decide el tribunal. No toleraremos ninguna falta de respeto hacia nuestra religión", apuntó Baluch, quien no obstante admitió que la ley islámica no puede castigar a una persona que sufre "problemas mentales".
El fiscal Zumarai, que actúa como acusación en el juicio con ese único nombre, dijo que "pensamos que Rahman podría no estar mentalmente sano, porque cuando habla no lo hace como una persona normal". Añadió que el acusado "se va a someter próximamente a pruebas médicas y, cuando estemos seguros de su buena salud, entonces podremos hablar de su posible ejecución. Si los médicos declaran que está loco, le dejaremos ir, porque el Islám no puede castigar a una persona loca".
El hermano menor del acusado, que no quiere que se difunda su nombre, apoya la tesis de la enfermedad y ha viajado desde Alemania, donde reside, hasta Afganistán para pedir la amnistía para Rahman, detenido hace cerca de un mes después de que sus padres lo denunciaran a la Policía.
