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Un país en eterna crisis

Sacudido por la violencia y la inestabilidad política, y también las catástrofes naturales, el seísmo del pasado martes deja a Haití en una complicadísima situación y aún más hundido en la miseria. Su PIB se desplomará más de un 15% mientras el 80% vive ya bajo el umbral de la pobreza.

MERCEDES R. MARTÍN
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Considerado el país más pobre de América por los organismos internacionales, la renta per cápita de los haitianos se situaba en 2007 en 650,3 dólares, con un paro estimado en el 33 por ciento y una deuda externa de 1.945,7 millones de dólares. Un 80% de los casi diez millones de habitantes del país caribeño subsistían bajo el umbral de la pobreza. Ahora, tras un terremoto que, según cálculos del propio gobierno, ha podido afectar a un tercio de la población, Haití se sume en un estado de miseria aún mayor que el que existía y se hace más necesaria que nunca la cooperación internacional.

El Banco Mundial ya ha advertido del desplome del PIB en el país debido al seísmo. En 2008, éste cayó un 15 por ciento por los efectos de las cuatro tormentas tropicales que azotaron el país, un porcentaje que supone más de 1.000 de los 7.000 millones del producto interior bruto de Haití. Las pérdidas ahora serán mucho mayores.

La crisis económica –y humanitaria– en que se mantiene Haití se une a la crisis política que sufre desde hace años. Con un sistema que sigue muy lejos de asentarse, la violencia y las revueltas en la zona forzaron la intervención de la ONU con una misión especial y presencia de cascos azules que no han servido, sin embargo, para dar al país la estabilidad que necesita.

Haití fue el primer país americano en lograr la independencia pero en sus años de existencia no ha conseguido asentar su democracia. Dictaduras, intervenciones desde el exterior, golpes de estado, violencia y violación de los derechos humanos han sido la tónica de las últimas décadas y, en especial, de los últimos años.

Tras la dictadura de Jean Claude y François Duvalier, de 1957 a 1986, el país logró la aprobación de una Constitución que ha sido vulnerada sistemáticamente en los siguientes años. La primera crisis se produjo en 1990 con la elección y posterior derrocamiento de Jean-Bertrand Aristide. Tras la intervención de los EEUU volvió al país pero la situación siguió lejos de calmarse: en los años siguientes continuaron los enfrentamientos entre los dos principales partidos del país y la sospecha de fraude en los sucesivos comicios celebrados.

En 2002, una ola de violencia se cobró la vida de al menos cincuenta personas y en 2004, rebeldes tomaron el control del país. La situación no se normalizó hasta dos años después, cuando René Preval fue elegido, mediante elecciones, presidente. Las revueltas, motivadas también por la grave situación económica, han continuado, así como la crisis política, con varios e infructuosos intentos de formar gobierno que no fructificaron hasta 2007. Con estos gravísimos problemas de fondo, el país se enfrenta ahora a una crisis humanitaria con pocos precedentes y para la que carece de recursos para hacerle frente.

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