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¿Trabaja o no trabaja el gobierno?, por CARMELO JORDÁ


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LD (Carmelo Jordá) La laboriosidad del gobierno ha sido el principal punto de polémica de la sesión de control al gobierno de este miércoles. Para unos, el principal partido de la oposición, ésta deja mucho que desear, para otros, especialmente el propio gobierno, su esfuerzo laboral es sin par, inmarcesible, incansable y cuantos "in" se les ocurran.

La sesión de control ha empezado por dos preguntas absolutamente apasionantes formuladas por el nuevo Secretario General de ERC, Joan Ridao, y por la diputada de Coalición Canaria, Ana María Oramas. El primero ha afeado al presidente Zapatero el retraso, de tres días por ahora, en la presentación de las balanzas fiscales, a lo que el jefe del ejecutivo ha pedido un nuevo plazo dadas las "dificultades metodológicas y técnicas " que se han encontrado en su cocción, perdón, quería decir elaboración.

Por su parte, la señora Oramas, siempre tan elegante, ha tenido a bien aburrir soporíferamente a los presentes a propósito de unas concesiones petrolíferas a Repsol en Canarias.

Pero como siempre el enfrentamiento ha tomado altura y cierto encono en las preguntas del líder del PP y su discípula y portavoz (¿o es portavoza? he de preguntar a la pizpireta Bibiana, guapísima y de negro hoy), Soraya Sáenz de Santamaría. Rajoy ha sido el primero en acusar a Zapatero de no hacer nada contra la crisis tras señalar que todas las semanas se ve obligado a preguntarle por la economía - aun a riesgo de ser antipatriota, ha olvidado apuntar-, ya que día tras día las malas noticias se acumulan.

El presidente ha esgrimido como argumentos de su acción en el ramo las "rebajas de impuestos" con los famosos 400 euros; el plan Empleo en marcha para recolocar a los parados de la construcción y el diálogo social con sindicatos y patronal que se iniciará el próximo miércoles con una reunión en Moncloa que Zapatero ha aprovechado para anunciar. Interpelado por los problemas que ha creado la huelga salvaje de los transportistas, Zapatero se ha escudado en la oportuna comparecencia de esta misma mañana de Rubalcaba, él siempre tan oportuno.

Tras este primer "round" se ha pasado al enfrentamiento entre las "lugartenientas" femeninas de ambos líderes, con una Soraya cada día más agresiva a pesar de lo mucho que uno diría que le cuesta mantener ese tono, diríase que más propio de otras épocas populares y que uno no esperaría de la joven diputada (sí, con 37 años todavía se es joven y además ella lo parece aún más).  No obstante, hoy hemos podido comprobar que el centro también puede ser peleón y que las uñas y dientes que prometía hace semanas son casi casi literales.

Todo esto, ante las tiernas miradas y sonrisas del jefe Mariano, al que se le ve observar las evoluciones de su pupila con una ternura que se diría cuasi paternal.

La vicepresidenta, por su parte, mantiene el tono aguerrido y peleón que siempre la ha caracterizado en las sesiones de control, y uno casi diría oyéndola que cuatro leyes (las que ha presentado el ejecutivo desde las elecciones) valen tanto como cuatrocientas. Y aún nos habría convencido de más cosas como, por ejemplo, de que ellos ganaron las elecciones, cosa que repite en todas y cada una de las intervenciones no sé si por la satisfacción que le produce el hecho o porque ella misma todavía no se lo acaba de creer... Todavía nos habría convencido de más cosas, digo, si no hubiera sido porque ha sido brúscamente cortada por el señor Bono que, tras pregonar en sus inicios como presidente del Congreso que no le iba a hacer mucho caso, parece que ha entrado en un intenso idilio con el reloj y se atreve, cosa que he de confesarles que yo jamás haría, a cortar no sólo a De la Vega sino al mismísimo Zapatero.

En esos detalles se notan los políticos de raza, o al menos con esas cosas nos conformamos hoy en día.

Las rondas finales de preguntas, esas que suelen darse ya con la cámara casi vacía y con periodistas y políticos de charleta en los pasillos, se han visto retrasadas este miércoles por la visita del Presidente de México, que ha visitado el Congreso y ha ofrecido un discurso a sus señorías en sesión extraordinaria. Antes, no obstante ha habido tiempo para un intercambio de misiles dialécticos entre el Ministro de Industria y el diputado Arias Cañete, cuando el primero ha afirmado (y sin que le entrase la risa, se lo juro) que "el gobierno no interfiere en los procesos de concentración empresarial como hacían ustedes". El diputado popular, rápido de reflejos ha respondido conciso: "Dígale a su compañero Conthe si interfieren o no".

Justo es decir que cuando el propio Sebastian andaba de OPAs como quien anda de copas no era, estrictu senso, miembro del gobierno; lo que ya no está tan claro es que lo hiciera sólo y no en compañía de otros, por recordar la célebre frase.

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