Tanto George Bush como Al Gore prometen que, si ganan las elecciones, introducirán cambios fiscales, educativos, sanitarios y políticos pero, donde ambos aseguran que todo seguirá igual, es en las relaciones con Cuba. Ni los más acérrimos enemigos del embargo creen que acabe pronto, a pesar de las propuestas de ley que están sobre la mesa estos días en el Congreso, como parte del presupuesto para el año fiscal 2001, que empieza el 1 de octubre.
Muchos lamentan el elemento de política interna que tienen las sanciones contra Cuba, por las presiones de una parte del exilio cubano, pero ni el propio presidente Clinton, que ya no puede presentarse a la reelección, quiere provocar la más mínima sospecha de simpatías fidelistas. Hasta el punto de que la Casa Blanca trató de ocultar que el presidente le había dado la mano a Fidel cuando lo tuvo delante en una recepción de la ONU en Nueva York.
Si alguien ve en el fugaz saludo una señal, la impresión puede quedar borrada por la doble negativa de visado a Ricardo Alarcón, el presidente de la Asamblea General Cubana quien, despues de no recibir visado para asistir a una reunión parlamentaria internacional en Nueva York, también tiene que renunciar al viaje que esperaba hacer a Washington despues de la cumbre del milenio.
Como el ex secretario de Estado George Shultz y otros políticos retirados, Clinton quizá cambie de actitud más adelante… a no ser que se supedite al futuro político de Hillary.

Todo seguirá igual con Cuba
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