A falta de una victoria clara en los tres debates presidenciales, los dos aspirantes a la Casa Blanca dedican los 19 días a una intensa campaña publicitaria para demoler las propuestas de su rival.
Los gastos publicitarios son una excelente indicación de la preocupación de los candidatos, pues gastan precisamente allí donde hay riesgo de perder. En el caso de Bush es evidente su preocupación por la Florida, un estado que necesariamente ha de ganar. Gore tiene prácticamente garantizados California y Nueva York, los estados con mayor número de votos. Ante el riesgo de perder la Florida, Bush aumentó considerablemente allí sus gastos publicitarios.
Ahora es Gore quien revela su temor de perder estados medios que generalmente van al campo demócrata, como Washington, Oregón o Michigan y cuyos teleespectadores se ven literalmente bombardeados por los anuncios demócratas. En realidad, la campaña publicitaria de los dos candidatos es muy intensa, pero Bush tiene la ventaja de tener en sus arcas el doble de dinero que Gore, quien podría enfrentarse a un nuevo problema si la recuperación de Bush en California continúa. Si Gore ha de luchar nuevamente en el mercado publicitario más caro del país podría encontrarse en una situación semejante a la de Bob Dole hace 4 años, cuando se le acabó el dinero para responder a Bill Clinton en la última fase de la campaña electoral.
Una cosa es segura, a Bush le es casi imposible ganar sin la Florida, pero a Gore se le cierra totalmente el camino si pierde California.

Un maratón publicitario
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